▲ Capitales mexicanos van y vienen de Nueva York, pasando por diversos paraísos fiscales, sin impulsar el desarrollo de México. La imagen, en Wall Street.Foto Afp
C
ada que se reúnen con el titular del Ejecutivo federal en turno –sin importar modelo económico ni partido al que pertenezca–, la cantaleta de los integrantes autóctonos de la selecta cúpula empresarial es la misma: “Nos la jugamos con México”, “aumentaremos la inversión en nuestro país”, “impulsaremos el crecimiento y el desarrollo”, “incrementaremos la generación de empleo” y demás retórica asociada.
Tales “encuentros” (tanto en Los Pinos, antes, como en Palacio Nacional, ahora, y en distintos foros de la iniciativa privada) siempre abundantes en “promesas” y “compromisos a favor de México”. Por ejemplo, cómo olvidar aquel Pacto de Chapultepec (promovido por Carlos Slim y bautizado como Acuerdo Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo, la Inversión y el Empleo), firmado por la cúpula y el gobierno del “cambio” allá por 2005 (cercana ya la sucesión presidencial), que congregó a más de 500 empresarios de “primer nivel” y a su achichincle Vicente Fox.
El grupúsculo que se apropió de México (los apellidos de siempre rodeados de sus “líderes políticos”) firmó el “pacto” y llenó de humo el recinto: “Contribuiremos a redistribuir el ingreso. Postergar un acuerdo de unidad nacional que postule el estado de derecho, el desarrollo, la inversión y el empleo sería una irresponsabilidad histórica que profundizaría inequidades y problemas sociales; estas convicciones son las que nos han reunido ahora”.
Hasta eso, a esa secta hay que reconocerle que sí invirtió, aunque mayoritariamente en otros países, no en México, para “impulsar el crecimiento y el desarrollo” y “redistribuir el ingreso”. Y como el citado, muchísimos más, todos los años, con todos los jefes del Ejecutivo. Ahora, transcurridas poco más de dos décadas, ¿cuál es el resultado concreto de aquel “pacto”?
Sencillo. La Jornada (Dora Villanueva) lo sintetiza así: “Una riqueza de mexicanos equivalente a poco más de 9 por ciento del producto interno bruto (PIB) nacional se encuentra fuera del país, en centros financieros, y es transferida en forma de acciones, bonos, participaciones en fondos de inversión y depósitos bancarios asociados, de acuerdo con el Atlas del Mundo Offshore. Con base en los estimados del PIB nominal que publica el Inegi, ese 9 por ciento equivalía, al cierre de 2025, a cerca de 183 mil millones de dólares, monto igual a 78 por ciento de la deuda externa de México en el mismo periodo, según la Secretaría de Hacienda”.
Y al desglosar el total, queda claro que “prácticamente 50 por ciento del patrimonio financiero extraterritorial de los hogares mexicanos (alrededor de un billón 670 mil millones de pesos, equivalentes a 4.6 por ciento) se encuentra en Estados Unidos; 0.65 en los centros financieros de Europa; 2.1 en Asia y 1.7 en Suiza, en todos los casos como proporción del PIB, de acuerdo con la plataforma del Observatorio Fiscal de la Unión Europea”.
En el primer inventario de magnates mexicanos entre los multimillonarios marca Forbes, allá por el cierre de la década de 1980, sólo dos aparecían: Emilio El Tigre Azcárraga, de Televisa, y Bernardo Garza Sada, cabeza del Grupo Monterrey (ambos favorecidos hasta la ignominia por los gobiernos de aquellos ayeres). No eran los únicos, pero sí los más picudos. Incluso López Portillo utilizó fondos públicos (alrededor de mil millones de dólares, al tipo de cambio de la época, por medio de Banobras) para “rescatar” al Grupo Monterrey y así evitar su quiebra.
Ya con Salinas de Gortari en Los Pinos, apareció Carlos Slim (1991, mil 600 millones de dólares, con Telmex en el bolsillo) y Garza Sada se evaporó. Para 1994, cierre de su sexenio, el número de magnates se incrementó a 24, que poseían una fortuna conjunta de 41 mil 900 millones de dólares. Y de ahí para adelante, siempre sin parar, en una carrera desbocada para ver quién era el papá de los pollitos y quién mordía el polvo.
En el último reporte de Forbes (2026 con información de 2025), otra vez aparecen 24 magnates (algunos de ellos con apellidos distintos a los originales), con una fortuna conjunta de 267 mil 300 millones de dólares, 60 por ciento más que el año previo, o si se prefiere, 639 por ciento por arriba de 1994. Sin embargo, casi la mitad de este último monto quedó en una sola cartera, la de Slim, magnate que vio crecer su fortuna de mil 600 millones de dólares en 1994 a 125 mil millones en 2025, es decir, la friolera de 7 mil 812.5 por ciento.
Las rebanadas del pastel
Entonces, queda la duda: ¿quiénes han tenido, tienen la capacidad de “exportar” esa catarata de recursos? ¿Acaso obreros, campesinos, maestros, estudiantes, ciudadanos de a pie?
X: @cafevega
