▲ Great Day in Harlem, icónica fotografía de Art Kane, que capturó a más de 50 leyendas del jazz en 1958.Foto tomada de Facebook
C
reo que no exagero: la noticia se esparció instantáneamente por el mundo entero. Cientos, miles de notas y comentarios circulaban por todos los medios y en todas las conversaciones (incluida La Jornada, por supuesto). Sonny Rollins había muerto. Nada que agregar, a no ser dos breves pláticas con dos viejos amigos que conocían la anécdota de cuando compartí con mi papá un par de versiones de Manhattan (una de las piezas inmortales de Rodgers y Hart).
Raúl Malacara Soto opinaba igual que Louis Armstrong: el bebop no tenía nada que ver con el jazz. Y punto. Él sólo escuchaba jazz clásico y tradicional (y bailó estupendamente el swing hasta después de los 80 años). En una ocasión, mientras Ella Fitzgerald nos cantaba Manhattan desde el viejo tornamesa (con nueva pastilla), mi papá fue a la cocina por más hielo. Yo aproveché, puse el cedé de Manhattan con Sonny Rollins, y terminando apenas la versión de Ella, le di play al compacto.
Sin aspavientos y sin soltar su vaso, don Raúl volteó al tocadiscos, se sentó luego en su sillón con una muy ligera, efímera, apenas perceptible sonrisa, y escuchó en silencio hasta el último susurro de los platillos. “¿Qué te pareció?” le pregunté. “No está mal” respondió. Se paró, estiró el brazo hacia mi mamá y se pusieron a bailar… no recuerdo bien qué, creo que Mack The Knife.
Víctor Paniagua, uno de los amigos con quienes comentaba la muerte de Rollins, me dijo que quería comprar el póster de Great Day in Harlem, aquella icónica fotografía donde el joven ArtKane capturó a cincuenta y tantas leyendas del jazz en 1958. “Pero no están todos los que deben estar” terció Julieta, su esposa. “Falta Billie Holiday, Ella, Armstrong, Duke Ellington”. “Pero ninguno de los que están ahí está de más”, rebatió Víctor.
Sí, es la imagen de toda una generación de leyendas, apunté yo. Y en un instante me llegó a la mente una foto de Sonny Rollins que guardo por ahí, con esa profunda serenidad que brotaba desde su mirada hasta su sax tenor; improvisando ya con reposada exquisitez, ya con impetuosos revoloteos, pero siempre conmoviendo a quien lo escuchaba. Igual lo hacía en la tranquilidad de Manhattan que en el furor de Tenor Madness. Era un constructor de catedrales, si me permiten el exceso (y si no, también).
Víctor insistió en la fotografía de Kane, nos dice que la película Great Day in Harlem trata sobre esta fotografía y cómo el fotógrafo Art Kane y sus cómplices lograron convocar a tanta leyenda viviente. Víctor Paniagua me asegura que pronto conseguirá una buena copia de esta cinta.
Julieta agrega que en alguna parte de la película La Terminal, donde Tom Hanks encarna a un migrante de Europa del este que va a Nueva York para conseguir el autógrafo de Benny Golson, y así completar la colección de su padre muerto, aparece esta icónica fotografía de la generación que acaba de irse.
Si logramos conseguir espacio, aquí va la foto. Sonny Rollins está detrás de las dos mujeres paradas en primera fila (Marian McPartland y Mary Lou Williams). Él está con lentes oscuros. Y de hecho, el mismo Benny Golson es el segundo (de izquierda a derecha) en la última fila.
Los próximos 29 y 30 de mayo, la radio de la Universidad de Columbia transmitirá 48 horas consecutivas con la música de Sonny Rollins. El sitio es www.wkcr.org
Salud.
