“Cada disco de Beastie Boys es un testimonio del momento que vivíamos”: Mike Diamond
▲ “Ser humildes no era parte de nuestro programa a los 18 o 19 años”, ahora “ya no cantó para superar o complacer a mis otros dos compañeros de banda, por eso fue genial contar con la participación de mis hijos”, reflexiona Michael Diamond.Foto tomadas de la página de Facebook del músico
Kevin Eg Perry
The Independent
Periódico La Jornada
Lunes 31 de agosto de 2026, p. 6
Cuando Michael Diamond comenzó a trabajar en su primer álbum en solitario, no pudo evitar pensar en su difunto compañero de banda Adam MCA Yauch. Han pasado 14 años desde que su compañero de Beastie Boys falleció de cáncer a los 47 años, una tragedia que puso fin de forma repentina al trío de hip-hop tan innovador que compartía con Adam Ad-Rock Horovitz.
Todo este tiempo después, Yauch sigue muy presente en la mente de Diamond. “Era como un hermano mayor para mí”, dice el rapero conocido como Mike D. “Siento que influyó en la creación de este disco”.
Según explica, fue Yauch quien impulsó al grupo a perseguir sus sueños más ambiciosos. “Nunca nos permitió limitarnos a lo que parecía sensato o realista”, recuerda Diamond. “Por muy grande o descabellada que fuera la idea, sin duda alguna, esa era la que debíamos perseguir”.
El álbum de Diamond, Thank You, no suena como un disco de Beastie Boys, pero posee una destreza verbal similar y una paleta sonora impredecible que va desde breakbeats selváticos hasta ritmos de sintetizador relajados. A sus 60 años, Diamond ha regresado renovado y lleno de energía tras su tiempo alejado del micrófono, pero también es mayor y más sabio que aquel MC arrogante que una vez se autoproclamó “el cabrón más genial de aquí a Gardena”.
Diamond jamás se imaginó como una figura veterana del rap. Cuando los Beastie Boys lanzaron su álbum debut, Licensed to Ill, en noviembre de 1986, pocos habrían creído que se hablaría de él con tanta reverencia 40 años después. El director de su sello discográfico, Def Jam, el magnate del rap Russell Simmons, les aseguró que el género no tenía ninguna posibilidad de perdurar. “Fue muy claro”, dice Diamond. “Nos lo dijo literalmente: ‘no hay catálogo en el rap’”.
Licensed to Ill fue un fenómeno, el primer álbum de rap en alcanzar el número uno de la lista Billboard. Producido por Rick Rubin, cofundador de Def Jam, quien consiguió que miembros del grupo de metal Slayer aportaran partes de guitarra sin acreditar, fue una mezcla pionera de rock y hip-hop –letras sobre beber, libertinaje y chicas gritadas sobre samples de Led Zeppelin y ritmos contundentes de la caja de ritmos 808– que convirtió a los Beastie Boys en superestrellas.
El ruidoso sencillo (You Gotta) Fight for Your Right (To Party!) fue recibido con entusiasmo por el tipo de jóvenes universitarios que pretendía satirizar. No es que a la banda le importara demasiado en ese momento, ya que ellos mismos proyectaban personalidades groseras. Se embarcaron en una gira mundial de celebración con un diseño de escenario que incluía barriles de cerveza, una jaula para bailarinas go-go y un pene hidráulico de 7.6 metros que salía de una caja cuando tocaban su mayor éxito.
“La humildad no formaba parte de Licensed to Ill”, reconoce Diamond entre risas. “Ser humildes no era parte de nuestro programa a los 18 o 19 años, como suele ser habitual para la mayoría de los jóvenes de esa edad. Éramos jóvenes, rebosantes de testosterona y nos lo pasábamos en grande”.
Hoy me habla por videollamada desde su casa en Malibú. Su cabello canoso está recién despeinado por el mar; este joven punk neoyorquino, de complexión delgada, se ha adaptado felizmente a la vida de un vago playero de mediana edad en el sur de California. Está lleno de historias y le encanta digredir. “Perdón”, exclama con timidez cuando otra anécdota se desvía del tema. “No estoy aterrizando muy bien el avión”.
Los Beastie Boys tuvieron que madurar en público. Para cuando la gira Licensed to Ill llegó a Gran Bretaña en 1987, estaban en el centro de un pánico moral artificial, con parlamentarios que pedían que se les prohibiera actuar en el país y una historia sensacionalista, que la banda negó de inmediato, sobre ellos burlándose de niños enfermos en un festival en Montreux. En un concierto tristemente célebre en Liverpool, estalló un disturbio y Horovitz fue arrestado por agresión.
