▲ El neurólogo César N, quien festejó su cumpleaños número 50 vestido como el emperador Julio César, es acusado por dos pacientes de violación agravada y abuso sexual.Foto La Jornada
Sanjuana Martínez
Periódico La Jornada
Domingo 28 de junio de 2026, p. 10
Como en el antiguo imperio romano, el neurólogo César Altamirano Alcocer hizo su entrada triunfal a caballo vestido de emperador Julio César para celebrar sus 50 años con una fiesta de gladiadores difundida en redes sociales. Nadie imaginaba entonces que esa alegoría de poder era la representación sicológica del rol dominante de abusos sexuales y violaciones a sus pacientes, hombres de la tercera edad.
La historia del doctor Altamirano Alcocer, ingresado a prisión preventiva desde la semana pasada por violación agravada y abusos sexuales, tiene una cierta correlación con su disfraz. Así como los hombres en el imperio romano tenían relaciones con otros hombres, mujeres o esclavos, siempre y cuando fueran el elemento activo-dominante, el prestigiado neurólogo y miembro de la oligarquía en Querétaro, es casado y con cuatro hijos, pero llevó una doble vida por lo menos durante la última década.
Tres de sus víctimas, hombres entre 60 y 85 años que sufrieron abusos sexuales y violaciones en el consultorio del ahora doctor César N, superaron la vergüenza, rompieron el cerco de silencio y lo denunciaron penalmente. Se trata de un caso paradigmático judicial que exhibe la traición al juramento hipocrático, por lo que la fiscalía de Querétaro busca que se le aplique la pena máxima.
“Me siento sucio”
Militar de carrera en las fuerzas especiales, pensionado y después guardia de seguridad, la víctima con iniciales AM cuenta, en entrevista con La Jornada, que los abusos sexuales que sufrió de parte del doctor César impactaron emocionalmente su masculinidad y, por tanto, su “hombría está por los suelos.
“Uno como hombre siente que nunca le va a pasar esto, sobretodo a cierta edad. Yo decía, ya estoy grande, ya estoy viejo, ya no me va a pasar eso. Pero cuando me sucedió, por vergüenza o por pudor, me quedé callado”, expresa visiblemente afectado.
Añade: “Nosotros sabemos que hay más víctimas de los pacientes del doctor, pero no hablan o lo están pensando. Algunos ya murieron. Hacer una denuncia de este tipo es complicado, porque tienes que hablar con una mujer perito, por ejemplo, y tienes que cruzar muchas barreras impuestas, me da vergüenza”.
La Jornada ha tenido acceso a la carpeta de investigación CI/QRO/15124/2026. Su historia empieza en 2017 cuando, trabajando como guardia de seguridad, sufrió una brutal agresión que lo dejó en coma inducido durante 20 días. Fue atendido en el Hospital Ángeles de la colonia Ensueño, en Querétaro.
Y ahí le asignaron al doctor César, quien le diagnosticó “traumatismo craneoencefálico moderado, edema cerebral y hemorragia”. Durante dos años lo atendió, pero dice que siempre se sintió “incómodo” con él, algo que atribuía al medicamento anticonvulsivo que tomaba: “Yo pensaba que tal vez lo que veía y sentía que me hacía el doctor, era por los medicamentos que me daba”.
Dice que siempre les decía a sus familiares que ya no quería ir a atenderse con él: “El doctor César me pasaba a mi solo al cuarto de exploración, me pedía que me quitara mi pantalón, mis calzoncillos y que me recostara en una mesa de exploración y ahí me tocaba los testículos y el pene”.
Agrega: “Es en esa parte que yo me quedaba con las dudas de si estaba bien que hiciera eso, él nunca me preguntaba si yo autorizaba a que lo hiciera”.
Comenta que por sus lesiones cerebrales tiene recuerdos fragmentados de lo sucedido en esos dos años: “Yo le decía a mi familia: “este doctor es un mañoso y no quiero que me atienda”. Me tardé como dos años en poder recuperarme físicamente y ahí quedó el asunto sobre lo que me hacía cada vez que me atendía”.
Práctica reiterada
Finalmente, se lo dijo su esposa al salir del hospital: “Me tocó los testículos y se bajó”. Ella le preguntó: “¿Cómo que se bajó?”, y él le respondió: “Me chupó el pizarrín”, refiriéndose al pene. Pensando que lo expresado por su esposo era por la inflamación en el cerebro, le contestó: “¿Cómo crees?, seguramente estás malinterpretado”.
Sin embargo, el abuso ya había sucedido en varias ocasiones mientras lo daban de alta: “En todas fue el mismo “método”. Me ponía a oler cosas, porque tenía la memoria afectada. Si hubo algo más de lo que ya dije, no lo sé. La película que tengo es en pedacitos. Lo que sí sé y recuerdo es que me revisaba mis partes nobles y me hacía eso”.
Posteriormente, ambos decidieron cambiar de médico para terminar su tratamiento, pero en noviembre del año pasado, necesitaban su expediente para iniciar una demanda contra la empresa que lo contrató como guardia de seguridad al sufrir las lesiones y buscaron otra vez al doctor César N, quien ya no trabajaba en el Hospital Ángeles, sino que ahora atendía en el Hospital San José.
