Filme expone la paradoja de pescadores que ya no pueden ir al mar ni vivir sin él
▲ Fotogramas del cortometraje Ocaso, proyecto seleccionado por el Imcine en su octava convocatoria del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes.
Merry Macmasters
Periódico La Jornada
Lunes 24 de agosto de 2026, p. 6
La vejez y la vida de los adultos mayores, muchos de ellos aún dedicados a la pesca cada vez más escasa, es una realidad latente en Pedasí, pequeño poblado costero de Panamá localizado sobre el oceáno Pacífico. Baldomero, pescador de 75 años, que pasa por un mal momento económico, es el protagonista de Ocaso, cortometraje de ficción del realizador panameño Radamés Randy Navarro (Penonomé, 1983).
Este drama social, que se encuentra en etapa de posproducción, fue uno de los 19 proyectos seleccionados de la octava convocatoria del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (ECAMC), organizada por el Instituto Mexicano del Cine.
Navarro y su familia se fueron a vivir a Pedasí, provincia de Los Santos, en 2020, lo que le permitió conocer de primera mano la situación de las personas mayores en este poblado de alrededor de 5 mil habitantes. Al vivir cerca del mar, el cineasta pudo observar la vida de los pescadores “artesanales” que durante décadas sostuvieron a sus familias gracias a la pesca, pero que actualmente enfrentan una realidad distinta. La pesca ya no ofrece las mismas oportunidades y muchos han tenido que buscar otras formas de ganarse la vida.
Lo que más le llamó la atención fue encontrar pescadores mayores que ya no pueden salir al mar, pero tampoco pueden vivir sin él. Permanecen cerca de la playa y de sus botes porque ese lugar ha sido el centro de su vida. Al mismo tiempo, vio cómo muchos jóvenes dejan los pueblos para buscar trabajo en la ciudad, mientras sus padres permanecen allí. Éste es el caso de Tina, de 35 años, hija de Baldomero, que debe partir a la ciudad de Panamá por una oportunidad laboral, pero antes quiere convencer a su padre de dejar el mar.
Aparte de abordar el tema de la migración de la juventud en busca de trabajo, el filme de 19:58 minutos de duración trae a colación verdades como cuando la persona envejezca “se hace más peligrosa la labor de la pesca porque hay que ir más lejos debido a la escasez de peces y para que el viaje sea rentable”. En Pedasí los dueños de las pescaderías son los que pagan los gastos del viaje –carnada, gasolina, aceite para el motor–, por lo que el producto les pertenece casi totalmente y para mantener el negocio tienen que ir cada vez más lejos a fin de garantizar una buena faena, algo que también involucra más tiempo, señala Navarro.
De allí que los jóvenes y algunos otros pescadores prefieren transportar turistas a la cercana isla Iguana o salir cuando es temporada de avistamiento de ballenas. “Hacer estos viajes tres o cuatro días a la semana les reditúa mejor que pescar”, anota el entrevistado.
Éste es el segundo cortometraje que Navarro realiza en Pedasí. El primero fue Aurora (2023), cuyo personaje principal del mismo nombre “interrumpe sus labores domésticas por un presentimiento. Mientras espera a sus familiares, siente que algo está pasando a su alrededor y explora en su entorno buscando respuestas”. Los guiones de ambos cortometrajes son de Dionisio Guerra, quien, además, es autor del cuento Aurora en que se basa el filme.
En ambas cintas se trabajó con personas del pueblo como actores. Baldomero es interpretado por Emigdio Herrera, que fue panadero y de joven realizó teatro comunitario.
Preocupación por la vejez
La preocupación de Navarro como director por el tema de la vejez tiene mucho que ver con “mi abuela materna, quien me crio”. También se ha acercado a grupos de la tercera edad, mujeres que han sido cuidadoras, y los espacios que puedan tener para hacer teatro, llevar a cabo un círculo de lectura o realizar bailes folclóricos, “actividades que las mantienen vivas como ellas mismas dicen”. Encima de todo está la inquietud de Navarro y su esposa respecto al envejecimiento de sus padres y “cómo vamos a enfrentar ese momento”.
Tener a la vida rural como escenario obedece a que “nací en un pueblo un poco más grande que Pedasí, aunque muy parecido. Me siento muy familiarizado con este tipo de vida. Para mí hay muchas historias que contar desde acá, quizá de una manera que muy pocos lo han hecho, por lo menos en el cine panameño”.
Navarro tiene formación de diseñador gráfico, luego cursó una maestrái en marketing y publicidad. “Me dediqué al diseño gráfico, después me pasé a la fotografía, luego empecé a hacer documentales. Siempre he tenido ganas de contar. No soy muy elocuente, más bien soy tímido, entonces me cuesta mucho expresarme hablando. Siempre se me ha hecho más fácil hacerlo con imágenes, ya sea dibujando o ahora con el cine. En eso encontré algo que combinaba cosas que ya venía trabajando en el diseño y la fotografía. Cuando supe que el cine era una herramienta que me podía ayudar a contar cosas que sentía o me inquietaban, hice clic”.
De acuerdo con el cineasta, para los adultos mayores existe “poco apoyo. Como en las áreas rurales no hay gran promoción de actividades para este sector de la población ya sea artísticas, educativas o de entretenimiento, la única opción es quedarse en casa. Por eso Baldonero no quiere dejar el mar, pues representa quién es”.
