Tres terremotos han sacudido Venezuela en la última semana. Los dos primeros provocaron 1.719 víctimas mortales (datos del lunes) y al menos, 5.034 heridos. La ONU calcula que puede haber hasta 50.000 desaparecidos entre los escombros de los numerosos edificios que se derrumbaron.
Al mismo tiempo que continúan las labores de rescate, los vecinos de la zona afectada duermen en carpas o plazas públicas. Prefieren hacer vida en tiendas de campaña antes que hacinarse en los refugios habilitados o volver a sus hogares sin que ningún experto haya revisado su estructura.
Antes de poner más vidas en juego estudiando el interior de las estructuras dañadas o adentrándose en los escombros en busca de más víctimas, una rama de la robótica lleva años especializándose en la gestión de estas emergencias. Robots cuadrúpedos se equipan con toda suerte de sensores para desafiar el terreno complicado y ser los ojos y oídos de los servicios de emergencia. También se diseñan robots blandos capaces de zambullirse en los espacios más complejos.
La avanzadilla
Actualmente en las situaciones de catástrofe o cuando se derrumba un edificio, los equipos de emergencia suelen utilizar tecnología como cámaras y sensores para comprender mejor los entornos operativos complejos. Sin embargo, muchas de estas herramientas cuentan con ciertas limitaciones.
Ante catástrofes o accidentes que han colapsado la infraestructura técnica del edificio o espacio, los efectivos de rescate se encuentran sin suministro eléctrico, luz, WiFi, señales GNSS ni de telefonía móvil. A esto se suma el humo y los escombros como intermediarios entre los técnicos y las posibles víctimas.
Robot sometido a pruebas en un túnel.
“Ya se ha investigado mucho en este campo. Sin embargo, los sistemas listos para usar en el terreno siguen siendo escasos”, explica Gerald Steinbauer-Wagner, investigador de robótica de la Universidad Técnica de Graz, en Austria. Desde esta universidad se han presentado recientemente dos robots pensados para actuar en rescates, reconocimiento de terreno peligroso o ante incendios.
El primero, está equipado con sensores avanzados con los que crear un mapa dinámico del terreno. A continuación, intercambia la información de posición obtenida mediante un transmisor UWB (Banda Ultraancha) con el personal de emergencia que avanza o trabaja simultáneamente, quienes también están equipados con etiquetas UWB y colocan anclas UWB a lo largo de su ruta.
Estas anclas permiten no solo una transmisión de datos estable, sino también medir la distancia entre todos los participantes, incluso sin línea de visión directa. Así se determinan las posiciones de los robots y las personas con una precisión inferior a un metro.
Además, este robot utiliza un escáner láser, una cámara y sensores en las ruedas para crear un mapa del entorno. Esto elimina la necesidad de que los equipos de emergencia dependan de mapas potencialmente desactualizados o dañados. Por su parte, los equipos de rescate llevan sensores inerciales (acelerómetros y giroscopios) en sus zapatos. Mediante análisis basados en inteligencia artificial, el sistema reconoce distintos patrones de movimiento, como caminar, gatear o arrastrarse.

Mientras que este modelo utiliza ruedas para desplazarse por terreno llano, otros proyectos recurren a los clásicos robots de cuatro patas. Este es el caso del segundo modelo presentado por la Universidad Técnica de Graz. Su función, en cambio, es identificar la presencia de sustancias peligrosas tras incendios u otros accidentes en entornos industriales.
El robot se despliega antes de la operación. Esta máquina hace de avanzadilla y mide las concentraciones de contaminantes y proporciona los datos, junto con una imagen de cámara en tiempo real de la zona peligrosa. Para ello se ha combinado un robot compacto de cuatro patas con dispositivos de medición ya establecidos en los cuerpos de bomberos.
En este caso, tampoco se utilizan sistemas de comunicación externos como redes satelitales GNSS y se recurre a componentes comerciales para la movilidad, los sensores, el procesamiento de datos, la comunicación y la visualización.
Robots blandos
A la hora de adentrarse en una zona repleta de escombros, también se necesitan máquinas capaces de infiltrarse allí donde no hay un camino marcado. El ingenio es clave en el desarrollo de estos robots, hasta el punto de diseñar un modelo enredadera que puede crecer y maniobrar alrededor de obstáculos y a través de espacios reducidos.
Así es Sprout, el robot que ayudará a los equipos de emergencia
En este sentido, un buen ejemplo nace de los laboratorios del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). La Unidad Robótica de Observación de Trayectoria Suave o Sprout por sus siglas en inglés (Soft Pathfinding Robotic Observation Unit) permite explorar, cartografiar y encontrar rutas óptimas de entrada a través de los escombros.
Sprout es un robot realmente sencillo, formado por un tubo hinchable de tejido hermético que se despliega desde una base fija y que se infla con aire. Un motor controla el despliegue y a medida que el tubo se adentra en los escombros, este se puede doblar en las esquinas para colarse por pasadizos más estrechos.
Por su parte, la cámara y los sensores integrados y montados en la punta del tubo se encargan de tomar imágenes y de cartografiar el entorno por el que navega el dispositivo. Un robot que está dirigido y controlado por un operario, quien usa unos joysticks para moverlo.
