Ana Mónica Rodríguez
Periódico La Jornada
Jueves 20 de agosto de 2026, p. 7
Petrona de la Cruz, nacida en Zinacantán, en los Altos de Chiapas, es una actriz y dramaturga que en su niñez y adolescencia fue agredida sexualmente; deambuló entre la pobreza y la opresión con un hijo en brazos y resistió a la violencia de género hasta que el teatro llegó a su vida, el cual le permitió continuar su camino, dándole herramientas, empoderando su vida y sanando su historia con el arte escénico.
De su pluma surgió el monólogo Dulces y amargos sueños (Chi’etikI Xchi’uk Ch’aetik Vayichetik): Un testimonio de lucha y resistencia, el cual interpreta y presentará en el Foro Alternativo del Centro Cultural Helénico, del 5 al 20 de septiembre, donde emergerá la voz de la indígena tsotsil que de viva voz ofrece su testimonio de lucha y resistencia.
Esta puesta en escena, producida por la compañía Teatro los Volcanes, recorre con belleza, honestidad y tono poético las etapas de una vida marcada por la opresión y el desconocimiento, donde el teatro se convirtió en refugio, espacio de sanación y una herramienta de resistencia frente a las adversidades que la interprete relata.
La dramaturga maya explicó en entrevista con La Jornada: “Cuando empecé a poner el texto en escena fue muy duro y difícil para mí por los recuerdos que aún me duelen; al nacer por ser mujer y la primera de cinco hermanos tuve la carga del hogar y de los oficios cotidianos; también ayudaba a mi madre y la cuidaba en sus cuarentenas tras los partos”.
Violaciones y secuestro
Continuó rememorando: “Fui niña mujer a los nueve años, no tuve la oportunidad de estudiar como todos lo hacen, pero terminé la primaria a los 17 años. En aquella época, era como si las mujeres estuviéramos marcadas desde el nacimiento y no teníamos derecho a prepararnos ni ser profesionistas. Ante mi insistencia de aprender algo más, mi mamá me llevo a San Cristóbal a estudiar corte. Ahí comenzó mi historia más dura, luego de las heridas que me dejaron marcada la infancia, entre otras situaciones, por la violación a la que me sometió mi hermano”.
Petrona retomó el hilo de su historia: “En esa ciudad (San Cristóbal) me secuestraron y abusaron sexualmente de mí; estuve cautiva ocho días en una casa, pero luego de que logré escapar no entendía por qué me sentía tan mal (no teníamos conocimiento de muchas cuestiones de salud y sexualidad), pero mi mamá me llevo con un curandero (porque no teníamos dinero para el doctor) quien nos dijo que me habían hecho brujería, pero al paso de los meses, nació el niño producto de la violación”.
No todo terminó ahí para la mujer tsotsil, porque su madre falleció al mes de nacido el pequeño; al tiempo que su abuela y tías la culparon de esa muerte, tuvo que hacerse cargo de cuidar a sus hermanos, así como al recién nacido.
▲ La actriz y dramaturga tsotsil Petrona de la Cruz interpreta Dulces y amargos sueños en el Foro Alternativo del Centro Cultural Helénico, del 5 al 20 de septiembre.Foto cortesía de Centro Cultural Helénico / Mario Siniawski
“Como no tenía estudios y tampoco terminé corte y confección, me fui a trabajar a las ferias con una persona que nunca me pagó; me tuve que regresar con mi niño al pueblo y por motivación de otra tía comencé la secundaria, pero cuando ya estaba estudiando, una fundación buscaba actrices y me invitaron a participar.”
La primera vez en el escenario, describió De la Cruz, “fue muy rara, con miedo porque actué con hombres, pero me dije: si no logro vencer esto nadie lo hará por mí; tuve el apoyo de varias personas, busqué ayuda profesional y con el tiempo sentí que el teatro me fortaleció, empoderó y comenzó a guiar” el camino.
Levantar la voz
Para la década de los años 80, Petrona ya era actriz y en los años 90 escribió su primera obra de teatro. “Soy quien soy; ahora cuando cuento mi historia me duele, pero la expongo no para qué dé lástima, sino para que otras mujeres se fortalezcan o sientan que el camino no ha terminado, porque la vida nos da grandes sorpresas”.
La actuación, puntualizó, “es una forma de levantar la voz y es posible llevar un mensaje a las mujeres que no tuvieron la oportunidad de superarse y de ser quienes quisieron ser”. Con la obra “busco abrir un espacio para que indígenas y no indígenas puedan contar sus propias historias; visibilizar voces y presencias que han sido históricamente silenciadas por la dominación masculina”.
En el monólogo, el linaje familiar cobra un papel central y con tres sillas de distintos tamaños se evoca las etapas de la vida, así como los personajes de la madre, la abuela y de la propia protagonista. Petrona da vida a múltiples roles, mientras la escenografía, el vestuario de telar de cintura y la iluminación contribuyen a definir ambientes. También se recurre a tres rebozos y a una ofrenda con veladoras y flores. En la obra, lo dulce se desprende del carácter de la madre, mientras lo amargo proviene de la abuela, del rechazo de la sociedad y de su propia familia.
La música tradicional de Zinacantán y algunos diálogos en tsotsil enriquecen aún más esta experiencia sensorial y cultural que expone realidades invisibilizadas en la sociedad como el rol donde niñas y niños asumen responsabilidades adultas desde muy temprana edad y la fortaleza de mujeres que enfrentan abuso y sumisión.
Dulces y amargos sueños (Chi’etik Xchi’uk Ch’aetik Vayichetik), pieza autobiográfica de Petrona de la Cruz, con dirección de Raúl Pérez, tendrá temporada del 5 al 20 de septiembre, con funciones sábados y domingos a las 20 horas en el Foro Alternativo del CCH, ubicado en avenida Revolución 1500, colonia Guadalupe Inn.
