▲ El secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, se despide en el aeropuerto de Ciampino, en Roma, tras concluir ayer su visita oficial de dos días a Italia y el Vaticano.Foto Ap
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ntre los muchos indecentes que forman parte del gobierno estadunidense (con Trump en primerísimo lugar) destaca un halcón nacido en Miami cuyos padres cubanos emigraron a la “tierra de la libertad” tres años antes del triunfo de la Revolución en la isla. Marco Rubio es su nombre, el mismo que años atrás hablaba pestes del actual inquilino de la Casa Blanca, pero que a la hora del hueso, el Departamento de Estado, tragó sapos, mostró una enorme sonrisa y milagrosamente encontró miles de virtudes en el magnate naranja.
Hueso mata dignidad (en caso de que el citado la tuviera) y por ello el halconcito se afana en quedar bien con su jefe. Éste amenaza a México con una intervención terrestre con el pretexto de “acabar con los cárteles de la droga (es decir, los mismos que en Estados Unidos gozan de cabal impunidad); Rubio se sube al carro de la ignominia y, como en libreto de carpa, le hace la segunda al que no hace tanto decía odiar.
Y con esa sangre tóxica, el Departamento de Estado que Rubio dice encabezar anuncia que “revisa” los 53 consulados mexicanos que operan en Estados Unidos, lo que –versión oficial– “podría dar lugar al cierre de algunas de esas oficinas diplomáticas mexicanas”, toda vez que esa instancia del gobierno gringo inspecciona “constantemente todos los aspectos de las relaciones exteriores estadunidenses para garantizar que se ajusten a la agenda de política exterior” (Dylan Johnson, subsecretario de Estado para Asuntos Públicos Globales).
Es de suponer que, por ejemplo, con esa misma perseverancia el Departamento de Estado “supervisa” los nueve consulados, más la embajada en Washington, del genocida Estado de Israel, o de tantas otras naciones representadas allende el río Bravo que son viles lacayos de la Casa Blanca, a quienes no amenazan, sino descaradamente invaden con bases militares.
No, desde luego que no. Los paisanos en Estados Unidos son la primera minoría (y por mucho: alrededor de 40 millones de personas) y su peso político, económico y cultural crece constantemente. Entonces, suponen en la Casa Blanca, qué mejor que este objetivo para chantajear al gobierno mexicano, como adenda a la amenaza de invasión terrestre “contra los cárteles de la droga”.
Hay quien cree a pies juntillas que la permanente agresión de Estados Unidos (sin importar quién ocupe la Casa Blanca) a México sólo constituye “una estrategia electoral” y que superado el periodo de votación “las aguas se calmarán”. Pero estas mentes brillantes deberían repasar la historia de la relación bilateral para medianamente darse una idea de una contundente realidad: la invasión, el intervencionismo y el robo descarado de la mitad del territorio mexicano; es decir, las “aguas” nunca se “apaciguaron”. Por el contrario, dada la permanente agresividad y la pasión de los gringos por la riqueza ajena, ni lejanamente han bajado de nivel.
Con la paciencia del profeta Job, ayer la presidenta Claudia Sheinbaum se refirió a una de las tantas barbaridades esparcidas por el Departamento de Estado, es decir, aquella de que “los consulados mexicanos hacen política en Estados Unidos”. Dijo la mandataria: “Eso es completamente falso; lo que hacen, que es su papel, igual que el del consulado de Estados Unidos en México o de otros países, es siempre proteger a sus ciudadanos”.
Entonces, dijo, “esa es la labor que realizan los consulados; no es que lleven a cabo algún tipo de política en contra del gobierno de Estados Unidos; eso es absolutamente falso. Tenemos una política exterior regida por la Constitución sobre la base de la autodeterminación de los pueblos; es decir, no tener injerencia en la vida interna de ese país”. Tales representaciones se ocupan de “la relación entre ambos países, que es muy importante, de todas las labores diplomáticas y de ayudar a los ciudadanos mexicanos”. Ahora bien, puntualizó, más allá de la propaganda mediática, en los hechos “no tenemos ninguna información oficial” sobre la supuesta “revisión”. En síntesis, “no queremos injerencia en los asuntos políticos de México”, por mucho que se esfuercen los halcones.
Las rebanadas del pastel
Mientras la basura tóxica de Isabel Díaz Ayuso canceló su “gira por Méjico” y retorna a su país por el mismo caño lleno de mierda franquista que la trajo, de regalo deja una enorme bosta para sus súbditos panistas… Al impresentable Mario Delgado se le ocurrió la brillante idea de “recortar” el ciclo escolar para satisfacer su ánimo futbolero, sin entender que primero está la educación. Entonces, que se vaya mucho al Azteca y, antes de los partidos mundialistas, deje su renuncia en el escritorio presidencial.
X: @cafevega
