El mercado de Internet en España acaba de entrar en una nueva era, en la que las operadoras podrán cobrar de más para ofrecer un mejor servicio; una práctica que trae su polémica además de ventajas para el usuario.
En concreto, estas nuevas ofertas están dirigidas a usuarios presentes en grandes aglomeraciones de personas en lugares como conciertos o estadios de fútbol, todas conectadas a la vez viendo vídeos o retransmitiendo en directo a través de plataformas como Twitch o TikTok.
Cualquiera que haya estado en una de esas situaciones sabrá que la calidad de la conexión baja mucho, hasta el punto de que es difícil navegar o compartir fotografías en redes sociales. Ahora, nuevas tecnologías como Fast Pass o Fast Track pretenden solucionarlo, por un módico precio.
Por una parte, hoy Telefónica pondrá en marcha Movistar Fast Pass, su nuevo servicio opcional que permite a los usuarios pagar un extra temporal para obtener prioridad de datos en situaciones de alta demanda.
Una vez contratado, durante 24 horas nuestras conexiones móviles de Internet tendrán prioridad sobre la de otros usuarios en la misma zona, lo que se traduce en una navegación más estable y menos errores de conexión al hacer videollamadas o pagos móviles, por ejemplo.
Fast Pass tiene un precio de 3 euros y dura 24 horas. También tiene una versión de 7 días que cuesta 7 euros, y un bono de 30 días que cuesta 10 euros. Para activarlo, debemos enviar un SMS con la palabra Pase24h Pase7 o Pase30 respectivamente, al número 223531. Recibiremos la confirmación por SMS y el servicio se desactivará tras el periodo seleccionado y no se renovará automáticamente.
Movistar estrenará este servicio durante el concierto de Bad Bunny de hoy en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid, porque es el sitio ideal para demostrar el potencial de esta tecnología: no en vano, se espera una asistencia cercana a las 60.000 personas, y la mayoría estará conectada a Internet de una manera o de otra.
Fast Pass funciona de manera diferente dependiendo de la infraestructura disponible en la zona. En redes 4G y 5G tradicionales, se activa un mecanismo de gestión de calidad de servicio que asigna mayor relevancia a los paquetes de datos de clientes que han pagado.
El verdadero potencial se encuentra en las redes 5G ‘reales’, también conocidas como 5G Stand Alone, donde se aplica una nueva tecnología de segmentación de red o ‘Network Slicing’.
Este sistema permite dividir una única antena física de manera virtual en varios carriles de datos independientes; uno de esos carriles se reserva para los usuarios de Fast Pass, mientras que los demás dispositivos se tienen que repartir el resto de carriles disponibles.
Así también es como funciona Fast Track, la implementación de Orange de esta tecnología y que fue lanzada el pasado mes de marzo. Las opciones son idénticas, con un bono de un día que también cuesta 3 euros y dura 24 horas, pero también permite contratar un bono semanal de 7 días por 7 euros, y un bono mensual de renovación automática por 10 euros.
Sobre el papel, el lanzamiento de estas modalidades no debería suponer ninguna diferencia para el consumidor medio. Si decidimos no contratar estos servicios, la conexión seguirá igual y no será empeorada gracias a la tecnología de carriles mencionada.
Sin embargo, en la práctica eso supone que los usuarios que no pagan tienen que ‘competir entre ellos’ por los recursos disponibles, algo que normalmente solo notaremos en situaciones de saturación de red.
Además, estos lanzamientos han reabierto el debate sobre la neutralidad de la red, que lejos de ser una simple filosofía, está reconocida por la Unión Europea y protegida por la normativa comunitaria.
El principio de la neutralidad de la red establece que todo el tráfico de Internet debe recibir el mismo trato de parte de los proveedores de servicio, sin discriminación. Los críticos de estos nuevos servicios alegan que la discriminación positiva también cuenta porque se da la situación de que no todos los usuarios acceden con igualdad de condiciones a la red.
Sin embargo, la normativa europea contempla algunos casos en los que se puede gestionar el tráfico, pero siempre por razones técnicas objetivas (como evitar la congestión de la red), y permite ofrecer conexiones de mejor calidad, siempre y cuando no se presten en detrimento de la calidad de internet de los demás usuarios.
