No pienses que te espío/No llego a ser tan ruin/Pasaba por aquí/Ningún teléfono cerca y no lo pude resistir. La declaración del testigo Mariano Rajoy sonó como la inolvidable canción de Luis Eduardo Aute. Solo le faltó ponerse a cantarla, ofreciendo así a la atenta presidenta del Tribunal, la jueza Teresa Palacios, esa tentadora posibilidad de ponerse a hacer unos coros.
Todo resultaba fortuito, accidental, por pura casualidad en el gobierno y en el partido que presidía Rajoy. Y de aquello que no lo fue, ninguno se acuerda o le consta. Todo fluía en un modo “casual” donde los altos cargos y los responsables se encontraban casi por fortuna en los despachos y casi nunca hablaban de nada que tuviera que ver con la Gurtel, Luis Bárcenas o la corrupción institucionalizada en el partido. Como mucho se hablaba de pasada con los amigos en el bar o en algún intercambio de pura cortesía en el ascensor.
