En el extremo norte de la comarca catalana de Osona, limitando con el Ripollès y la Garrotxa, los amantes de la naturaleza pueden dar con el idílico municipio de Vidrà, rincón caracterizado por sus verdes prados y que custodia uno de los senderos más bellos de la geografía de la zona. A través de una excursión circular, idónea para realizar en familia, el caminante puede sumergirse en un paraje único donde la historia, el rumor fluvial y la majestuosidad forestal se entrelazan de forma perfecta. Además y como colofón la ruta invita a descubrir el Salt del Molí, una asombrosa cascada de 20 metros de caída alimentada por el río Ges. Este hermoso paraje de montaña ofrece un deleite inigualable para grandes y pequeños.
La andadura da comienzo oficialmente en los alrededores del pabellón de Vidrà, concretamente en la pista que desciende junto a la carretera de Ciuret. Desde el primer instante, el sendero sumerge al caminante en una atmósfera rural auténtica, donde la ganadería tradicional marca el ritmo diario. El trayecto se inicia flanqueado por campos de pasto donde habitan tranquilas vacas que observan con curiosidad a los visitantes que se aventuran en su entorno. El pastoreo es una seña de identidad en Osona, por lo que el contacto cercano con los animales resulta un aliciente. Es común observar terneros pastando plácidamente en las praderas junto a sus madres, lo que regala una estampa típicamente rural.
El descenso continúa por una pista amplia y cómoda que conduce hacia la estación depuradora local, una instalación fácilmente reconocible por su llamativa puerta azul que queda a la derecha del sendero. Aquí los campos de cultivo y las granjas bovinas siguen cobrando un gran protagonismo, permitiendo observar de cerca a las vacas adultas y a los terneros que se alimentan plácidamente. Tras rebasar la depuradora, la cómoda pista finaliza y da paso a un sendero forestal más estrecho que comienza a descender entre la sombra proyectada por los árboles. La vegetación se vuelve más tupida, creando un microclima húmedo y sumamente fresco.
A medida que se avanza en dirección al cauce fluvial, los excursionistas se encuentran con una torre de alta tensión que regala de manera directa amplias vistas de los valles de Vidrà. Inmediatamente después, el camino baja de forma decidida haciendo zig-zag por un sendero frondoso, donde la sombra mitiga el calor. El rumor del agua empieza a percibirse con intensidad en el aire, guiando los pasos hacia el cauce del río Ges. Este afluente del Ter acompaña el tramo más húmedo de la travesía, donde las hayas de la comarca tapizan con maestría las orillas de la corriente. El sendero serpentea de manera armoniosa bajo el frondoso dosel verde, deleitando a los que aprecian el entorno.
Uno de los hitos más bellos de este itinerario es el Pont de Salgueda, un hermoso puente de piedra cuya estructura evoca los antiguos pasos de la zona. Aunque popularmente se le ha catalogado como románico, una fecha grabada en su propia piedra revela que su construcción data realmente de 1846, sirviendo como testimonio histórico de la ingeniería vial decimonónica. Cruzar esta pasarela sobre el río Ges es una gran experiencia que invita a detenerse y contemplar los reflejos de los árboles en las pozas de agua del paraje. Los viajeros suelen aprovechar este enclave para capturar hermosas fotografías y sentir la profunda conexión entre la obra humana y el medio.
Siguiendo el murmullo fluvial, el camino sitúa al caminante frente a las evocadoras ruinas del Molí vell y del Molí nou de Salgueda, antiguos molinos de harina que hoy se encuentran devorados por la vegetación. Estas viejas construcciones, camufladas bajo mantos de hiedra y musgo, pueden pasar inadvertidas si se va despistado, pero narran el pasado de la zona. Muy cerca, la senda desemboca en la gran atracción de la ruta, el majestuoso Salt del Molí, una cascada espectacular de 20 metros de caída que choca contra las rocas y se vierte en una poza. La gran fuerza del torrente crea una fina bruma húmeda que refresca y envuelve de manera constante este rincón mágico de la comarca.
Maquinaria harinera
El nombre de este bello rincón natural proviene directamente de la presencia del molino, cuyas ruinas descansan a pocos metros de la base de la cascada. El agua del río Ges sirvió durante siglos para hacer funcionar la maquinaria harinera, aprovechando la fuerza hidráulica de la gravedad en este relieve. El paraje que rodea el salto es de una gran belleza, especialmente en épocas con el caudal del río incrementado. En otoño también ofrece un festival cromático único gracias al cambio de hoja de los hermosos hayedos locales. Las hojas secas alfombran el suelo, dotando al entorno de gran calidez.
Para culminar la travesía circular y regresar a Vidrà, el senderista dispone de un camino que asciende por las laderas boscosas del río. Tras cruzar la corriente ayudándose de unos robustos pilones de cemento, se sube por un sendero sombreado y cubierto de raíces que conecta con los campos superiores del pueblo. Allí, el paisaje se abre para mostrar vacas, caballos y burros pastando libremente, antes de llegar al pabellón municipal donde hay un parque infantil y mesas de pícnic. En definitiva, esta sencilla ruta de cuatro kilómetros se consolida como un gran testimonio del inigualable patrimonio natural que atesoran las tierras de Osona.
