▲ Con la tecnología digital también nos jugamos el futuro de la humanidad como especie, alerta el catedrático de la UNAM.Foto María Luisa Severiano
Laura Poy Solano
Periódico La Jornada
Lunes 17 de agosto de 2026, p. 6
Frente a la creciente irrupción de tecnologías digitales en la educación, incluida la inteligencia artificial (IA) generativa, debemos reflexionar cuál es su origen, cómo y con qué objetivo se insertan, porque “la soberanía educativa es tan importante que no podemos dejarla en manos de empresas tecnológicas, cuyos intereses están muy lejos del bien común”, advierte Mauro Jarquín Ramírez, experto en temas educativos y profesor de la Facultad de Filosofía de la UNAM.
En entrevista con La Jornada, aborda su obra más reciente: Pedagogía ludiata. Contra la megamáquina educativa del capitalismo digital, editada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), con la que convoca debatir sobre el “complejo panorama que la producción y el control capitalista de la tecnología digital para la educación, y el conjunto de ensamblajes sociales que la impulsan, representan para la posibilidad de construir una educación crítica y orientada al bien común”.
–¿Qué es el capitalismo digital y cómo está impactando nuestro sistema educativo?
Cuando hablamos de tecnología digital debemos entender que no sólo son herramientas, sino articulaciones sociotécnicas que intervienen en nuestra vida cotidiana. Son entidades en las que elementos técnicos y concepciones del mundo se articulan para generar un artefacto que condiciona nuestra vida.
“Son tecnologías que desde su diseño y la forma en que nos dicen se deben aplicar incluyen una ideología. Además, tienen un importante peso político, pues hemos visto cómo pueden incidir en elecciones, como la de Donald Trump, o en procesos como el Brexit en Reino Unido, pero también debemos subrayar que son producto de nuestro trabajo, no sólo es invención, y con la tecnología digital también nos jugamos el futuro de la humanidad como especie.
“Estos procesos también los vemos en la educación. Constatamos que al igual que las grandes empresas, hay dependencia de los servicios e infraestructura digital que proveen las llamadas Big Five de Silicon Valley (Google, Apple, Meta, Amazon y Microsoft), que son las cinco grandes empresas que han impulsado la adopción de la tecnología educativa (EdTech) en el mundo, y México no es la excepción.”
Jarquín Ramírez, colaborador de esta casa editorial y quien trabaja con colectivos y sindicatos docentes en el desarrollo de proyectos educativos alternativos y democráticos en México y América Latina, alerta que “estamos en un momento en el que el capitalismo ha digitalizado distintos segmentos de su reproducción”.
Y al mismo tiempo, afirma, en la educación se ha acelerado “el proceso de incorporación acrítica de una tecnología privada que es propiedad de los principales actores del capitalismo digital en términos de concentración de poder. Y en este contexto, la educación es posicionada como un espacio de reproducción del capitalismo digital”.
–¿Cómo podemos entender este proceso?
Lo que estamos enfrentando no es la inclusión únicamente de nuevas herramientas de productividad a los espacios educativos, sino la imposición de entramados sociotécnicos, que incluyen formas de entender el mundo, que condicionan el trabajo docente e implican determinadas formas de creación del conocimiento.
“Esto no es como cuando comenzó el uso de la calculadora, pues no implicó el desplazamiento de la función cognitiva de las personas ni el uso de modelos de lenguaje. Además, hay una nueva disposición en el ejercicio del poder en los centros de enseñanza, pues incide directamente sobre el trabajo docente, cuya creatividad es expropiada por tecnologías como deep learning, que son formas de aprendizaje que dan forma a la IA generativa.”
–¿Qué riesgos genera una adopción acrítica de la tecnología digital en la educación?
Cuando hablo de pedagogía ludita, que no significa ser tecnófobo, me refiero a construir una lectura materialista de la tecnología, es decir, saber qué está llegando a nuestras escuelas, cómo se produce y diseña, y cuáles son sus efectos. Y una vez realizado este análisis colectivo, revisar hacia dónde podemos caminar.
“La adopción acrítica de la tecnología, como se ha promovido en muchos espacios, e incluso en las universidades, puede ser un problema futuro, porque estamos dejando en manos de las empresas tecnológicas no sólo nuestro conocimiento expropiado, sino también nuestra capacidad para decidir por nosotros mismos qué queremos hacer.
“Hay que preguntarnos en manos de quién está toda esa información de nuestro sistema educativo que se ha depositado en la nube, y considerar que no es sólo tecnología, sino un proyecto expansionista e imperialista.”
