▲ Fabricantes ahora impulsan el consumo de vapeadores y cigarros electrónicos sin revelar el impacto a la salud.Foto Yazmín Ortega Cortés
Aldo Anfossi
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 30 de mayo de 2026, p. 16
Santiago. Cerca del Día Mundial sin Tabaco, el 31 de mayo de cada año, la industria tabacalera difundió a escala continental su versión de que el contrabando y comercio ilícito de cigarrillos se disparó a niveles astronómicos en la región, que un tercio del mercado sería informal y que eso deja 8 mil 500 millones de dólares en pérdidas fiscales.
El discurso promueve también la masificación de vapeadores y cigarrillos electrónicos, cuya comercialización está legalmente impedida en México. Desde las sociedades médicas y las organizaciones civiles salieron a enfrentar aquello, recordando que las tabacaleras son el problema, que el comercio ilícito está asociado a ellas y que los dispositivos, además de convertirse en basura electrónica, fueron desarrollados para inducir nuevos fumadores jóvenes.
Sin desconocer el incremento del comercio en negro, plantean que se requiere un enfoque internacional, desde los gobiernos para atajarlo.
“Tiene que haber un trabajo coordinado de aduanas, policías, controles fronterizos, sistemas de monitoreo, rastreo de la cadena logística y acciones penales; se debe involucrar al Poder Judicial, a las cancillerías para establecer medidas a fin de proteger a toda América Latina y al mundo”, indicó el médico Giovanni Escalante, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Jaime Mañalich, ex ministro chileno de Salud, asegura que “hay una organización mundial de tabaco extremadamente poderosa, con financiamiento mucho mayor que la OMS; se despliega con estrategias e instrumentos para coaccionar parlamentos, contralorías, aduanas; es ingenuo mirar un conflicto de esta magnitud y globalidad sólo como una batalla particular de un país”.
Guillermo Paraje, economista experto en salud, expone que al norte de América Latina el ilícito viene principalmente de Asia, mientras en Sudamérica el proveedor es Paraguay. “Ni siquiera hay una organización, es una empresa. Entonces, es un problema político, diplomático, que se empieza a resolver cuando las autoridades llaman al embajador paraguayo y le plantean: ‘explícame qué es esto’”, expone.
El Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya divulgó en 2021 que allí se fabrican 2 mil 700 millones de cajetillas anualmente, de las cuales 200 millones fueron consumo local, mientras las exportaciones fueron una fracción minúscula: no más de 250 mil.
“Dos tercios del comercio ilícito global es realizado por firmas que operan lícitamente. Lo hemos visto en Ecuador: 50 por ciento de los cigarros marca Marlboro son contrabandeados desde Colombia, donde Philip Morris International (PMI) los importa desde México y luego desaparecen”, señala Paraje.
En noviembre de 2000, la Unión Europea demandó a PMI y a otras compañías. PMI accedió a pagar mil 250 millones de dólares en 2204. Algo idéntico hicieron Japan Tobacco International, en 2007, y British American e Imperial Tobacco en 2010, reportó European Parliament News.
“El comercio ilícito global se estima en 10-11 por ciento y es estable en los recientes 10 años, pero el consumo de cigarrillos bajó; es decir, el absoluto de cigarrillos contrabandeado también disminuyó y esto se debe a iniciativas de la OMS y países actuando en serio”, agregó.
Paraje desestima que la existencia de impuestos altos impulsen el contrabando: en Chile, en 20 años, mientras el precio subió 200 por ciento, la prevalencia mermó de 46 por ciento en 2006 a 30 por ciento.
Una parte del incremento fue por más impuesto, pero la industria también encareció sus tabacos.
“Ellos los suben y ganan más, porque la demanda de tabaco, por ser adictivo, no responde tanto a precios, y crecen más que proporcionalmente sus ganancias, no hay contrabando”, ironiza.
Alerta que en buena parte de la región, el debate acerca del vapeo y fumado electrónico “está marcada por el tono que quiere darle la industria. Nos han complicado y confundido, nos han metido en una discusión irrelevante acerca de riesgos, pero pasarán años antes que sepamos si la afectaciones son mayores o menores. Lo que sí sabemos hoy es que son adictivos, causan enfermedades y que están siendo consumidos por niños y niñas de 10 años”.
