▲ El director de la DEA, Terry Cole, asegura que tiene la mira puesta en los cárteles mexicanos en su guerra contra el ingreso ilegal de fentanilo.Foto Afp
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ncapaz de solucionar el grave problema social y de salud pública que desde hace décadas vive su país, Donald Trump se limita a encender su ventilador político, repartir boñiga por doquier y responsabilizar a terceras naciones del cáncer de las drogas que carcome a la sociedad estadunidense (pero que genera ganancias por cientos de miles de millones de dólares), territorio en el que la autoridad gubernamental dice no tener cárteles, narcotraficantes ni establecimientos financieros que lavan cantidades industriales de dinero sucio del crimen organizado, mismos que una vez “higienizados” inyectan a la economía que se presume como la número uno del planeta.
En lo interno, el delirante inquilino de la Casa Blanca no ve bandas criminales ni las toneladas de droga que ingresan por su fronteras, y se distribuye y comercializa por doquier, y menos registra y atiende al creciente número de adictos que inundan las calles de las principales ciudades estadunidenses. Eso sí, cómo chinga a la de hora de repartir culpas y acusar a “terceros” (especialmente cuando se acercan los tiempos electorales).
Con todo, Trump siempre marca una notoria distinción de lo que él llama “los países amigos” en Latinoamérica, porque en sus recurrentes ataques no los toca, no obstante ser productores y exportadores de estupefacientes, “gobernados” por sus marionetas (otras “perritas”, como Daniel Novoa y su narcoplatanera, en Ecuador; Rodrigo Paz, en Bolivia; Perú, donde el caos político produce “presidentes” al vapor –ocho en la última década, y va por el noveno–, sin olvidar el golpe contra Pedro Castillo; Chile, con el neonazi José Antonio Kast, y Colombia (cuando el presidente Petro concluya su mandato dejará de culparla, pues el magnate naranja ya impuso a otro de sus títeres fascistas: Abelardo de la Espriella). En cambio, permanentemente agrede a los que están fuera de esta lista privilegiada.
Entre lo más reciente, que no lo último, hay que sumar lo siguiente: “la embajada de Estados Unidos en México difundió un video y un mensaje del director de la DEA, Terry Cole, en el que asegura que “los cárteles mexicanos son la prioridad número uno de esa agencia en su estrategia contra el tráfico de fentanilo. El fentanilo es una amenaza como nunca habíamos visto, y los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación ocupan el primer lugar en la lista de objetivos. Ha destruido familias, devastado comunidades y puesto a prueba (que han reprobado) a las fuerzas del orden en todos los niveles” ( La Jornada, Arturo Sánchez Jiménez), dijo el funcionario, sin mencionar, desde luego, que en no pocas ocasiones algunos de sus “muchachos” están involucrados hasta el cuello –como los de la CIA– en los enjuagues que dicen “combatir”.
“Raro” que Cole no hizo referencia alguna al marcado descenso en el número de muertes de estadunidenses por sobredosis de fentanilo entre enero de 2022 y el mismo mes de 2026 (resultado del combate frontal a los cárteles de la drogas, las incautaciones y la destrucción de narcolaboratorios que lleva a cabo el gobierno de la 4T), el cual se redujo de 110 mil a 68 mil, respectivamente, es decir, una baja cercana a 40 por ciento (Centro Nacional de Estadísticas de Salud del propio gobierno de Estados Unidos).
De eso, nada, pero sí la constante amenaza de meter sus manos en territorio mexicano. A la par, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, declaró alegremente que los cárteles de la droga “controlan la frontera norte de México”, por lo que “es necesario tener barreras físicas en la zona”. Entonces, ayer la presidenta Sheinbaum subrayó que la seguridad en la frontera México-Estados Unidos y la reducción del tráfico de fentanilo son resultado del trabajo coordinado entre ambas naciones, por lo que exigió que México no sea utilizado como tema de la campaña electoral estadunidense. De hecho, el propio Trump ha reconocido que “la frontera con México es la más segura” y que la entrada de fentanilo a su nación se ha reducido en cerca de 66 por ciento “y el mes reciente a casi 74 por ciento” (mayo), desmintiendo así al par de energúmenos promocionados por la embajada gringa.
Subrayó la mandataria: “hay muchos temas en Estados Unidos importantes de atender como para usar a México como parte de la campaña electoral de noviembre; nosotros siempre vamos a defender nuestro trabajo”. Pero el de enfrente no mueve un dedo; sólo reparte culpas.
Las rebanadas del pastel
Con los terribles sucesos en Venezuela, de inmediato llega el triste recuerdo de la tragedia mexicana de 1985 y 2017. Abrazo solidario y todo el apoyo a la nación sudamericana.
Twitter: @cafevega
