▲ “Gracias a este equipo formamos parte de una sociedad en la que a veces parecemos invisibles. El deporte para las personas que tenemos una discapacidad es una salvación. Te sientes apreciado e incluido”, coinciden varias de las seleccionadas mexicanas, que demandan apoyo para acudir al torneo en Brasil.Foto Luis Castillo
Adriana Díaz Reyes
Periódico La Jornada
Miércoles 20 de mayo de 2026, p. a12
En esta modalidad de futbol, el pie sigue al oído. Un cascabel tintinea dentro del balón y de inmediato las jugadoras se ponen alerta. Aunque no pueden verlo, las seleccionadas mexicanas de balompié para cie-gos conducen la pelota y regatean con una precisión asombrosa.
En la portería, un guía golpea las dos esquinas para dirigir los disparos de las delanteras. “¡A la izquierda!”, “¡Aquí está el centro!”, “¡Pégale fuerte!”, les grita el centinela en la meta. Y ellas, inmersas en un mundo de oscuridad, un antifaz las iguala en sus diferentes tipos de ceguera.
Son mujeres que quieren ser parte de la selección mexicana de futbol en la Copa América que se jugará en Brasil en septiembre.
Para ellas, el futbol es una práctica a la que todos tienen derecho, sin importar las condiciones físicas que se tengan.
“Perseguir el cascabel es no caer en las sombras y el olvido”, comenta Paulina Hernández, jugadora de 31 años que nació con baja visión.
“Gracias a este equipo formamos parte de una sociedad en la que a veces parecemos invisibles. Es increíble lo que tu cuerpo y tus sentidos pueden hacer por ti cuando te exiges al máximo”, agrega Paulina.
Los juegos se disputan con cuatro mujeres con discapacidad visual en la cancha y una portera, quien indica a sus defensas por dónde vie-ne la jugada, dónde frenarla y quién las ataca. El entrenador se ubica a la mitad de la cancha, pero fuera de ella, e indica a las futbolistas por dónde generar la jugada.
También están los guías de arco detrás de la portería contraria que orientan a las delanteras por dón-de disparar a gol. El balón es más pequeño, pesado y con cascabeles internos para que las jugadoras puedan ubicarlo mediante el sonido.
“¡Voy, voy!”, se gritan entre ellas para pedir el pase. A un costado, el entrenador les advierte sobre los límites de la cancha.
“Se te acaba el espacio, ¡céntrala!”, les dice el estratega; “atrás tienes a tu compañera, no lo pienses”.
Paulina es una de las más habilidosas. Aunque recién se incorporó al equipo, golpea con fuerza el balón y gambetea a sus adversarias. Cuando el esférico queda en silencio, el árbitro tiene la facultad de pisarlo y hacer sonar el cascabel.
“Al no tener sentido de la vista desarrollamos otras habilidades que nos hacen sentir dónde está el balón. Es como un instinto muy particular. Los guías que golpean la portería, el árbitro y el entrenador son también fundamentales para el buen funcionamiento del juego”, agrega Hernández.
El futbol para ciegas tiene pocos años de historia en nuestro país. Desde 2017 las pioneras han luchado por ganar espacios y poder conformar una selección.
Una salvación
“Yo jugaba golbol, pero un día conocí este deporte y no pude dejar de practicarlo”, añadió Paulina, también masajista y trabajadora del hogar; “el entrenador me dijo que tengo cualidades natas y aquí estoy, abriendo brecha para las generaciones venideras, demostrando que el ser humano no tiene límites”.
La seleccionada formó una familia con una pareja que también es invidente. Juntos tuvieron un hijo que se ha convertido en su principal motivación.
“El deporte para las personas que tenemos una discapacidad es una salvación. Te sientes apreciado e incluido. Los últimos años se han abierto muchas oportunidades para practicar distintas disciplinas y eso es un enorme avance para nosotros”.
“Entrena una vez y si no te gusta ya no vayas nunca”, le dijo su padre a Aidé Hernández.
Jugó 10 minutos y después nadie la despegó del balón.
“Muchos no pueden creer que juguemos en nuestras condiciones, se sorprenden al vernos correr y anotar. Somos un grupo de guerreras que salió adelante ante la adversidad y se supera día con día”, comenta la licenciada en lenguas modernas e integrante del equipo Topos Puebla.
Más de 50 mujeres ciegas de la Ciudad de México, Puebla, Jalisco, Tlaxcala y Baja California conforman la primera selección femenil de futbol ciego. Su meta es representar al país por primera vez en una competencia internacional.
Para ello, buscan recaudar un millón de pesos para cubrir gastos de vuelos, uniformes, entrenamientos, hospedaje y alimentación para la Copa América que se celebrará en Brasil en septiembre de este año.
De conseguir el objetivo, México se convertiría en el cuarto país del continente en tener un representativo.
“Muchas de ellas comenzaron en esta aventura por curiosidad y se quedaron hasta llegar a la selección. Nos falta mucho camino por recorrer, pero estamos sentando un precedente para todos aquellos a quienes una discapacidad les ha frenado su vida”, compartió Wendy del Río, entrenadora de Las Chilangas FC de la Ciudad de México.
En 2025 se realizó la primera concentración femenil con 12 jugadoras y cuatro porteras. También se llevó a cabo el Segundo Campeonato Nacional de Futbol 5 para mujeres ciegas, que reunió a deportistas de todo el país.
“Hemos ganado visibilidad y esperamos que más gente se sume al proyecto los próximos años. Esta es apenas la primera piedra de un enorme objetivo”, concluyó Del Río.
El crecimiento de la especialidad ha sido impulsado por la Colectiva de Mujeres Futbolistas Ciegas (CMFC), integrada por jugadoras, árbitras, entrenadoras y promotoras deportivas que desde hace años construyen espacios de inclusión.
