▲ Jugadores de los Padres de San Diego festejan la remontada de ayer. Este domingo esperan sacar otra victoria en su visita a la Ciudad de México.Foto Ap
Juan Manuel Vázquez
Periódico La Jornada
Domingo 26 de abril de 2026, p. 9
En un deporte como el beisbol, cuya lógica fundamental implica que la pelota viaje por el aire, la altura de la Ciudad de México es un factor que se toma en serio. A 2 mil 240 metros sobre el nivel del mar, la atmósfera de este valle ofrece menos resistencia y el aire se ha-ce más fino, de tal modo que la esfera de cuero cosido se vuelve más volátil e impredecible. Los bateadores la mandan lejos y arriba, mientras los lanzadores y fildeadores sufren para someterla.
En estas condiciones cualquier predicción se vuelve algo tan arbitrario como una bola que vuela irreverente y sin contención. En el primer juego de las Series de Grandes Ligas en la Ciudad de México, en el estadio Alfredo Harp Helú, los Padres de San Diego remontaron 6-4 ante los Diamondbacks de Arizona con un par de cuadrangulares de Ty France.
Un triunfo sin festejo de fuegos artificiales, que se cancelaron por la contingencia ambiental con un anuncio en las pantallas que provocó abucheos del público.
Aunque los Diamondbacks jugaron de locales, por calendario de Grandes Ligas, los verdaderos dueños de casa fueron otra vez los Padres. En las horas previas, familias y grupos de amigos se encontraban de manera inesperada por los pasillos del estadio, en la tienda de souvenirs o en la zona de co-midas como si estuvieran en el Petco Park de San Diego, ciudad donde viven unos 200 mil mexicanos. Se saludaban con una ágil mezcla de español e inglés, ahora se saludaban en español y enseguida pasaban a contarse los pormenores del viaje en inglés, tal como hacen entre vecinos de ciudad o de barrio o con los amigos que frecuentan el parque de pelota en California. “¿Cuándo llegaron?”, preguntaban unos; “llegamos el miércoles y nos vamos el lunes”, respondían otros.
Alfredo Galván fue uno de lo que han encontraron viejos amigos del parque de pelota en San Diego. Nació en Ensenada, pero desde los once años vive en California. “Nunca había venido a la Ciudad de México y mi esposa, que es fiel seguidora de Padres, me dijo que teníamos que estar esta vez, porque hace tres años nos quedamos con las ganas. Casi la mayoría de los que vienen o nació aquí, son de Estados Unidos, pero con familia de este lado; todos al final queremos conocer esta ciudad y que nos ha asombrado. No me imaginaba que una sola ciudad podía tener zonas tan diferentes, que el cambio de una comunidad a otra pueda ser tan radical, pero eso también le da su encanto. No te acabas esta urbe en una visita.”
Arizona también tiene una importante presencia de mexicanos; se calcula que a la comunidad la integran unos 2 millones repartidos entre varias ciudades. Muchos vinieron a este partido, pero apenas se notaban ante el tumulto color hábito de fraile que dominaba el estadio Harp Helú. “Ni por-que Alek Thomas es mexicano”, dice en broma un joven estadu-nidense descendiente de mexicanos.
Revierte en la séptima
Diamondback o espalda de diamante es una serpiente de cascabel muy venenosa que habita en el desierto de Sonora. Esta víbora temida y respetada es el emblema de la novena de Arizona, que a pesar de que esta fue su primera visita a la Ciudad de México empezó agresiva. En la segunda entrada le asestaron a los favoritos Padres un rally de cuatro carreras. Dos producidas por José Fernández, cuyo doblete al jardín central empujó a Ildemaro Vargas y a Nolan Arenado.
Y llegó el mexicano Thomas para conectar el primer jonrón de la tarde y sumar otro par de anotaciones. El batazo de Alek se fue por el jardín central y en la desesperación Tatis Jr escaló el muro y estiró el brazo como un telescopio pero ni así pudo alcanzar la pelota; la pizarra quedó 0-4 para Arizona.
Hasta la quinta entrada pudieron hacer algo los Padres. Ty France los metió al juego con un jonrón de una carrera que animó al estadio, pero aún estaban lejos en la pizarra. Pero qué sería de los deportes sin la superstición, esa fuerza con-tra la razón que le da emoción y dra-ma a los juegos.
En el beisbol la fatídica séptima es el capítulo donde la historia del juego da un giro de tuerca para modificar el relato. Y fue el rollo más terrible para Arizona ante la ofensiva persistente de los Padres. Un rally de cuatro carreras dio la voltereta al marcador en un capítulo en el que los hombres desfilaron por los senderos y llenaron en dos ocasiones las bases.
Gavin Sheets produjo dos carreras, Jackson Merrill y Manny Machado pisaron la registradora (3-4), para quedar sólo una por debajo de las serpientes de cascabel. Luego llegó el nerviosismo defensivo y el parador en corto Geraldo Perdomo no pudo atrapar una bola que parecía domesticable, pero que se le hizo salvaje en el guante y eso permitió que se le llenaron las bases otra vez a los Diamondbacks. Entonces Freddy Fermin impulsó el empate con Xander Bogaerts (4-4) y con un elevado de sacrificio Ramón Laureano produjo la remontada con la anotación de Gavin Sheets. (5-4).
Y para cerrar la tarde en la novena entrada, France conectó otro cuadrangular que aprovechó la delgadez del aire para irse lejos del campo, rumbo a las gradas del estadio más alto en el que se han jugado las Grandes Ligas.