De vuelta en Nueva York, sin embargo, Simmons no estaba de acuerdo. Quería otro álbum como Fight for Your Right y una segunda parte de Licensed to Ill. Cuando la banda sugirió que preferían dedicarse a algo más gratificante a nivel creativo, Simmons los miró de manera inexpresiva, ¿acaso no querían ganar dinero? “Creo que Russell nos juzgó mal en ese sentido”, advierte Diamond. “Él venía de un mundo donde el dinero lo controlaba todo y su ambición era simplemente ganar mucho dinero a cualquier precio. Nosotros no fuimos criados así”.
Una casa llena de artistas
Diamond creció en el Upper West Side de Manhattan, hijo del marchante de arte Harold y la decoradora de interiores Hester. En su hogar de clase media, las paredes estaban adornadas con obras de Rothko y Willem de Kooning, y las comidas solían estar interrumpidas por apasionados debates artísticos con los excéntricos invitados de sus padres. “Eso me parecía de lo más normal”, recuerda Diamond. “Nuestra casa estaba siempre llena de artistas y todos tenían una opinión muy marcada. Incluso de niño estaba totalmente integrado en ese mundo, algo que también he intentado inculcar como padre.
Justo cuando Diamond cumplió 17 años, su padre falleció tras una breve enfermedad. Sus hermanos mayores ya se habían independizado y Diamond se encontró solo con su madre. Llenó el nuevo e indeseado silencio de su hogar con una cacofonía de punk, desde The Clash hasta Black Flag. En sus inicios, los Beastie Boys eran una banda de hardcore (Diamond conoció a Yauch en un concierto de Bad Brains). Eso cambió cuando Run-DMC lanzó Sucker MC’s en 1983. De repente, hacer rap parecía más punk que el punk rock.
Tras el éxito de Licensed to Ill, los Beastie Boys rompieron con Def Jam y Simmons, a quienes acusaron de no pagarles regalías. Se mudaron a Los Ángeles, firmaron con Capitol Records y lanzaron en 1989 su siguiente álbum, Paul’s Boutique, una obra innovadora de sampleo con múltiples capas que, si bien no alcanzó el éxito comercial de su debut, consolidó su reputación como músicos verdaderamente vanguardistas. En Check Your Head (1992) volvieron a cambiar de rumbo al aprender a tocar sus instrumentos, con Diamond como baterista del grupo.
Cada nueva etapa de los Beastie Boys trajo consigo un sonido y una filosofía diferentes, desde el ecléctico Hello Nasty, con influencias dub, de 1998, hasta el jazz funk instrumental de The Mix-Up de 2007. “Creo que cada uno de nuestros discos es una especie de testimonio”, cavila Diamond. “Una historia de dónde estamos en cada momento”.
Lo mismo podría decirse de Thank You, grabado durante dos semanas en su estudio casero, que esboza un retrato difuso de la situación actual de Diamond. En ocasiones, mira con recelo el mundo moderno. En la enérgica Crypto, inspirada en un conocido de sus hijos –Davis, de 23 años, y Skyler, de 22– que se enriqueció con criptomonedas a los 19, denuncia la misma avaricia por la que una vez tuvo un enfrentamiento con Simmons.
“Mis hijos carecen de cualquier tipo de respeto cortés que mis otros colaboradores podrían ofrecerme.”
En otros momentos, Diamond se muestra contemplativo e introspectivo. “Comienzo con una meta, me pierdo en la fecha límite / No veo el camino por delante, las responsabilidades / Intento complacer a todos, me está matando”, rapea en I Don’t Care. En la melancólica canción que da título al álbum, hace un guiño a las memorias de Patti Smith, Just Kids, con el estribillo “Éramos solo niños”, expresando su gratitud por la oportunidad de descontrolarse en Nueva York.
Proyecto familiar
Thank You es un proyecto familiar. Si bien sus hijos no rapean en el disco (tienen su propia banda, Very Nice Person), su contribución fue fundamental para definir la dirección del álbum. “Ya no cantaba para superar o complacer a mis otros dos compañeros de banda, y por eso fue genial contar con la participación de mis hijos. Podían ser muy sinceros conmigo, y a veces críticos. Carecen del tipo de respeto cortés que mis otros colaboradores podrían ofrecerme”.
En cuanto a sus rimas, Diamond afirma que las letras del álbum estuvieron influidas por un periodo de reflexión en un retiro de meditación Vipassana en el norte de California, muy lejos de los sórdidos clubes neoyorquinos que lo inspiraron hace cuatro décadas mientras trabajaba en Licensed to Ill. Es un camino que le alegra haber recorrido. “A esa edad, todavía no te han dado suficientes golpes como para que te des cuenta de las consecuencias”, cuenta Diamond con una sonrisa melancólica. “Esa es la alegría de la madurez”.
El álbum Thank You, de Mike D, ya está disponible.
