Lilian Hernández Osorio
Periódico La Jornada
Lunes 8 de junio de 2026, p. 14
Epi es una perrita de dos años de edad que brinda apoyo emocional en la Defensoría de los Derechos Universitarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su presencia ha logrado que alumnas y alumnos, especialmente víctimas de violencia de género, tengan la confianza de expresarse tanto con las abogadas como con las sicólogas.
Al acercarse y permanecer a su lado transforma por completo una situación tensa en un ambiente de paz y seguridad para los jóvenes, quienes muchas veces acuden con temor, incredulidad y mucha desconfianza.
Epi fue rescatada en una carretera federal del municipio Epitacio Huerta, en Michoacán. De ahí el origen del nombre de quien se ha convertido en una “co-terapeuta” que cumple el cometido de la leyenda que porta en su pechera: “Apoyo emocional”. Por lo que este proyecto piloto podría dar paso a la creación de la Unidad Canina de Apoyo Emocional en un largo plazo.
“Este proyecto surgió justo de la búsqueda de nuevas formas de acompañamiento. La titular de la Defensoría, Guadalupe Barrena, siempre trató de buscar estrategias que fortalecieran una atención integral y sensible a las necesidades de las personas que se acercan a nuestros servicios y fue así como inició el apoyo emocional con Epi”, detalla Samantha Rivera Flores, jefa del departamento del área de género de la Defensoría, quien la rescató en aquella carretera y adoptó.
Tras llevarla de cachorrita a la oficina, relata, se percataron de que es sociable, cariñosa y sensible a las necesidades de las personas que se acercan a sus servicios, pues tiene una habilidad especial para detectar la emoción de las personas.
Al percibir estas cualidades, inició el entrenamiento de Epi. Veterinarios y etólogos (especialistas en el estudio del comportamiento animal), evaluaron si podía ser parte del equipo de la Defensoría y no resultara un proyecto improvisado.
▲ La perrita, de dos años de edad, brinda ayuda emocional en la Defensoría de los Derechos Universitarios.Foto La Jornada
La conclusión fue que sí contaba con características especiales porque transmite mucha paz y a partir de ello se creó la guía básica para la creación de la Unidad Canina.
Paseos cortos en horarios fijos
No obstante, los médicos también establecieron ciertas normas para que esta perrita libere todas las emociones que atiende, por lo que debe salir de la oficina cada tres horas para paseos cortos en horarios fijos y uno al final de la jornada de hora y media. Además, se determinó que sólo asista dos días a la semana, porque sería muy desgastante que acuda los cinco días laborales.
La joven perrita no sólo sigue comandos básicos como “siéntate”, sino que fue entrenada para saber acercarse a las personas sin efusividades que pueden asustar a los estudiantes que llegan a pedir ayuda.
“Epi aprendió a detectar muy bien con quién se acerca y con quién no. Es muy intuitiva y sabe a quién le puede generar confianza”, cuenta su cuidadora primaria.
La atención y sesiones con las víctimas se ofrece en cubículos y la perrita decide con quién entrar y saludar, pero también hay ocasiones que no quiere acercarse y se respeta.
“Ha ayudado a que puedan expresar y verbalizar situaciones que en un primer momento no es tan fácil. Cuando Epi está presente, las tranquiliza. De hecho, hubo una ocasión, que la chica la empezó a acariciar y de repente la abrazó y empezó a llorar, cuando Epi se salió del cubículo, la sicóloga continuó con la sesión y pudo avanzar”, destaca.
A un año de otorgar esta atención, Samantha Rivera comenta que más allá de llevar un registro cuantitativo de sus logros, su acompañamiento emocional provee espacios más cálidos que sin ella sería imposible generar.
