Aquel domingo en el entonces Distrito Federal, Maradona despertó más temprano de lo que acostumbraba. Era un amanecer espléndido aquel 22 de junio de 1986 y Diego estaba de un humor inmejorable. En la frugalidad de su pequeña habitación en Coapa, de ladrillo expuesto y con apenas lo básico, destacaba una Virgen de Luján que había traído desde Buenos Aires. Después, con la ceremonia de los días de fiesta se bañó y se afeitó; con la frescura en el ánimo se dirigió a desayunar con sus compañeros de la selección argentina.
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