▲ Fotogramas de la película Ceniza en la boca protagonizada por las actrices Anna Díaz y Adriana Paz
Daniel López Aguilar
Periódico La Jornada
Domingo 19 de julio de 2026, p. 9
Hace 16 años, el padre de Diego Luna lo vio presentar Abel en el Festival de Cannes. En su regreso con Ceniza en la boca, quien ocupó aquella butaca fue su hijo. Entre ambas imágenes cambió el lugar desde el cual observa a una familia. La pregunta, en cambio, permaneció: qué dejan las ausencias.
“Mi tema siempre ha sido padres e hijos”, reconoció el actor, director y productor en entrevista con La Jornada. “Es el mismo que no me suelta o que no suelto, pero con una vida encima ya, con una reflexión mucho más adulta y, pues espero, más madura”.
Después de su estreno mundial en Cannes, la adaptación cinematográfica de la novela de Brenda Navarro competirá en Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián. Llegará a los cines españoles el 9 de octubre, distribuida por Avalon, y formará parte del Festival Internacional de Cine de Morelia antes de su lanzamiento comercial en México.
La paternidad modificó la manera en que Diego Luna contempla esos vínculos. Esa historia le permitió volver sobre preguntas que ya eran suyas y llevarlas al cine.
“Todo empezó con una emoción”, recordó. “La incapacidad de esta madre de comunicarse y de explicarse ante sus hijos. Una hija que siente un abandono frente a una madre que entiende ese alejamiento como un sacrificio. Esa confrontación de perspectivas me parecía muy interesante”.
Esa confrontación de perspectivas permanece en la película dentro de una familia marcada por la migración hacia España. Cuando ocurre el rencuentro entre Lucila y sus hijos, la distancia acumulada persiste y cada uno conserva una lectura distinta de esa separación.
En ese recorrido migratorio Luna (Ciudad de México, 1979) encontró una conversación poco explorada por el cine nacional: la llegada a Europa como una alternativa distinta para quienes buscan comenzar de nuevo, pero también como un camino lleno de obstáculos.
“El libro me contó la migración desde una perspectiva que me pareció muy sorprendente. Llegas a un lugar donde se habla tu mismo idioma y después te encuentras con otros múltiples obstáculos que no imaginabas.”
La historia terminó dialogando con su propia experiencia como padre. Más que una historia ajena, la cinta le permitió mirar los vínculos familiares desde el lugar que hoy ocupa.
“En el fondo, esta película me daba la oportunidad de hablar de la paternidad, de cómo se va complejizando la relación entre padres e hijos y, por ende, del punto en el que estoy como papá y del entendimiento quizá de hijo, con mi propio padre”.
La figura de la madre es otra de las líneas del relato que adquirieron un sentido personal para Luna.
“Siempre las historias de hijos que crecen sin la figura materna y la reflexión de qué pasa me terminan envolviendo. Este proyecto muy pronto se volvió muy personal.”
El guion fue escrito por Abia Castillo, Diego Luna y Diego Rabasa. En ese proceso, el realizador mantuvo abierta la escritura al trabajo de los intérpretes, el rodaje y la edición.
“Las escenas se terminan de rescribir en el cuarto de edición. Están siempre vivas. El proceso de los actores y la forma de llegar a donde les pides que lleguen te puede terminar haciendo replantearte lo que habías escrito.”
▲ Ceniza en la boca, la nueva película dirigida por Diego Luna aborda el tema de la migración mexicana en España, competirá en la sección Horizontes Latinos de la próxima edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.Foto Pipo Fernández
Esa misma apertura aparece en su relación con la literatura. Luna rechaza la idea de que una novela contenga una única versión cinematográfica posible.
“En los libros habitan múltiples posibilidades de películas. Probablemente alguien se acerque a esa novela y haga una adaptación igual o más valiosa. Eso en la literatura es inagotable, que es lo chingón.”
Trabajo colectivo
Además de dirigirla y participar en la escritura del guion, impulsó la película desde la producción. La Corriente del Golfo, compañía que fundó junto con Gael García Bernal, respaldó el proyecto desde México, mientras Inna Payán y Valerie Delpierre encabezaron la producción desde España.
Al hablar de ese trabajo colectivo, destacó la labor de Payán. “Me gusta estar presente y acompañar todos los procesos. “Inna tiene un arrojo como productora, una capacidad de involucrarse que hace el camino del director excepcional.
“El cine de por sí es ya un acto medio de terquedad. Si vas a hacer cine, no lo puedes hacer en tus ratos libres, no te puedes involucrar tangencialmente. Hay que meterse hasta el fondo.”
Esa idea guio también la búsqueda del elenco. Anna Díaz llegó al personaje de Lucila después de un proceso en el que revisaron a más de 200 actrices. Una sesión junto a Adriana Paz permitió encontrar el vínculo entre madre e hija que buscaba la película.
“Desde que hicimos la primera toma era obvio. Ellas ya empezaron en un lugar que a mí me parecía correcto para que fuera la escena de la película. Nos tenían ahí llorando a todos.”
Dirigir Ceniza en la boca también confirmó una certeza para Diego Luna: tener algo propio que contar.
“Tengo la sensación de que fue hasta que me convertí en padre que sentí que había experimentado ese otro lado de esta relación. La idea de fantasear con múltiples opciones de mi propia vida se terminó de materializar cuando sentí esa responsabilidad.”
Esa certeza alcanzó también sus decisiones profesionales. A los 19 años comenzó a alejarse de los proyectos televisivos que no coincidían con la mirada que quería construir. Poco después llegó Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, y su carrea tomó otro rumbo.
Al reflexionar sobre el momento que vive México en la producción audiovisual, reconoció un escenario distinto al que encontró cuando comenzó: más herramientas, más voces y nuevas posibilidades para contar historias.
“Hay una libertad y hay un desparpajo en quienes están haciendo cine que celebro muchísimo. Hay que ser disruptivos, hay que ser ruidosos, tercos y rebeldes; no pedir permiso, contar nuestras historias con convicción y con rigor”.
Al volver la vista a su recorrido, ubicó su mayor fortuna lejos de los reconocimientos, los festivales o la taquilla. La encontró en las personas que han acompañado su camino y en las complicidades construidas durante años.
“Pocas veces tiene uno la oportunidad de hablar de eso. En general hablamos de los logros, de las películas, de los festivales y de los boletos, pero la gran fortuna ha estado en otro lado. Lo demás termina siendo consecuencia”.
