La ciberseguridad ya no es solo una cuestión de grandes compañías. Cada vez más pymes, comercios, despachos profesionales y autónomos dependen de herramientas digitales para facturar, vender, comunicarse con clientes, gestionar pagos, almacenar documentación o trabajar en la nube. Por eso, cuando se produce un incidente —un ransomware, un robo de credenciales, una caída de sistemas o una pérdida de datos— el problema no es únicamente técnico: puede paralizar por completo el negocio.
En este contexto, un nuevo estudio de ManageEngine, división de Zoho Corporation, pone sobre la mesa un dato especialmente relevante para el tejido empresarial español: casi 7 de cada 10 empresas en España carecen de una metodología formal para medir su ciberresiliencia operativa. Es decir, no cuentan con un marco claro para saber hasta qué punto están preparadas para anticiparse, resistir, responder y recuperarse ante un incidente de ciberseguridad.
El informe, titulado Resiliencia Operativa en 2026, se ha elaborado a partir de encuestas a 1.500 responsables de TI y negocio en Europa, 300 de ellos en España, e incluye organizaciones de todos los tamaños, desde pequeñas empresas de menos de 50 empleados hasta medianas y grandes compañías.
Aunque el estudio señala que España es el país con menor porcentaje de ciberincidentes registrados en los últimos 12 meses entre los cinco mercados europeos analizados, el dato puede resultar engañoso. El 47% de las organizaciones españolas afirma haber sufrido un ciberincidente en el último año, frente al 66% de media europea. Sin embargo, tener menos incidentes declarados no significa necesariamente estar mejor protegido. De hecho, el informe advierte de que España presenta niveles más bajos de madurez en planificación, recuperación y mejora tras un ataque.
Consecuencias de no tener una estrategia de ciberseguridad
Para una pyme o un autónomo, esta falta de preparación puede tener consecuencias muy concretas. No disponer de una estrategia clara puede traducirse en no saber cuánto tiempo se tardaría en recuperar la actividad, qué datos podrían perderse, quién debe actuar ante una brecha de seguridad o qué sistemas son realmente críticos para seguir funcionando.
Uno de los datos más preocupantes es que solo el 35% de las organizaciones españolas cuenta con una metodología formal para evaluar su nivel general de ciberresiliencia, frente al 56% de media en los países analizados. En la práctica, esto significa que muchas empresas no miden de forma estructurada su capacidad para resistir un incidente ni tienen indicadores claros para mejorar.
“El dato más relevante no es solo cuántas empresas han sufrido un ciberincidente, sino cuántas están realmente preparadas para responder, aprender y reforzar sus operaciones”, explica Andrés Mendoza, director técnico para el sur de Europa y Latinoamérica de ManageEngine. A su juicio, las organizaciones necesitan “visibilidad, métricas y procedimientos claros antes, durante y después de un incidente”.
El problema no termina ahí. Según el estudio, casi la mitad de las empresas españolas, el 49%, se limita a realizar mejoras puntuales después de sufrir un ciberincidente, centradas en tapar la brecha detectada. Solo el 30% aplica cambios más amplios en su estrategia a largo plazo. Esta reacción a corto plazo puede ser especialmente habitual en las pymes, donde muchas decisiones de seguridad se toman cuando el problema ya ha ocurrido.
Otro aspecto clave es el tiempo de respuesta. El 25% de las empresas españolas no tiene objetivos temporales definidos para detectar y responder ante incidentes críticos. Para cualquier pequeño negocio, este punto es esencial: no es lo mismo recuperar el acceso al sistema de facturación en una hora que en tres días; ni restaurar una copia de seguridad reciente que descubrir que el último backup útil es de hace semanas.
También preocupa que el 17% de las organizaciones españolas carezca de una estrategia de backup para recuperación ante desastres, el porcentaje más alto entre los cinco países analizados. Para pymes y autónomos, una copia de seguridad bien planteada puede ser la diferencia entre superar un ataque con daños limitados o perder información fiscal, datos de clientes, presupuestos, proyectos o documentación comercial.
El estudio apunta además a un cambio de escenario: las organizaciones españolas prevén que los ataques impulsados por inteligencia artificial representen el mayor riesgo en los próximos 12 meses. Esto incluye amenazas más automatizadas, correos fraudulentos más convincentes, suplantaciones más sofisticadas y ataques capaces de explotar errores humanos o configuraciones débiles con mayor rapidez.
Para las pymes, la conclusión es clara: la ciberresiliencia no debe entenderse como una gran inversión reservada a corporaciones, sino como una forma práctica de proteger la continuidad del negocio. No se trata solo de instalar un antivirus, sino de hacerse preguntas básicas: qué sistemas son imprescindibles, qué datos no se pueden perder, cada cuánto se hacen copias de seguridad, quién puede acceder a qué información, cómo se detectan comportamientos sospechosos y qué pasos se seguirían si mañana se produjera un incidente.
Como resume Mendoza, la ciberresiliencia exige pasar de una visión reactiva de la seguridad a un enfoque “continuo, medible y colaborativo”, en el que tecnología, procesos y responsabilidad ejecutiva funcionen de forma coordinada.
En un momento en el que la digitalización avanza en todas las áreas del negocio —facturación electrónica, comercio online, gestión documental, teletrabajo, pagos digitales o servicios cloud—, las pymes y los autónomos no pueden permitirse improvisar. Medir la ciberresiliencia, definir procedimientos y contar con copias de seguridad fiables ya no es una opción avanzada: empieza a ser una condición básica para seguir operando con garantías.
