Más de un mes después del inicio de la escalada del conflicto en Oriente Medio, los mercados de materias primas continúan bajo una fuerte presión, con impactos que ya se extienden a múltiples sectores industriales y amenazan con consolidarse en el medio plazo.
Las interrupciones en el suministro a través del estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos estratégicos del comercio energético mundial, siguen siendo el principal factor de incertidumbre. Este contexto ha provocado fuertes tensiones en los precios del petróleo, el gas y otros insumos clave, con efectos desiguales según regiones, tal y como destacan los analistas de Coface.
Energía en máximos y efectos desiguales por regiones
El encarecimiento energético continúa siendo el principal motor de esta crisis. En Estados Unidos, los precios de la gasolina alcanzaron máximos históricos, mientras que en Asia el gasóleo llegó a triplicarse desde el inicio del conflicto. En Europa, el gas (TTF) experimentó subidas cercanas al 85 % en apenas un mes, reflejando la elevada dependencia del suministro externo.
Aunque los precios han mostrado cierta estabilización puntual en las últimas semanas, la volatilidad sigue siendo elevada. El mercado continúa muy expuesto a cualquier nueva interrupción en la región, lo que dificulta prever una normalización a corto plazo.
El efecto dominó ya impacta en la industria
Más allá de la energía, el impacto ya se está trasladando a toda la cadena de valor. El encarecimiento del petróleo y el gas está elevando los costes de producción de materiales como plásticos, petroquímicos o fertilizantes, generando un efecto dominó en sectores clave como la industria manufacturera, la minería o la aviación.
Productos como la nafta, base de la industria del plástico, han registrado subidas superiores al 60 %, mientras que materiales como el azufre —clave en procesos mineros— también han experimentado incrementos significativos.
Esta presión de costes ya empieza a trasladarse al precio final de numerosos bienes, alimentando tensiones inflacionistas en distintos mercados.
Fertilizantes y alimentación: un riesgo latente
Uno de los focos de preocupación más relevantes es el impacto en los fertilizantes. El aumento del precio del gas, que representa hasta el 80 % de los costes de producción en este sector, ha provocado subidas de hasta el 37 % en productos como la urea.
Aunque por el momento el impacto directo se ha concentrado en determinados mercados, los analistas advierten de que, si las disrupciones persisten, podrían extenderse a grandes economías agrícolas como Brasil, India o Europa, con consecuencias potenciales en los precios de los alimentos.
El aluminio y los metales, bajo presión
El sector de los metales tampoco escapa a esta situación. El aluminio, especialmente expuesto a las disrupciones logísticas en la región del Golfo, ha registrado importantes subidas, superando los 3.500 dólares por tonelada en algunos momentos recientes.
Las interrupciones en la producción y el aumento de los costes energéticos están afectando tanto a la oferta como a la demanda, generando un escenario de incertidumbre para industrias altamente dependientes de estos materiales.
Desde Coface advierten de que la evolución del conflicto será determinante para el comportamiento de los mercados. “El hecho de que la situación se prolongue o se estabilice marcará el alcance del impacto en la cadena de valor”, señalan sus analistas.
En este contexto, las empresas se enfrentan a un entorno de elevada volatilidad, donde la gestión del riesgo, la diversificación de proveedores y la optimización de costes serán claves para mantener la competitividad.
La actual crisis pone de manifiesto, una vez más, la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales ante tensiones geopolíticas. Para muchas compañías, especialmente pymes, el encarecimiento de las materias primas supone un desafío adicional en un contexto ya marcado por la inflación y la incertidumbre económica.
Lejos de ser un episodio puntual, todo apunta a que el impacto de esta crisis podría prolongarse en el tiempo, obligando a las empresas a replantear sus estrategias de aprovisionamiento y gestión de costes en un entorno cada vez más complejo.
