Cristiano Ronaldo llegó al estadio sonriente, con sus zapatos de futbol color rosa incandescente guardados en la mochila. Se le veía contento, contagiado por ese optimismo de los que sabe que el tiempo corre, pero el cuerpo tiene memoria. Portugal saltó al césped con ganas de demoler a Uzbekistán, urgencia que su capitán firmó desde los primeros minutos del partido. Si a esta fiesta de la Copa del Mundo le faltaba un invitado, era él. Lionel Messi, Kylian Mbappé, Earling Haaland y Harry Kane ya habían brindado zarpazos brillantes en el torneo, pero la gente esperaba por la última estrella. El astro del Al Nassr lo supo desde antes de la entrada del árbitro. Miró a la grada y pareció decir “He vuelto”, convirtiéndose en el primer futbolista en la historia en marcar en seis ediciones del torneo.
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