El sector de la automoción de Catalunya ha decidido cambiar de estrategia: dejar atrás la posición defensiva y pasar decididamente al ataque. Así de contundente se mostró Josep Maria Vall, presidente del Clúster de la Industria de Automoción de Catalunya (CIAC), durante el encuentro Mítind d’Auto que reunió a directivos del sector y responsables de la administración.
“Estamos en la tormenta perfecta y todavía no ha amainado”, reconoció Vall de forma realista. Sin embargo, lejos de la parálisis, el mensaje fue de autoafirmación y ambición. El automóvil sigue siendo el gran motor de la economía catalana, sosteniendo 150.000 empleos y consolidándose como la pieza clave para la competitividad, la innovación y la reindustrialización del territorio.
Un polo de electromovilidad indiscutible
El sentir generalizado entre los ponentes es que los deberes se están haciendo bien. A pesar de las dudas que genera el ritmo de adopción del vehículo eléctrico en los concesionarios, las empresas catalanas han demostrado una flexibilidad y capacidad de adaptación fuera de lo común. “La electromovilidad no tiene vuelta atrás”, insistió el presidente del CIAC.
Las fuertes inversiones industriales ya ejecutadas y las que siguen en marcha —muchas de ellas focalizadas en la nueva movilidad cero emisiones— sostienen esta afirmación. La cadena de valor catalana no solo no se ha detenido, sino que gana peso de manera estratégica con mayor soberanía tecnológica, menos dependencia exterior en componentes críticos, atracción de capital y con el objetivo final de elevar el listón para consolidar definitivamente a Catalunya como “el gran polo de electromovilidad del sur de Europa”.
En este sentido, Xavier Roca, director general de Industria de la Generalitat, aportó la perspectiva institucional y de mercado, recordando que Catalunya cuenta con un tejido robusto de más de 300 empresas industriales dedicadas a la automoción. Roca enfrió los discursos alarmistas matizando que, en esta transición hacia el residuo cero, los eléctricos convivirán de forma natural con otras tecnologías.
Por su parte, Vicenç Aguilera, consejero de Ebro, respaldó este optimismo apoyándose en la evolución de la renacida marca y la reindustrialización de la antigua planta de Nissan de Barcelona: “Tenemos una buena base industrial y las ventas de vehículos electrificados dominan” el horizonte estratégico. La proyección exterior de este ecosistema sigue activa, con la mirada puesta en mercados clave como Portugal, Bulgaria, Croacia y Eslovenia antes de dar el salto a otros países.
Uno de los grandes retos analizados fue el factor humano. La automoción catalana ya no se mide bajo los parámetros de la mecánica tradicional. La digitalización, las baterías y el software exigen una profunda reconversión formativa. “En talento, necesitamos adaptarnos al cambio”, se advirtió durante la jornada; la innovación real pasa por actualizar las competencias de los trabajadores al mismo ritmo que evolucionan las líneas de montaje.
La alianza con defensa
Una de las vías de diversificación más innovadoras y realistas que se pusieron sobre la mesa fue la confluencia con el sector de la defensa, una alternativa estratégica ante los valles de actividad de la automoción tradicional. Aquí es donde entra en juego el concepto de tecnología dual: transferir el know-how del automóvil a los vehículos militares, un sector emergente que puede actuar como boya de salvamento y acelerador tecnológico mutuo.
Modesto Martínez, director de desarrollo de negocio de Indra Land Vehicles, fue el encargado de dibujar este puente de colaboración. Con una cartera de contratos de vehículos que asciende a 7.500 millones de euros, las magnitudes del sector defensa ofrecen una estabilidad muy atractiva: la vida media de un vehículo militar oscila entre los 30 y los 40 años.
Martínez lanzó un guante a los proveedores catalanes: “Antiguamente había empresas que lo hacían todo. Eso ahora es complicado. Indra quiere ser tractora de otras empresas, universidades y centros tecnológicos. Tenemos mucha intención de colaborar con la industria de la automoción”. Esta alianza busca tejer relaciones comerciales sólidas a medio y largo plazo, pero exigirá un esfuerzo conjunto en ingeniería compartida y codesarrollo, flexibilidad en la fabricación, certificaciones estrictas y controles de calidad homologados.
