La aviación ejecutiva en España está a punto de sumar un nuevo y exclusivo nodo logístico en el mapa. Manuel Lao, una de las figuras más prominentes del panorama empresarial español —ocupando el puesto 23 de la lista Forbes 2025—, ha iniciado los trámites para dotar a su finca, la Dehesa de El Molinillo, de un aeródromo de primer nivel.
No se trata de una simple pista de aterrizaje para aeronaves ligeras de recreo; el proyecto, gestionado a través de Nortia Agricultural, contempla un aeródromo diseñado específicamente para permitir la operativa de reactores de largo alcance en pleno corazón de los Montes de Toledo, concretamente en Retuerta del Bullaque, Ciudad Real.
El proyecto ha salido recientemente a información pública a través de la Consejería de Fomento de Castilla-La Mancha para su correspondiente estudio de impacto ambiental. Según la documentación oficial, el holding Nortia Capital busca facilitar el acceso a clientes internacionales interesados en los productos ecológicos de alta gama que produce la finca.
Tras la venta de Cirsa en 2018 por una cifra superior a los 2.000 millones de euros, Lao ha diversificado su patrimonio hacia sectores estratégicos, y este aeródromo es la pieza que faltaba para conectar su joya de la corona agrícola —su aceite de oliva virgen extra, premiado como el mejor del mundo— con los mercados globales más exigentes.
Lo que define la ambición técnica de este proyecto son las dimensiones de su pista principal: 1.900 metros de longitud por 30 metros de anchura. En el mundo de la ingeniería aeronáutica, estas cifras son reveladoras.

Un avión Gulfstream G650.
Una pista de casi dos kilómetros está dimensionada para permitir el despegue y aterrizaje de los jets privados más avanzados del mercado, como, por ejemplo, el Gulfstream G650.
Este modelo, valorado en unos 70 millones de euros, requiere precisamente una distancia cercana a los 1.800 metros para operar a su máximo peso. Al diseñar una infraestructura de este calibre, Lao garantiza que estos aviones puedan volar directamente desde Nueva York o Dubái hasta su finca sin necesidad de escalas técnicas ni depender de aeropuertos comerciales secundarios.
El complejo logístico se complementará con una plataforma de estacionamiento capaz de acoger tres aeronaves de forma simultánea, lo que sugiere una capacidad para recibir delegaciones comerciales de importancia.
Para el resguardo de estos activos tecnológicos, el plan contempla la construcción de un hangar de dimensiones industriales: 1.600 metros cuadrados de superficie y una altura de 11 metros. Estas medidas no solo permiten albergar un gran jet, sino que ofrecen el gálibo necesario para realizar labores de mantenimiento y protección frente a las inclemencias meteorológicas de la zona.
La operativa prevista es de unas dos maniobras semanales, lo que supone cerca de un centenar de vuelos anuales destinados a visitas comerciales y, de forma puntual, a atender emergencias sanitarias o de extinción de incendios.
El recinto contará además con una zona de aparcamiento para ocho vehículos y un área de bienvenida para pasajeros, asegurando una transición fluida entre el vuelo transoceánico y la estancia en la Dehesa.
Técnicamente, el aeródromo será autónomo, con su propio cuadro eléctrico, generadores de apoyo y sistemas de seguridad que incluyen depósitos de agua y espumógeno para la extinción de incendios.
Ubicada en un enclave de alto valor ecológico lindando con el Parque Nacional de Cabañeros, la Dehesa de El Molinillo se consolida así como un refugio de élite donde la tecnología punta se pone al servicio de la tradición agrícola.
