Son un conjunto de formaciones geológicas de color rojizo ubicadas en la comarca de la Hoya de Huesca, en el Prepirineo aragonés. Estas impresionantes moles rocosas de conglomerados calizos, denominadas los Mallos de Riglos, se alzan a orillas del río Gállego y junto al casco urbano de la localidad homónima, creando una panorámica de una gran espectacularidad. De hecho, en 2016, esta maravilla natural fue declarada Monumento Natural por su elevado interés natural y paisajístico. El territorio abarca casi 200 hectáreas de un relieve irregular y fascinante que hipnotiza a los visitantes y viajeros que lo descubren.
El origen geológico de estas extraordinarias moles rocosas se remonta a la orogenia alpina, un proceso de levantamiento tectónico que comenzó hace unos 65 millones de años cuando se formaron los Pirineos. En aquel periodo, los detritos procedentes de torrentes y morrenas de glaciares prepirenaicos se acumularon hacia la cuenca del río Ebro. Estos materiales sedimentarios formaron un macizo de arcillas, arenas y cantos rodados que posteriormente se consolidó en conglomerados calizos de gran consistencia. Con el paso de los milenios, la incesante erosión provocada por el agua de la lluvia y el viento fue limando las aristas del macizo rocoso hasta esculpir sus características y singulares cimas de aspecto redondeado.
Las espectaculares paredes verticales de los Mallos de Riglos llegan a alcanzar volúmenes impresionantes que rozan los 300 metros de altura. Para distinguir cada una de estas gigantescas moles pétreas de color rojizo, los montañeros y lugareños las han bautizado individualmente con pintorescos nombres que aluden a sus singulares y llamativas formas. Entre los más célebres y de mayor envergadura destacan el Mallo Pisón, considerado el más grande de todo el conjunto, y el imponente Mallo Firé. Asimismo, resultan sumamente admirables otras formaciones de gran tamaño como el Visera, el Puro, el Cuchillo, el Agua, el Frechín, el Colorado o la Magdalena.
Esta impresionante muralla de conglomerado calizo se ha consolidado como un auténtico paraíso de referencia para los entusiastas de la escalada y del montañismo de todo el mundo. Las múltiples paredes verticales y desplomadas de los mallos ofrecen desafíos de extrema dificultad técnica que atraen cada año a profesionales experimentados decididos a desafiar el vacío. En total, se han marcado unas 200 vías de escalada en Riglos, siendo la compleja pared de la Visera una de las más deseadas por su verticalidad extrema. De hecho, la dificultad de este paraje es tal que el Puro fue el último mallo importante en coronarse en 1953, convirtiéndose en un hito histórico de esta disciplina.
Uno de los mejores momentos de la visita a este monumento oscense ocurre durante los espectaculares atardeceres de los Pirineos. Debido a los abundantes materiales ferruginosos y arcillas que componen la estructura de la roca, los gigantescos muros de piedra se tiñen gradualmente de un encendido color rojizo que resulta verdaderamente espectacular. Las panorámicas de los mallos alzándose sobre el casco urbano son visibles desde varios miradores del Prepirineo de Huesca. Las mejores fotografías se capturan al atardecer desde el vecino pueblo de Murillo de Gállego, situado a quince minutos en coche, o bien contemplando la amplia estampa panorámica que ofrece el famoso y elevado Mirador de los Buitres.
La inmensa riqueza natural de los Mallos de Riglos no se limita a su geología, sino que también radica en la extraordinaria diversidad de aves rapaces protegidas que habitan este espacio. Las múltiples grietas, oquedades y cortados de las paredes de piedra sirven como un santuario perfecto de nidificación para una gran cantidad de especies de aves. Entre las poblaciones avícolas que sobrevuelan estas cimas destaca el majestuoso buitre leonado, que cuenta aquí con una de las colonias de cría más numerosas y estables de toda Europa. Asimismo, habitan otras rapaces de gran valor ecológico, como el quebrantahuesos, especie en vías de extinción, el alimoche, el halcón peregrino y el treparriscos.
Aves en tiempo real
Para aquellos visitantes que deseen explorar este fascinante relieve, el senderismo se presenta como la opción idónea para recorrer el monumento a pie. El itinerario más célebre, popular y seguido es la ruta circular conocida como el Camino del Cielo, un sendero señalizado que rodea por completo las impresionantes moles de piedra de los mallos. Esta senda, de 5,5 kilómetros, parte del casco urbano del pueblo y concluye de manera circular en el mismo punto. El recorrido total suele completarse en unas dos horas y media a través de pendientes pronunciadas, y permite admirar de cerca mallos legendarios.
La magnífica experiencia turística y ambiental se enriquece gracias a la visita obligada al centro de interpretación de aves carroñeras ARCAZ, ubicado en el pueblo de Riglos. Este espacio didáctico cuenta con videocámaras en las buitreras de los mallos, lo que permite observar la actividad en tiempo real de estas aves. Por último, para garantizar una correcta visita a este Monumento Natural, resulta imprescindible recordar una serie de valiosas recomendaciones de seguridad y de respeto al medio ambiente. Se aconseja llevar calzado adecuado, abundante agua para hidratarse y evitar caminar bajo la base de las paredes por el riesgo de desprendimiento provocado de forma accidental por los escaladores de la zona.
