Si hablamos de trenes hoy, todo está orientado a acortar distancias. Pero hay otra forma de viajar en este medio de transporte en la que el tiempo no es la prioridad, sino la experiencia de mirar por la ventana y dejar que el paisaje avance poco a poco.
En estos trenes más lentos, el viaje cambia de ritmo. Las estaciones dejan de ser simples paradas y pasan a formar parte del recorrido, con gente que sube y baja en trayectos cotidianos. Desde el asiento el paisaje se transforma a nuestro paso, lentamente, dejándonos apreciar todos sus detalles. Y es que con calma, el viaje nos permite entender el territorio mientras lo atravesamos.
