El acuerdo de gobierno entre PP y Vox en Extremadura pone fin a cuatro meses de bloqueo y parálisis, y a uno de los capítulos políticos más convulsos en la historia parlamentaria de Extremadura. Vox asumirá una vicepresidencia con competencias en servicios sociales, familia y desregulación; y además recibirá la Consejería de Agricultura y Ganadería, según ha adelantado La Vanguardia y pasadas las 20:15 han aunciado la propia María Guardiola, presidenta en funciones y el líder regional de Vox, Óscar Fernández. Vox también se hace con un senador por designación autonómica, qu será Ángel Pelayo Gordillo. “El acuerdo va a ser bueno para Extremadura”, ha dicho Guardiola; mientras que Fernández ha expresado su voluntad de que el pacto dure los cuatro años de la legislatura.
Lo que comenzó el 21 de diciembre pasado, con una victoria insuficiente de la derecha, termina con un Ejecutivo de coalición forzado por el calendario, para evitar una repetición electoral, y por las directrices nacionales de ambos partidos. La investidura queda fijada para el martes 21 y el miércoles 22 de abril. La toma de posesión sería el viernes 24.
La falta de entendimiento, los reproches y los enfrentamientos han sido la tónica general entre PP y Vox en Extremadura, que, sin embargo, estaban condenados a entenderse para evitar que los extremeños volvieran a las urnas en junio. Hoy la sensación era de euforia. “Extremadura necesita estabilidad y crecimiento”, ha dicho Guardiola, y ha admitido “la parálisis” en la que ha vivido la región.
El acuerdo era necesario antes del 4 de mayo, pero en su contra jugaban las exigencias de la extrema derecha para hacer valer sus buenos resultados electorales, al pasar de cinco a 11 diputados; las presiones del PP para obligar a Vox a sentarse a negociar, acusándolos de cálculo electoral por estar pendientes de los comicios en Aragón y Castilla y León y no atreverse a sentarse en un Gobierno; y la constante supervisión nacional de la negociación extremeña, por ser la primera en la que se medía la temperatura de la relación entre la derecha y la extrema derecha tras la ruptura de todos los gobiernos autonómicos de coalición en 2024.
Abascal y Feijóo, para destensar la relación
Las conversaciones entre PP y Vox se rompieron en Extremadura al poco de empezar y no se retomaron hasta que celebraron las elecciones en Aragón y Castilla y León, cuando hablaron Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal para destensar la relación en los territorios. Desde entonces, el clima de entendimiento cambió en Extremadura y, aunque los avances para sellar el pacto se han sucedido a cuentagotas, ambas formaciones hicieron gala desde entonces de su voluntad negociadora y del “clima de colaboración”.
La lentitud para el acuerdo, a pesar de que las elecciones se celebraron en diciembre –y de que hubo por medio una investidura fallida de María Guardiola en la primera semana de marzo– ha estado motivada por el interés del PP de cerrar un pacto que garantizara de alguna manera cuatro años de legislatura completos y por las exigencias de Vox, tanto programáticas como de presupuesto y de poder en el organigrama de la Junta de Extremadura.
