Shenzhen, ciudad “laboratorio de reformas”, se prepara para recibir la cumbre de APEC
▲ El Museo HQB, que muestra cómo se ha transformado esta ciudad.Foto Dora Villanueva
▲ Una muestra de la forma en que la urbe se alista para el foro en noviembre.Foto Dora Villanueva
Dora Villanueva
Enviada
Periódico La Jornada
Miércoles 6 de mayo de 2026, p. 17
Shenzhen. China será por tercera ocasión la sede del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), y en esta oportunidad el escenario es la ciudad costera de Shenzhen, la máxima aproximación a lo que se ha llamado el milagro económico chino: un territorio que hasta hace medio siglo eran arrozales de subsistencia alrededor de los cuales se asentaba un pueblo pesquero colindante al que en ese momento era el centro de comercio y manufactura con más crecimiento en Asia, Hong Kong.
La referencia no es gratuita: la ubicación y vecindad de Shenzhen fueron cruciales para que aquí se desarrollara una de las primeras cuatro zonas económicas especiales (ZEE) chinas, en la bisagra que implicó la Reforma y Apertura impulsada por Deng Xiaoping, quien dirigió el país entre 1978 y 1989. Este estatus generó un contexto de flexibilidad económica para atraer capital foráneo, al tiempo que la urbe –infraestructura y servicios– era planificada desde cero por el Estado, dando pie a lo que 46 años después es una “ciudad del futuro”, que en noviembre recibirá a los socios comerciales de China, entre ellos México, Canadá y Estados Unidos.
Orgullo nacional
El APEC “es el evento diplomático más importante de China este año”, y Shenzhen es uno de los mayores orgullos de este país, como repiten funcionarios y académicos en pláticas preparatorias para el encuentro. Planteada con un diseño de prueba y error –experimental en lo económico y lo urbanístico–, esta urbe tiene el mote interno de ser un “laboratorio de reformas” o “área de demostración experimental del socialismo con peculiaridades chinas”. Aquí se prueban políticas no sólo económicas, sino también de servicios y de infraestructura, que después se replican en otras ciudades del gigante asiático.
Desde drones con paquetería y taxis autónomos que dan servicio en zonas específicas de la ciudad hasta la administración de los servicios públicos con inteligencia artificial, que detectan fugas, desperfectos y siniestros, la ciudad tiene la encomienda de ser y parecer un nicho futurista. De ahí que pequeños robots habitan complejos habitacionales y hoteles como mensajeros, al tiempo que en varias plazas comerciales se han suplido baristas y heladeros por humanoides de metal.
A diferencia del APEC de 2001, que tuvo lugar en la milenaria Shanghai, o la de 2014, que implicó una transformación radical de seis meses en los alrededores de Lago Yanqi, en el distrito de Huairou, Pekín, Shenzhen lleva 46 años en construcción prácticamente desde cero y es la forma más concreta de lo que se busca exhibir como el modelo económico chino.
La convicción de las autoridades chinas en el modelo de Shenzhen viene de la explosión de su economía y de su tránsito para pasar de un enclave meramente manufacturero a un potencia de desarrollo tecnológico. Sobre el primer punto, en 1980, cuando se volvió ZEE, el producto interno bruto (PIB) de Shenzhen era de 270 millones de yuanes; al cierre de 2025 alcanzó 3 billones 870 mil millones. Además, cuenta con mil 300 parques industriales sólo en el distrito de Longgang, y los emprendimientos en inteligencia artificial también han crecido, aunque no hay censo oficial.
Un relato de cómo se transformó la cara más visible de la economía de esta ciudad se encuentra en el Museo HQB, en una de las aristas de Huaqiangbe, calle que se conoce por albergar el principal mercado de electrónica en China. En sus paredes hay consolas de tetris, teléfonos celulares de todo tipo y controles y consolas de videojuegos, que exhiben el origen de esta ciudad como maquiladora de electrónicos.
De hecho, tanto se expandió la cadena de producción y manufactura en esta ciudad y sus alrededores, que de aquí llegaron a salir casi 98 por ciento de los iPhones que se comercializaron en el mundo. Pero no sólo de Apple: la mayoría de los teléfonos inteligentes de varias marcas se llegaron a ensamblar en esta región.
“Creado en China”
La manufactura no deja de existir, pero la transferencia de tecnología provocó que la economía de la región escalara y apostara por la innovación. El mantra en ésta, que se considera la ZEE más exitosa del mundo, pasó del “Hecho en China” al “Creado en China”, con la inteligencia artificial, la robótica, el big data y las generaciones de redes inalámbricas como el enclave de las tecnologías que Estados Unidos ha vuelto una nueva edición de la Guerra Fría.
En esta ciudad, la llamada Silicon Valley china, se asientan algunas de las tecnológicas más poderosas del país, entre ellas BYD, firma de autos eléctricos que compite con Tesla; Tencent, dueña de WeChat –una navaja suiza hecha aplicación digital– y la compañía de videojuegos más grande a escala global por el número de ingresos; Huawei, proveedor de infraestructura para tecnologías de la información, y DJI, que se ubica como el mayor fabricante de drones en el mundo.
Wang Yi, director del Museo HQB, explica que éste se creó con piezas donadas por los vecinos, sobre todo comercios de tecnología. La gente trae espontáneamente exhibiciones para que se sigan mostrando como “una ventana para ver su desarrollo”, explica a lo largo de pasillos cubiertos con luces de neón. “En realidad, es el símbolo del desarrollo de Shenzhen, y el desarrollo de Shenzhen es, ya saben, una instantánea del desarrollo de China”, asegura.
