▲ Muchas de las afectadas se proponían adquirir formas más femeninas; hoy enfrentan los efectos perniciosos de prácticas estéticas no profesionales.Foto Marco Peláez
Carolina Gómez Mena
Periódico La Jornada
Sábado 27 de junio de 2026, p. 11
Ante los múltiples estragos corporales, sicológicos y económicos que les causa haberse inyectado durante su juventud sustancias modelantes no médicas en diversas partes del cuerpo, ellas se definen como “sobrevivientes y guerreras”. Son mujeres transexuales adultas mayores y de mediana edad, que en su mayoría recurrieron a esos productos sin conocer lo que realmente les infiltraron.
Relatan a La Jornada que sólo buscaban mejorar diversas zonas; lograr formas más femeninas para tener mejores ingresos, porque para varias su cuerpo era su activo principal.
En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBT, narran el tortuoso camino que han seguido para retirar estas sustancias que les inyectaron no profesionales y que les generaron infecciones, granulomas, necrosis y lesiones graves en senos, caderas y glúteos, con heridas permanentemente abiertas que les generan dolores constantes, por lo que toman potentes analgésicos.
Esto es lo que se conoce como enfermedad por modelantes o alogenosis iatrogénica. Estudios observacionales arrojan que Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia y México lideran en este síndrome (no existen cifras oficiales por ser procedimientos irregulares), derivado de la inyección de aceites vegetales, industriales, de grasa animal y de silicona líquida o en gel usada para elaborar adhesivos y sellantes industriales. Un estudio retrospectivo realizado en Cali, Colombia, arrojó que 33.6 por ciento de los pacientes no sabían qué les estaban aplicando; más de 95 por ciento eran mujeres.
La estilista Paloma Sierra cuenta que hace tres décadas le infiltraron litro y medio de aceite mineral en los senos; tenía 18 años. “Fue en una clínica patito; 20 años después, me empezó a causar muchos problemas, los pechos crecieron y se endurecieron, parecían concreto. No sabía las consecuencias a largo plazo; me dijeron que lo desecharía por la orina; no era cierto.”
Se ha sometido a diversas cirugías que la han mutilado. Le han sacado piel de otras zonas para cubrir las áreas en que se retiró el producto, “y me faltan más operaciones”. Muestra un enorme granuloma ubicado en el cuello, una zona difícil por la presencia de grandes vasos y nervios, y también tiene “otra bola” en el abdomen debido a que el material migra.
“Dijo que era silicona”
Fabiola Cuevas, otra estilista que en sus años de juventud era estrella en un cabaret, narra que a los 17 años una amiga le inyectó aceite mineral en las caderas. “Me cobró caro, dijo que era silicona”. Hace 11 años comenzó con dificultades tras una golpiza por parte de policías. “Se me reventaron y no me cerró; estuve en cama casi dos años y tres en tratamiento, en los que me mutilaban parte por parte. Hubo mucho dolor y desgaste físico”.
A sus 57 años, recuerda con nostalgia que “tuve cuerpazo; después de lo que me sucedió, solo acudí con cirujanos plásticos; aprendí a la mala”.
Terry Holiday, artista plástica de 70 años de edad, señala que “trabajé 40 años en cabaret; a mediados de los 90 tenía que competir con chicas guapas y jóvenes, entonces me hice un retoquito en los glúteos. Me inyectarían colágeno vitaminado. Otras chicas lo habían hecho y no pensé en consecuencias, hasta que empecé con calentura, ardor y comezón. Aparecieron manchas en la piel y sentía como si dentro del músculo trajera algo duro que crecía”.
A ella, en un domicilio particular le inyectaron aceite vegetal. “Por cinco años todo estuvo fabuloso, hasta que no fue así; parte de la sustancia se acumuló en la zona lumbar, llegó al hueso y se solidificó”.
Juana Jiménez, trabajadora sexual desde hace 35 años, admite que aunque “tuve bonito cuerpo, me quise poner guapa, y me engañaron”. En un domicilio, una amiga le puso “aceite de comer en las nalgas”, y como medio año después “sentía la zona caliente y se hicieron bolas, el producto se me fue corriendo a las piernas y pies. Tengo dolor a diario y tomo calmantes. Me ayuda Brigada Callejera con medicamentos.”
A Diana Urióstegui, “en un lugar clandestino hace 33 años me inyectaron aceite de comer, pero me dijeron que era colágeno; tenía 16 años”. Ahora enfrenta las consecuencias: “me cortaron los senos, me sacaron piel de otras zonas para injertarla y me abrieron desde debajo del brazo hasta la cintura; apenas tengo un año de operada.”
Ha sido una “experiencia muy fuerte, sicológicamente quedamos mal, no le deseo esto a nadie. No poder dormir porque está inflamado o está supurando. Por querer tener un cuerpo estético y sentirnos bonitas, nos destruimos. De por sí nos discriminan, y luego mutiladas, peor tantito”.
Poco apoyo, problemas de salud y carencias económicas
Verónica López, ex trabajadora sexual de 63 años, muestra los estragos que le causaron los modelantes en sus piernas y glúteos, y añade que “estuve año y medio sin movilidad porque esos aceites se infiltraron en mis tendones.”
Coincide en que este padecimiento es muy doloroso, deprimente y caro: “se necesitan vendas, gasas, cirugías y medicamentos”. Y critica la poca ayuda del movimiento de la diversidad sexual.
“En el grupo LGBTI+ hay mucha hipocresía, no somos un grupo que nos apoyemos cuando una compañera está en desgracia, pero sí hay mucho protagonismo de activistas que lucran con las abuelas trans”.
Agradece la solidaridad de las agrupaciones Tejiendo Pueblos y Tlacuache Blue, que organizaron un encuentro para visibilizar esta problemática y entregarles materiales de curación y despensas, y a la Fundación Diana Sánchez Barrios, que les proporciona ayuda económica y en especie.
Raúl Velásquez, fundador de Tejiendo Pueblos, señala que las mujeres trans adultas mayores tienen pocas redes de apoyo y experimentan, además de problemas de salud por estas sustancias, dificultades económicas, porque muchas ya no pueden trabajar, “entonces buscamos hacerles la vida un poquito más fácil con donaciones de despensas e insumos médicos”.
Eva Betancourt, directora de la Fundación Diana Sánchez Barrios, lamenta que con base en estereotipos de género se hayan inyectado aceites modelantes y biopolímeros con la promesa de tener cuerpos mucho más femeninos, “pero los testimonios demuestran que a la larga esto tiene costos muy altos para su calidad de vida y bienestar”.
