▲ El reto del ahora denominado estadio de la Ciudad de México no está sólo en sus alrededores, también el ingreso de los aficionados se vislumbra complicado.Foto Jair Cabrera
Alberto Aceves
Periódico La Jornada
Miércoles 10 de junio de 2026, p. a12
El estadio Azteca, recinto que volverá a hacer historia al convertirse en el primero en albergar partidos de tres ediciones de la Copa del Mundo, es una sede sitiada por sus propios desafíos y problemas de congestión vial. Una bomba de tiempo logística. Según el informe más reciente de la firma especializada Geotab, la capacidad de las principales avenidas que alimentan al coloso –calzada de Tlalpan, Periférico Sur y Viaducto–, las cuales ya operan a su máxima capacidad, será absorbida por completo cuando llegue el flujo masivo de visitantes a la Ciudad de México, generando cuellos de botella kilométricos durante los días de partido.
Para la cita mundialista, el panorama luce aún más complejo. Las autoridades han restringido el uso del estacionamiento interno, con capacidad para aproximadamente 6 mil vehículos, y priorizar las zonas de hospitalidad y unidades de transmisión de la FIFA. Esta medida ha trasladado la crisis a la calle, donde el perímetro de seguridad denominado Última milla –trayecto final, a pie o en transportes cortos hacia las puertas– se ha convertido en el mayor reto operativo para la inauguración, debido a diversas protestas anunciadas por colectivos de madres buscadoras, trabajadores de la educación y organizaciones campesinas.
Los reportes logísticos advierten que el modelo clásico de llegar en coche y estacionarse alrededor del inmueble es inviable para la escala global de la FIFA. A esto se le suma la presencia de franeleros, que cobran cuotas de hasta 500 pesos por espacio en la vía pública, y el factor climático. Diversos especialistas alertan sobre el impacto de la temporada de lluvias en el sur de la Ciudad de México, donde inundaciones y encharcamientos en nodos críticos como Tlalpan y Acoxpa suelen colapsar de inmediato el transporte público.
El riesgo no corre sólo por las avenidas, sino también al interior del propio inmueble. Un fallo eléctrico o problemas en los sistemas hidráulicos, climatización, códigos de acceso, el circuito cerrado de televisión o las redes de comunicación durante un partido del Mundial puede impactar directamente en la experiencia de miles de aficionados, pero también compromete las transmisiones internacionales, los protocolos de seguridad –entre ellos, el uso del código QR para el acceso de residentes en el perímetro cercano– y operaciones logísticas de alto nivel.
“Aunque las tres ciudades de México tienen un volumen de camiones comerciales más bajo en un día normal en comparación con las de Estados Unidos, cuentan con menos avenidas alternas de circulación. Este golpe de tráfico afectará por igual a las familias que buscan llegar a los partidos y a los vehículos comerciales que surten las tiendas locales”, advierte Jonathan Polis, director de nuevos negocios para LATAM en Geotab.
Lejos de la capital, la zona metropolitana de Guadalajara enfrenta una realidad parecida. De acuerdo con la firma especializada en gestión de flotas y seguimiento de vehículos, el estadio Akron –ahora bajo el nombre de la ciudad capital– tiene el índice de contención de tráfico más bajo entre las sedes locales. Esto significa que el embotellamiento que causa un partido no se queda alojado en los alrededores de Zapopan, sino que se contagia por toda la entidad hasta a 20 kilómetros de distancia. En el caso de la sede de Monterrey, ubicado en el municipio de Guadalupe, la recuperación de las calles resulta más acelerada después de los partidos.
Mientras el país espera la gran cita futbolera, el diseño de los entornos, la presencia de la lluvia y un mar de autos que amenaza con desbordarse en los alrededores de cada sede, el camino hacia el Mundial se perfila como una batalla a contrarreloj contra la propia geografía urbana.
