Los hermanos Colombo, Stefano y Max, son una leyenda de la hostelería barcelonesa. Llegaron sin avisar y pillaron a la gastronomía de la capital catalana con la guardia baja cuando subieron la persiana del Xemei, un restaurante de raíces venecianas que tardó poco en convertirse en una parada obligatoria para los amantes de la buena cocina y los fanáticos de la pasta y que hasta rozó el culto cuando Woody Allen llegó un buen día tarde a su reserva y le dijeron que ya se podía volver por donde había venido.
Sin embargo, no fue hasta que abrieron el Bar Brutal cuando pasaron a la escena global donde son un referente desde hace más de una década. Su apuesta por los vinos naturales, lo exclusivo de su cliente, lo osado de su ubicación y una carta en la que abundan los platillos y se desdeña lo pomposo, los ha llevado a la cima, hasta ser considerado el mejor bar de vinos del mundo.
