▲ Hacia mediados de la década de los 60, el equipo Showbiz XI contaba en sus filas con los hermanos Davis. De pie, el segundo desde la derecha es Dave, guitarrista de los Kinks. De cuclillas, el segundo desde la izquierda es Ray, cantante y compositor de la banda. El equipo reunía a otros trabajadores del espectáculo, como el actor Tom Courtenay.Foto @TheKinks
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a final de 1966 en el estadio Wembley ha sido lo que más cerca me ha puesto del infarto, aunque sólo tenía 13 años. A tiempos extras, el choque pesado entre teutones y británicos resultó épico, cual la Batalla del hielo en Alexander Nevski de Serguei Eisenstein. Hubo lodo, esfuerzo sobrehumano, heroísmo de ambos lados, agotamiento, un determinante tercer gol fantasma de Geoff Hurst. El 4-2 final siempre me sonó raro, y peor que entonces les iba a los teutones. Sufrí el partidazo.
Fue el Mundial terrible para Pelé, las patadas enemigas casi lo sacan del juego para siempre. Naufragio brasileño. Argentina salió a la mala en semifinales, justamente contra los ingleses. Brilla el portugués Eusebio. Para los anfitriones fue un hito, su primera Copa dio en el corazón del momento más brillante de Londres en su historia moderna. En 1966 nace el Swinging London, con el rostro de Twiggy y los singles incesantes de Beatles, Stones y Kinks animando la atmósfera de la ciudad más cool en el planeta. Las chicas traen la onda. En los bares debutan bandas raras como Pink Floyd y Soft Machine.
A la vez, los impuestos subían al techo. En protesta, George Harrison escribe Tax Man. Es el año de Revolver, Paint it Black, el aterrizaje londinense de Jimmi Hendrix. El 3 de junio, comenzando el Mundial, el cronista más dotado de ese mundo y ese periodo, Ray Davis, con los Kinks da a conocer una rola satírica, preciosa y pegajosa: Sunny Afternoon. En aquella época un single de la Ola Inglesa se popularizaba en horas, y devenía global en pocos días gracias a la radio. Quiere la historia que la tarde del 30 de junio, la triunfante selección inglesa entró al vestidor y las regaderas cantando: The tax man’s taken all my dough / And left me in my stately home / Lazin’on a sunny afternoon / And I can’t sail my yacht / He’s taken everything I got / All I’ve got’s this sunny afternoon / In the summertime / In the summertime/In the summertime…
La rola trata de un ricachón arruinado por los elevados impuestos, que sólo quiere pasarla bomba en la pereza de una soleada tarde en el verano. Las celebraciones callejeras la adoptaron como himno y tomó por asalto todos los pubs de la ciudad desbordada: cerveza, futbol y rock. Algo hay de justicia poética en que aquello sucediera con una canción de los Kinks, la banda más futbolera a la sazón, junto con Small Faces y su cantante Rod Stewart. Los hermanitos Ray y Dave Davis venían del barrio Muswell Hill y del montón de hermanas mayores que los criaron. Coincidieron en la escuela con Stewart. Todos, fanáticos del Arsenal. Desde entonces Rod y Ray desarrollaron una rivalidad feroz que pasaría de las canchas a los escenarios.
▲ Ilustración elaborada con IA/ Gemini de Google
En repetidas ocasiones, Ray Davis ha recordado la sorpresa que le depararon ese momento y las semanas siguientes. En su “autobiografía no autorizada” X Ray (1995) se refiere con ironía al “místico cuento de hadas de Sunny Afternoon y la Copa del Mundo”. La emoción y el entusiasmo contagiaron a la mismísima reina Isabel II y el venerable Wembley vibró en el día más importante de su historia.
Patrioteros como cualquiera, o más que nadie pues son ingleses, los vencedores sintieron vengar la Segunda Guerra Mundial, como diría años después el abanderado soviético Tofic Bahramov, quien convalidó el gol de Hurst que nunca entró, al admitir que él y el árbitro suizo Gotfried Dienst engañaron a todos (medio siglo antes del VAR) para fastidiar a los alemanes, que ya no eran los heroicos sobreviviente de 1954, sino otra vez arrogantes y mandones, bendecidos por Kennedy (Ich bin ein Berliner).
Ray Davis recuerda: “Nunca fue más fuerte el patriotismo. Éramos hijos de la guerra (war babies). En primaria habíamos visto a Hungría humillar a Inglaterra”. Admite que cuando vio al gran Bobby Charlton, capitán y arquitecto del triunfo, “cubrirse la cabeza con las manos, caer de rodillas y llorar en el césped inglés, sentí lo mismo que millones viendo la televisión: quise estar a su lado”.
Pocas semanas después, el 8 de agosto, los Beatles lanzarían Yellow Submarine, para disputar a Sunny Afternoon los coros de borrachos en los pubs. Pero la canción de los Kinks quedó ligada a la Copa inglesa. El propio Charlton la recordó siempre. Cuando hace poco salió la edición 7 pulgadas por el 60 aniversario del sencillo Sunny Afternoon y I’m Not Like everybody Else, el goleador del encuentro, ya Sir Geoff Hurst, escribió la solapa: “Ray Davis es el compositor inglés quintaescencial y Sunny Afternoon refleja en ánimo del país en ese momento, hace ya toda una vida”.
