▲ Fotograma de la cinta de terror y suspenso Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, donde participan las actrices Hannah Einbinder y Gillian Andereson
U
no de los acontecimientos más trascendentes del cine de los años 80 fue la proliferación de un subgénero que se abría paso entre charcos y borbotones de sangre, mutilaciones, despellejamientos y tripas al descubierto: el cine de horror gore y/o su versión splatter. Las series Halloween, Viernes 13 y Pesadilla en la calle del infierno –las más prolíficas y afamadas–, no sólo integraron en su momento un curioso triunvirato de hemoglobina, masacre y secuelas, sino que dieron vida a tres sanguinarios “nuevos monstruos” homicidas que parecían moverse entre el realismo y lo sobrenatural; El Coco Michael Myers, Jason Voorhees el destripador con careta de hockey y Freddy Krueger que surgía de los sueños, respectivamente.
Por supuesto, el nuevo cine de horror, aquel que ya anticipaba la torcida relación entre sexualidad y sangre así como la figura del asesino sicópata y serial killer como antihéroe de una incipiente cultura criminal surgió cuando el personaje de Norman Bates interrumpió la ducha de la actriz Janet Leigh asestándole decenas de cuchilladas en la antológica cinta de Alfred Hitchcock: Psicosis (1960). Había nacido el psyc absoluto de ho killer que no tardaría en cubrirse de gloria y de todo tipo de viscosidades sanguinolentas con el advenimiento de esos subgéneros emergentes: el gore y el splatter, que gravitan de manera inquietante y autoreferencial en un atípico e inclasificable relato de una cineasta igualmente insólita representante del más nuevo cine independiente estadunidense denominada no binaria.
Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma ( Teenage Sex and Death at Camp Miasma, Estados Unidos, 2026) es la confirmación absoluta de una realizadora como Jane Schoenbrun cuya obra se entreteje con las temáticas adolescentes (acoso, bulling, nihilismo) y el cine de horror físico y sicológico como alegoría del descubrimiento del cuerpo y el placer femenino más allá de los cartabones de la heteronorma, para la generación elle, como lo muestran sus trabajos previos: Todos vamos a la feria del mundo (2021) y Vi el brillo del televisor (2024) obras imperfectas quizá pero en suma intrigantes y únicas.
Kris (notable Hannah Einbinder), cineasta intelectual queer en una relación poliamorosa (“Ah, ser infiel”) digna representante de la generación woke y la corrección política de hoy, es elegida para dirigir un reboot de una sangrienta franquicia slasher ochentera conocida como Campamento Miasma (una mezcla de la saga Viernes 13, Halloween y Campamento del terror (1983) de Robert Hiltzik) hoy considerada transfóbica, misógina y machista. Kris decide contactar a la actriz ya retirada (espléndida Gillian Anderson) que interpretó a la “última chica” del filme original para asumir el rol principal en su nueva película y la localiza viviendo de manera solitaria en el “Campamento Tivoli” donde se filmara Campamento Miasma.
El asesino sanguinario que utiliza una lanza (instrumento fálico) para cometer toda clase de repulsivos homicidios contra adolescentes emerge de lo más profundo de un lago y que oculta su rostro bajo un conducto de ventilación, es conocido como Little Death (muerte chiquita que a su vez significa orgasmo): la rencarnación de un jovencito trans asesinado que clama venganza. En los años noventa, Wes Craven encontró una nueva forma de estimular un género ya agotado con Scream / Grita antes de morir (1996) como metáfora de la sexualidad adolescente.
Más tarde, lejos ya de las fórmulas perversamente autoparódicas del modelo de terror hollywoodense de los años ochenta y noventa, el nuevo y globalizado cine de horror, estuvo marcado por delirios brutales donde las fantasías sexuales y la crisis de pareja se trastocaban en baños de sangre y mutilaciones como ocurrió en El despertar del miedo ( Haute Tensión, 2003) de Alexandre Ajá, para hablar del erotismo desde el punto de vista femenino.
Finalmente Jane Schoenbrun da un paso adelante para mostrar el placer del orgasmo queer como metáfora del homicidio violento en el cine a través de un catártico viaje metafílmico que va de un trauma compartido (iniciación sexual dolorosa y repulsiva) a una liberación y despertar sexual de las protagonistas más allá de las imposiciones patriarcales de la sociedad. Ello, con un final gore alucinatorio: ser uno mismo en un cuerpo propio: “sólo cuerpo y fluidos”. Notable.
Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma se exhibe en Cineteca Las Artes, Cinépolis y Cinemex.
