▲ Arizona (rojo) consiguió anotar seis carreras en la séptima entrada, incluido un grand slam.Foto Afp
Juan Manuel Vázquez
Periódico La Jornada
Lunes 27 de abril de 2026, p. a10
Todavía no empezaba el juego y Jesús Cerna Anguiano, guanajuatense y aficionado de los Padres de San Diego, esperaba impaciente el grito de playball. Miraba a un lado y otro del estadio, un poco abrumado por la multitud, un poco divertido por el entusiasmo que se contagiaba; atendía nervioso todo lo que sucedía a su alrededor como si no quisiera perderse ningún detalle de esta tarde de domingo de beisbol en la Ciudad de México. En el diamante se debatían sus amados Frailes en su segundo duelo de esta serie de Grandes Ligas, que esta vez perdieron por 7-12 ante los Diamondbacks tras una asombrosa voltereta de seis carreras en la séptima entrada.
A sus 80 años y desde una silla de ruedas para facilitarle la movilidad en este parque de pelota, don Jesús disfrutó de una pasión con el mismo entusiasmo de hace décadas. La pasión por el beisbol la tiene desde niño, pero la de los Padres cobró sentido por la biografía familiar; hace 15 años que sus hijos migraron a Estados Unidos; adónde más sino a San Diego como un destino marcado.
“Mis hijos me mandan todo. Viven en San Diego, eso fue una casualidad, pero ahora sigo mucho al equipo, que de por sí nos gusta tanto a los mexicanos”, dice orgulloso con su camisola y gorra de los Padres que le mandaron sus hijos.
Don Jesús tocó los dos extremos que un aficionado vive en este deporte. El apabullante inicio de este domingo protagonizado por sus Padres lo llevó a la cima y luego se despeñó a las profundidades de los derrotados, cuando los Diamondbacks reaccionaron de manera imprevisible.
San Diego había dominado durante seis entradas y media con escasa resistencia de Arizona. Luis Campusano produjo la primera en la segunda entrada.
En la tercera Manny Machado anotó el primero de sus dos jonrones; este primer tablazo fue de dos carreras al impulsar a su compañero Fernando Tatis Jr. En la quinta, Machado volvió a sacar la pelota con un cuadrangular ahora de tres carreras. Luis Campusano anotó la última de Padres con un vuelacercas en la sexta.
Hasta ese momento, Padres dominaba sin oposición de los rivales que parecían ausentes. Salvo por un par de cuadrangulares solitarios no se habían notado. Cuando el abridor de San Diego dejó la loma, con dos carreras producto de jonrones, tres imparables y ocho ponches, todo parecía bajo control. Pero entonces los D-Backs se revelaron.
La séptima entrada fue una pesadilla de seis carreras contra los Padres.
En ese capítulo se les llenaron las bases; Arizona sacó toda la ponzoña guardada. Tim Tawa midió el lanzamiento del relevista David Morgan y le pegó con una fuerza descomunal para sacarla por el jardín izquierdo y conseguir el grand slam y con esas cuatro carreras quedaban sólo una abajo de los Padres. Pero ahí no terminó la saña; Lourdes Gurriel produjo otro par que dieron la vuelta a la pizarra por 7-8 en ese mismo capítulo.
Ya habían hecho daño y los D-Backs no se detuvieron. En la octava asestaron otro rally; con cuatro carreras firmaron una voltereta emotiva que provocó los aplausos hasta de los seguidores de San Diego. Un rodado de Ildemaro Vargas produjo tres carreras cuando las bases estaban ocupadas. Y Ketel Marte produjo la de cortesía para Vargas y así cerrar la pizarra en un 7-12 espectacular.
“Fue una victoria con la que demostramos que nuestro ADN es luchar hasta el final”, dijo el mánager de Arizona, Torey Lovullo, al final del partido.
“Hubo varios momentos clave, pero sin duda el cuadrangular de grand slam de Tim, quien venía de un bache, y el batazo de Gurriel fue que dio este triunfo. Ha sido muy emotiva la respuesta del público mexicano y no quiero irme sin decir que haber jugado en esta ciudad ha sido un verdadero privilegio.”
La gente salió encantada aun cuando perdió su equipo favorito, los Padres de San Diego.
Don Jesús Cerna, el seguidor de los Frailes con 80 años, hacía fila para salir, ya sin silla de ruedas, sólo avanzaba despacio apoyado en su bastón; a pesar de la derrota lucía sonriente. En experiencias como esta, no todo ocurre en el diamante, o eso sólo es una parte; la gente viene también porque la vida sabe diferente en los domingos de parque de pelota.
