▲ El conjunto español fue fiel a su estilo de toque, desmarque, velocidad y precisión, el cual rindió frutos cuando Ferran Torres (7) anotó y dio el segundo título de la Copa del Mundo a los ibéricos, que se suma al que obtuvieron en Sudáfrica 2010.Foto Ap
▲ Una nueva era ha comenzado en el balompié internacional: hoy es tiempo de España, que alzó el trofeo en un torneo que pudo ser el último para Lionel Messi, el crack argentino, quien se fundió en un abrazo con Lamine Yamal, la flamante joya del balompié. El relevo generacional está en marcha. En Buenos Aires, miles de aficionados vieron caer a su ídolo por segunda vez en una final de Copa del Mundo.Foto Ap y Xinhua
De La Redacción
Periódico La Jornada
Lunes 20 de julio de 2026, p. 2
España conquistó la final de la Copa Mundial más grande en la historia del futbol. Durante casi seis semanas y 104 partidos, la Furia Roja defendió la idea del trabajo en equipo como la característica única de su juego. “Todos para uno y uno para todos”, aquel lema que Alejandro Dumas inmortalizó en Los tres mosqueteros, llevó al monarca de Europa a su segundo campeonato del mundo al vencer en la prórroga 1-0 a Argentina en el estadio Nueva York-Nueva Jersey, escenario que hasta el jueves se encontraba sumergido en el humo procedente de los incendios de Canadá y que, horas antes del silbatazo inicial, sufrió las perturbaciones de tormentas eléctricas con riesgo de inundación.
Dieciséis años después de estrenar su palmarés en la mayor cita de este deporte (Sudáfrica 2010), el equipo de Luis de la Fuente fue fiel a su receta de dominio y posesión, fórmula que le permitió construir una defensa de acero. El gol de Ferran Torres (106), autor de un zurdazo furioso a pase de Nico Williams, puso fin al heroísmo del arquero Emiliano Dibu Martínez, la gran figura de una calurosa jornada a las afueras de Nueva York, con al menos 11 atajadas, la mayoría de ellas con dirección a su portería.
La victoria de la Furia Roja significó también la despedida de Lionel Messi, quien a sus 39 años jugó –según ha declarado– su último encuentro en un Copa de la FIFA, sin poder defender la corona conquistada en Qatar 2022. En la última función de un gigantesco torneo que ofreció emociones, sorpresas, dramáticas remontadas, goles espectaculares y controversias –desde las tensiones políticas en torno a la participación de Irán hasta las críticas contra innovaciones como las pausas de hidratación, impopulares entre miles de aficionados–, el capitán de la Albiceleste no pudo mantener el brillo.
“¿Cómo hicimos para recuperar la esencia de esta selección?”, se preguntaba el seleccionador rosarino, Lionel Scaloni, en la previa del partido. “Diciéndole a los jugadores que compitan como en el potrero”. Y eso fue precisamente Argentina: potrero, un estilo amateur y callejero, caracterizado por la fuerza, la improvisación y el talento individual a falta de ideas. El campeón de 2022 perdió por lesión a sus dos centrales titulares, se quedó con un jugador menos tras la expulsión por doble tarjeta amarilla de Enzo Fernández y sobrevivió gracias al árbitro, que lo rescató un par de veces anulando tantos en contra.
A pesar de las adversidades, no hubo en este Mundial –realizado en tres países y con 48 selecciones– un rival que bailara mejor sobre el alambre que la Albiceleste, mucho menos uno más peligroso al estar herido. En más de 120 minutos de la final, España concretó 20 ataques y 740 pases completos, desplegando un tiki-taka parecido a las bellas artes: toque, desmarque, velocidad y precisión. La Albiceleste sólo una vez tocó a la puerta de Unai Simón, ya con el marcador en contra en tiempos extras y ante la urgencia de volcarse al ataque con todos sus hombres. Si resistió contra viento y marea no sólo fue por la presencia de Messi, sino por las manos salvadoras de Martínez.
Dibu se agigantó en el área. Atajó al menos cinco remates con sello de gol, multiplicándose y moviéndose como un gato cuyas siete vidas parecieron infinitas hasta antes del 1-0 de Ferran. Más que sentirse oprimido por el escenario, el arquero se envalentonó: miró a las gradas después de cada lance, desafío a los españoles detrás de su arco y pidió que elevaran los cánticos en su contra. Perdió a Cristian Romero y Lisandro Martínez, sus centrales, pero aun así logró ser un auténtico guardaespaldas de los suplentes Nicolás Otamendi y Facundo Medina.
España construyó una y otra vez pequeños castillos en el área ri-val, pero no lograba abrirlos para el festejo. Remates de Lamine Yamal, intentos de Marc Cucurella desde fuera del área, fallos increíbles de Dani Olmo, Mike Merino y Nico Williams que ahogaron el grito de gol en momentos decisivos. Leandro Paredes, quien ingresó de cambio para equilibrar el medio campo de la Albiceleste y repartió golpes en pleno festejo ibérico, cumplió su primera misión al instante: raspar y cortar el juego de los mediocampistas españoles. Sólo así pudo detener su avance. Un puñetazo por la espalda y luego una serie de empujones frente al árbitro le valieron la tarjeta amarilla en menos de cinco minutos.
La expulsión de Enzo Fernández por doble tarjeta amarilla modificó el guion de los minutos finales. El mediocampista del Chelsea, sancionado inicialmente por reclamar al árbitro, llegó a destiempo a la disputa de una pelota y arrolló a Pau Cubarsí, quien voló por los aires y cayó al suelo de forma estrepitosa. Aquella acción determinó su salida al 90+3. Acompañada desde un palco por sus reyes y el jefe del gobierno, Pedro Sánchez, además de los héroes de la conquista en 2010 –entre ellos Andrés Iniesta, autor del gol en tiempos extras ante Países Bajos–, España sometió al campeón de América.
El zurdazo de Torres, precedido de un pase retrasado de Nico Williams, impulsó a la Furia Roja a levantar el trofeo luego de dejar en el camino a pesos pesados: Portugal en octavos, Bélgica en cuartos y Francia en semifinales. Del otro lado, además de perder su reinado, Messi se quedó a un gol de alcanzar al francés Kylian Mbappé como el máximo anotador en la historia de los mundiales (22). El juez esloveno Slavko Vincic anuló un gol de Nico Williams por una dudosa falta de Mikel Merino sobre Nicolás Otamendi y otro ante un supuesto fuera de lugar.
España alineó de titulares a dos adolescentes de 19 años: Lamine Yamal y Pau Cubarsí. Ningún equipo había tenido a más de un jugador de su edad en una alineación finalista. Ambos se unieron a Pelé, quien tenía 17 años cuando Brasil se coronó en Suecia 1958, Giuseppe Bergomi (18 cuando Italia ganó el torneo de España 1982) y Mbappé (19, en Rusia 2018) como los reyes de menor edad en la historia del torneo.
Más de 6 millones de asistentes
La Furia Roja se ha convertido en una monarca absoluta al conquistar los campeonatos del mundo en categorías varonil y femenil, además del trofeo continental y los Juegos Olímpicos.
El mercado de reventa de la FIFA permitió a los vendedores ofrecer entradas por muchísimo más que su valor nominal, incluidas algunas para la final por poco menos de 2.3 millones de dólares. Aun así, los aficionados acudieron en multitud a las gradas del estadio de Nueva Yok-Nueva Jersey, donde ayer se registró una entrada de 82 mil 500 espectadores.
Según datos de FIFA, la asistencia total a la copa tripartita fue de 6 millones 810 mil 966 personas.
