Cuando miles de conductores se lanzan a la carretera en la operación salida de las vacaciones de verano, hay un factor que aumenta el atractivo del coche eléctrico más allá de las emisiones: se convierte en una hucha imbatible para ahorrar en cada kilómetro. Con los carburantes en los precios máximos de los últimos meses y un depósito de gasolina rozando ya los 90 euros, el coste por kilómetro se ha convertido en uno de los argumentos más sólidos para quienes se plantean cambiar a un vehículo eléctrico, aunque tendrán que afrontar un sobrecoste en la compra de un turismo propulsado por baterías.
La diferencia en el coste por kilómetro es especialmente evidente cuando el coche eléctrico puede recargarse en casa: llenar la batería puede costar cinco euros o menos con una tarifa valle para recorrer entre 300 y 400 kilómetros frente a los 90 euros de media que costaría hacerlo con un vehículo de combustión, con lo cual el ahorro supera el 90%.
