La guerra de Irán dificulta el trabajo a los agricultores de Europa, Bruselas alerta que el conflicto en el estrecho de Ormuz ha encarecido un 40% los fertilizantes, lo que repercute directamente en los cultivos y, por extensión, a los alimentos que llegan a los supermercados. Aprovechar al máximo estos componentes para seguir consiguiendo buenas cosechas es clave.
La comunidad agrícola abrazó hace tiempo la ayuda que la tecnología y la monitorización de plantas y suelo les ofrece. Diferentes sistemas y dispositivos permiten identificar problemas como malas hierbas y alertar de la necesidad de herbicidas solo cuando realmente es necesario. Pero la tecnología se ha encontrado hasta ahora con la dificultad de detectar cuando el cultivo demanda fertilizantes.
La Comisión Europea ha avisado este martes de que el precio de los fertilizantes se ha disparado un 40% desde el estallido de la guerra de Irán (se sitúa ya un 70% por encima de la media de 2024), mientras que la producción comunitaria se ha desplomado un 15%. A su vez, la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha advertido que el precio de la urea, un fertilizante nitrogenado de uso generalizado, había aumentado un 52% en Estados Unidos y un 60% en Brasil a mediados de abril.
Una agricultura más precisa puede suponer una gran diferencia a la hora de ahorrar en el uso de estos materiales ahora que escasean y su precio incrementa. Para ello se requiere un análisis del suelo más completo y rápido. La empresa John Deere propone máquinas como ExactShot que fertilizan las semillas a la vez que realizan la siembra con precisión y eficiencia. El sistema puede reducir el uso de fertilizante de arranque en más del 60%.
Una vez plantada y crecida, saber cuándo falta fertilizante es más complicado. El amarilleamiento de las hojas o la reducción de la clorofila pueden indicar una deficiencia de nutrientes, pero también pueden ser señal de estrés hídrico, enfermedades o daños causados por insectos.
Buscando nitrógeno
La alternativa parece estar en el estudio del suelo y la cantidad de nitrógeno del que dispone la planta. El nitrógeno, nutriente clave en muchos fertilizantes, es invisible, altamente móvil en el suelo y puede ser arrastrado por el agua hasta debajo de la zona radicular antes de que los cultivos lo absorban. De esta forma, es complicado saber con precisión cuando la planta no cuenta con nitrógeno suficiente.
Diferentes empresas están desarrollando equipos para medir la concentración de nitratos del suelo en el momento. Desde Potsdam, Alemania, llega la propuesta de la empresa de tecnología agrícola Stenon. FarmLab es un dispositivo móvil de análisis de suelo diseñado para proporcionar a los agricultores mediciones en tiempo real directamente en el campo.

Fabricación de FarmLab
Un dispositivo para el análisis del suelo que se asemeja a una pala eléctrica. FarmLab utiliza espectroscopia óptica, sensores de impedancia eléctrica y aprendizaje automático para generar mapas de nutrientes del suelo para una fertilización de precisión. Ya se ha puesto a prueba en Grecia, Brasil y Estados Unidos.
Esta idea surgió de una normativa europea: la Directiva sobre Nitratos, una ley destinada a proteger las aguas subterráneas y superficiales de la contaminación agrícola por nitratos.
Menos de la mitad del fertilizante nitrogenado que se aplica a los campos de cultivo es realmente utilizado por los cultivos; el resto se lixivia del suelo en forma de nitrato, que contamina las aguas superficiales y subterráneas, o se volatiliza del suelo, lo que contribuye a la contaminación del aire y al calentamiento global.
Por lo tanto, el problema de aplicar debidamente los fertilizantes ya no está solo en la escasez ocasionada por el conflicto internacional, también es una necesidad ambiental.
Así es FarmLab
Hasta ahora los agricultores han dependido de analíticas de laboratorio que como los análisis de sangre médicos, pueden tardar semanas. FarmLab está diseñado para reemplazar estas complejas pruebas de laboratorio con datos de campo más rápidos y completos.
La sonda portátil se introduce en el suelo y combina tecnología de espectroscopia óptica, que registra cómo el suelo absorbe y refleja la luz, con mediciones eléctricas basadas en la impedancia, que envían una pequeña señal eléctrica a través del suelo para capturar propiedades afectadas por la humedad, las sales y los iones de nutrientes.
A su vez, el equipo cuenta con sensores ambientales que registran la temperatura y la humedad, y también con una etiqueta GPS que asocia cada lectura con una ubicación. Todos estos datos después deben ser analizados.

Mapa de cultivo realizado por FarmLab
La empresa Stenon recurre a la computación en la nube y el aprendizaje automático, dicho de otro modo, inteligencia artificial, para transformar las señales brutas en información útil del suelo. El objetivo es inferir parámetros clave del suelo, como nitratos, nitrógeno mineral, humedad y otros indicadores que pueden orientar las decisiones sobre la fertilización.
En una finca de 100 hectáreas, un agrónomo podría tomar una lectura cada dos hectáreas y luego usar el software para convertir esas mediciones con GPS en mapas de nutrientes y dosis de fertilizante que se pueden enviar a la maquinaria agrícola o a las plataformas de gestión.
Proyectos como este se suman a toda la tecnología que ya coexiste con cultivos y ganadería para convertir el campo en una industria más eficiente y capaz de sobrevivir en un mundo en constante tensión o que demanda un mayor cuidado con el medioambiente.
