▲ El precio del dólar de la Ciudad de México, al cierre de operaciones bancarias del viernes, fue uno de los más bajos del año.Foto María Luisa Severiano
E
n el constante subibaja del eternamente “nervioso” mercado cambiario (nacional y foráneo), la moneda mexicana cerró el viernes en un nivel no observado desde el 3 de junio de 2024 y similar al registrado en algunos meses de 2016: 17.02 unidades por dólar estadunidense, con lo que algunos “expertos” en la materia comienzan a retomar el calificativo de “superpeso”, utilizado de tiempo en tiempo según esté la kermés especulativa.
Lo cierto es que la divisa nacional se fortaleció durante cuatro semanas al hilo hasta llevar su tipo de cambio al monto que se cita, sin olvidar que cuando la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tomó posesión del cargo recibió la paridad peso-dólar en 19.67 por uno, lo que implica que en casi dos años de gobierno nuestra moneda, frente a la gringa, se apreció 13.5 por ciento.
De igual manera, cuando Andrés Manuel López Obrador tomó posesión de la Presidencia de la República (1º de diciembre de 2018) de Enrique Peña Nieto heredó un tipo de cambio de 20.22 pesos por dólar y el tabasqueño se lo entregó en 19.67 a la Presidenta. En cualquiera de los casos, no hay que olvidar que, a partir del 1º de enero de 1993, el impresentable Carlos Salinas de Gortari y Pedro Aspe alegremente “borraron” tres ceros al tipo de cambio peso-dólar, y los mexicanos amanecieron con la “buena noticia” de que la paridad era cercana a 3.4, cuando 24 horas atrás se fijó en 3 mil 400. Así, hoy los 17.02 en realidad son 17 mil 20 por uno.
El Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) Ifigenia Martínez, de la Cámara de Diputados, detalló que “del 7 al 14 de agosto de 2026, el peso mexicano registró una apreciación de 0.68 por ciento (-12 centavos) frente al dólar estadunidense, al cotizarse en 17.0218 por uno, su nivel más bajo desde el 3 de junio de 2024. De esta forma, la moneda local sumó cuatro semanas consecutivas de ganancias”.
Tal comportamiento, explica el CEFP, “se relacionó con el debilitamiento del dólar en el mercado de divisas por la expectativa de que la Reserva Federal estadunidense (Fed) mantendrá sin cambios su tasa de interés de referencia en un rango de entre 3.5 y 3.75 por ciento, en sus próximas reuniones de política monetaria de septiembre y octubre, como resultado de la solidez del mercado laboral de ese país, así como del nivel de la inflación que reporta (3.4 por ciento en julio pasado a tasa anual, muy por arriba del objetivo promedio de largo plazo (2 por ciento) establecido por la propia Fed”. En este contexto, al 14 de agosto, la moneda nacional acumuló una apreciación de 5.44 por ciento (-98 centavos) respecto al cierre de 2025, año en el que cerró en 18.0012 unidades por billete verde. En enero pasado, el propio CEFP dio cuenta de que en la primera semana de 2026, el tipo de cambio del peso mexicano registró un “ajuste” a la baja de 0.58 por ciento (10 centavos), al cotizarse en 17.9842 por dólar el pasado 9 de enero, “lo que representó su primer retroceso luego de seis semanas consecutivas de ganancias para la moneda local. Este movimiento se relacionó con el fortalecimiento de la divisa estadunidense en los mercados cambiarios, así como por la situación del mercado laboral de Estados Unidos en diciembre pasado, el cual generó 50 mil puestos de trabajo, por debajo de las expectativas de los analistas, que esperaban 66 mil”.
Dado que se aprecia el tipo de cambio peso-dólar era de esperar que el precio de los productos importados (que no son pocos) registrara una baja proporcional en beneficio del consumidor final y del índice inflacionario, pero como en México ya es tradición llevarle la contraria a ciertas leyes de Newton (todo lo que sube tiende a bajar), aquí sólo sucede que todo lo que sube nunca baja, especialmente cuando se trata de precios al consumidor y de políticas gubernamentales (como en los tiempos del “demócrata” Ernesto Zedillo, cuando, en abril de 1995, aumentó “temporalmente” la tasa del IVA de 10 a 15 por ciento, o con Felipe Calderón, que en enero de 2010 la incrementó, también de forma “temporal” de 15 a 16 por ciento, y como ambas fueron decisiones “temporales” dicha tasa no se ha movido un milímetro).
Las rebanadas del pastel
Con el descarado “apoyo” de Donald Trump, el genocida Benjamin Netanyahu intenta expandirse por la América Latina “gobernada” por títeres de la ultraderecha. Va muy avanzado en la Argentina del cretino Javier Milei, y en Colombia, con apenas 10 días en el cargo, Abelardo de la Espriella ya abrió las puertas de par en par a los ejércitos gringo y sionista, mientras los damnificados por el terremoto no ven para cuándo.
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