“Mi amigo el huevonazo”, expresó el médico cuando lo vio.
“Ahora comprendo que le dijo así porque ya le había tocado sus testículos”, comentó su esposa. Durante la consulta, AM le comentó al médico que seguía teniendo mareos, dolor en la espalda alta y baja, además de problemas relacionados con el olfato y el gusto. Luego lo llevó al cuarto de exploración.
“Y pasó lo mismo. Sin embargo, me levanté y me retiré, pero me quedó el mal sabor de por qué no me defendí. Otra vez quedé en shock. Salí asqueado porque el doctor me lamió la boca. Me sentí sucio. Me quería ir, sacar a mi esposa. Bajamos del edificio y entré al baño a lavarme la boca. Esa sensación me duró días”.
Añade: “Me tapó los ojos mientras estaba acostado en la camilla para probar mi olfato. Me lamió, sentí en la boca algo húmedo. Era su lengua. Me dio un ataque de ansiedad, de coraje. Me levanté de la mesa de exploración diciendo ¿qué está pasando? Ahí es donde entré en shock, me levanté y de pronto él me abraza por detrás tratando de pegarse a mi cuerpo. Yo pensaba ‘¿por qué no hago nada y no puedo reaccionar?’”
Su esposa comenta que ha cambiado mucho, que desde que sufrió los abusos ya no duerme con ella: “Se aísla, se culpa de no haberse defendido; está triste, enojado, dice que se siente chiquito por no reaccionar”.
Él añade: “Me pronosticaban que iba quedar medio menso, lelo o que iba a estar todo el tiempo platicando con los marcianos. Afortunadamente, tuve una buena recuperación, pero ahora me topo con el daño que me ocasionó el doctor César”.
Carpetas judicializadas
Su abogado, José Francisco Zavala Castillo asegura que existen tres carpetas judiciales en contra de este neurólogo. A una de las víctimas, adulto mayor, le hizo sexo oral. Cuenta que primero les pone unas gotas en los ojos para adormecerlos: “Le hizo sexo oral, el señor eyacula y el doctor se comió el semen filmándose con un teléfono celular”.
La segunda víctima que lo demandó es un adulto mayor de 82 años, cuya hija lo denunció en el Hospital Ángeles y por eso lo despidieron. A pesar de todo, el Hospital San José de Querétaro lo contrató y siguió abusando de otros pacientes.
El abogado asegura que, según el informe de la Unidad de Análisis de Contexto de la Fiscalía de Querétaro, ha estudiado la personalidad del agresor:
“Escoge hombres que sean adultos mayores o cercanos a los 60 años, que tengan problemas neurológicos o con amnesia. No permitía que los familiares entraran a la sala de exploración donde tampoco hay enfermera. A dos de las víctimas les echaba gotas; a la persona que yo defiendo le ponía un trapo en la nariz para adormecerlo. Con eso les baja la resistencia, los acuesta y les toca el pene o les hace sexo oral. Según los testimonios, el doctor César N se desnuda y abusa de ellos con el pene erecto”, relata el abogado defensor.
Comenta que el proceso judicial inició a principios del presente año y que las autoridades judiciales primero lo dejaron en libertad con un brazalete, pero luego con la carga de las pruebas y testimonios, el juez decidió el pasado 18 de junio darle prisión preventiva justificada.
“No sabemos cuantas víctimas más hay, ni la cifra negra de sus víctimas, pero sabemos que hay muchos más. Para los hombres es muy difícil denunciar. El apellido Alcocer pesa mucho aquí, es de abolengo en Querétaro”.
Uno de los abogados del agresor es su propio hermano, Carlos Rafael Altamirano Alcocer, presidente del Consejo de Notarios de Querétaro: “Con las dos primeras carpetas el doctor César N fue suspendido de sus actividades médicas, no podía visitar hospitales, tenía un brazalete electrónico y la reclusión fue en el domicilio de su hermano en el Club Campestre. Ahora queremos que se quede en prisión, reparación del daño y que no salga. Necesitamos proteger a los adultos mayores. Él es un peligro para la sociedad”.
Hora de sanar
Mientras lucha por obtener justicia, AM piensa en las demás víctimas que no han denunciado seguramente no lo hacen porque tienen lesiones en el cerebro o problemas de memoria: “A mí me ha traído esto muchos problemas sicológicos. Siento desconfianza, inseguridad y me reprocho por qué no respondí en su momento. Las personas me ven sin cicatrices, sin nada; pero por dentro me siento fatal porque fui violentado ,me siento destruido”.
Está en terapia y con voz entrecortada dice que intenta comprender por qué el doctor lo eligió: “Ya no soy un chamaco, menos un modelo. ¿Qué características le cubrí para que me hiciera esto? Tal vez, fue por mis problemas neurológicos. Siento que estoy en un hoyo, espero tener la fuerza para poder escalar y salir de ahí al obtener justicia; repararme y seguir el camino”.
