▲ Fluvio César Ruiz Alarcón es analista energético.Foto Archivo Cristina Rodríguez
Julio Gutiérrez
Periódico La Jornada
Lunes 10 de agosto de 2026, p. 17
El fracturamiento hidráulico para extraer gas, fracking, no está exento de riesgos, pero los avances tecnológicos y regulatorios han permitido reducirlos de manera importante, por lo que ya no puede considerarse una técnica necesariamente crítica para el medio ambiente, afirmó Fluvio César Ruiz Alarcón, analista del sector energético y ex consejero profesional de Petróleos Mexicanos (Pemex).
Sin embargo, las comunidades donde podría realizarse esta actividad tienen razones de peso para oponerse, principalmente por una memoria histórica marcada por los estragos que dejó la expansión petrolera en distintas regiones del país, donde durante décadas hubo poco cuidado ambiental y escasa consideración hacia las poblaciones locales, señaló el experto.
El fracking consiste en inyectar a presión una mezcla de agua, arena y productos químicos en formaciones rocosas profundas para abrir pequeñas grietas y liberar el gas natural atrapado. La técnica se utiliza principalmente para extraer gas de yacimientos que no puede obtenerse mediante los métodos convencionales.
Según datos oficiales, alrededor de 64 por ciento de la electricidad que se genera en el país tiene como fuente principal el gas natural. Su disponibilidad resulta esencial para abastecer a millones de hogares, comercios e industrias que dependen del suministro eléctrico para sus actividades cotidianas.
El gobierno busca aumentar la producción nacional del energético para alcanzar la soberanía energética y es por ello que ahora plantea el uso del fracking.
De acuerdo con el Programa Sectorial de Energía 2025-2030, México importa alrededor de 70 por ciento del gas natural que consume, principalmente de Estados Unidos.
Para Ruiz Alarcón, el fracking ha evolucionado: es un método que requiere menos agua, utiliza materiales más comunes y cuenta con nuevas formas de perforación que permiten reducir riesgos de contaminación.
“Ha habido una evolución muy importante. El uso intensivo del fracking que se ha hecho durante 24 años en Estados Unidos y durante casi 10 en Vaca Muerta ha permitido mejorar la técnica. Los riesgos siguen existiendo, pero ha habido una evolución muy importante.”
Uno de los principales avances, explicó, está relacionado con el uso y tratamiento del agua. Después del fracturamiento inicial, cuando se requiere agua externa, el proceso puede aprovechar el líquido que se encuentra de manera natural en el propio yacimiento.
“El reto es qué hacer con el agua que sobra. Más o menos obtienes tres barriles por uno de crudo. Eso es lo que se ha ido tratando y, dependiendo de las condiciones geológicas, incluso se ha logrado que uno de los residuos finales sea litio.”
Ruiz Alarcón señaló que los niveles de reúso del agua ya forman parte de prácticas que pueden ser aplicadas por las empresas que desarrollan este tipo de proyectos.
Otro cambio, agregó, está en los materiales utilizados para hacerlo, pues las empresas ya no requieren arenas con características tan específicas como en los primeros años.
Historia de explotación
Pero la oposición de las comunidades no responde sólo a los posibles efectos de la técnica, sino a una larga historia de explotación petrolera en la que las poblaciones locales han visto poco cuidado ambiental y escasa atención a sus intereses. Esa experiencia, sostuvo, explica la desconfianza ante nuevos proyectos.
“Hay una triste y lamentable historia larga de poco miramiento, de poca observancia de criterios de mitigación ambiental y de protección a las comunidades en todos los ámbitos, en particular en el petrolero. Esa larga historia es lo que está detrás de esta susceptibilidad.”
Para revertir esa desconfianza, consideró necesario llevar la discusión a las comunidades y explicar con información los avances y los riesgos actuales de la técnica, en lugar de imponer los proyectos.
“Hace falta una gran labor didáctica. Hay que ir justamente a las comunidades y explicar a la gente por qué necesitamos discutir el asunto, cuáles son los términos reales de esa discusión, cómo se hace hoy el fracturamiento y cuáles son sus resultados. No se trata de ir a imponer nada a nadie, sino dar elementos.”
