Sonorización en vivo de cintas mudas en Japón resiste ante IA y otras tecnologías
▲ Fotograma de la película Tarde de otoño.Foto Karina Lizet Flores Pérez
▲ Akiko Sasaki (izquierda) y Masayo Nagata.Foto Karina Lizet Flores Pérez
Omar González Morales
Periódico La Jornada
Lunes 27 de julio de 2026, p. 6
La Cineteca Nacional de México realiza una retrospectiva del director japonés Yasujiro Ozu (1903-1963), uno de los primeros creadores audiovisuales de ese país, conocido por su trabajo con el cine mudo. Junto a él coexistió un arte que permitió al público nipón disfrutar del sonido de algunas de aquellas cintas: el katsuben, consistente en sonorizar las películas mediante narradores y músicos. La retrospectiva de Ozu será proyectada hasta el domingo 2 deagosto en la sede ubicada en avenida México-Coyoacán número 389, colonia Xoco, alcaldía Benito Juárez.
En el estreno de dicho ciclo estuvieron presentes Akiko Sasaki y Masayo Nagata. La primera es una benshi, narradora de las películas; la segunda es gakushi, intérprete musical, y juntas dan forma al katsuben, disciplina que nació tras la llegada de la cinta La salida de los obreros de la fábrica, de los hermanos Lumière en 1897 en un cine de la ciudad de Osaka.
Durante esas presentaciones se dieron las primeras apariciones de un benshi y gakushi, ambos fueron una especie de presentadores ante lo que era una innovación: la primera vez que el público pudo ver imágenes en movimiento. En entrevista con La Jornada, ambas artistas explicaron sobre esta tradición que persiste en el Japón actual y que fue una herencia del teatro noh.
“El katsuben en sí es un reflejo de un cambio de época en Japón, un tránsito entre el teatro tradicional como el kabuki y la introducción de la tecnología occidental del cine; es la manifestación de una larga tradición cultural escenográfica aplicada en la proyección cinematográfica, un ejemplo de cómo los nipones integraron la innovación y la tradición”, afirmaron.
Akiko Sasaki debutó como benshi con la cinta Taki no shiraito (El hilo blanco de la catarata), del director Kenji Mizoguchi, y formó parte de un grupo de tres mujeres que se turnaban para la narración. “Lo que me gusta de esta profesión es sentir que tus emociones se comparten con el público y ser uno con todo; esta sincronía que se genera es un lazo humano invaluable que quiero mantener”.
Masayo Nagata se volvió gaku-shi interpretando musicalmente la cinta Tokio no gasshou (El coro de Tokio), cuyo director fue precisamente Yasujiro Ozu. “Me gusta sentir las emociones del público en la piel. Tener la libertad de interpretar, crear la música de las escenas, llenar todo el espacio con mi sonido”, afirma.
El reto de los benshi era improvisar los textos
Según Akiko, el reto de los benshis era que en la mayoría de las ocasiones tenían que improvisar los textos que realizaban puesto por la dificultad a la hora de realizar las proyecciones, no podían ver la cinta, sino hasta el momento de la función:
“Los cambios en el katsuben se notan más en el guion del benshi, ya que al inicio, durante los montajes de las proyecciones, era difícil hacer varias proyecciones de prueba. A los narradores no les daba tiempo de armar un texto base y muchas veces tenían que estar en los estrenos sin saber casi nada del contenido, así que era una forma de narración espontánea que en ocasiones no era muy buena, pero era indispensable para la proyección pues era el sonido de la película; conforme se repetían las funciones la narración mejoraba, pero cuando en poco tiempo llegaba otra cinta, el benshi empezaba de cero.”
Conforme llegó el progreso tecnológico, aumentó la posibilidad de los ensayos. Actualmente, con la gran cantidad de información que se tiene de cada cinta se puede realizar con mucha facilidad, lo que permite estudiar mejor las películas, elaborar guiones y adaptar el contenido para el público.
“A diferencia de Occidente, donde las películas mudas estaban pensadas para integrar los subtitulados, las producciones cinematográficas japonesas de cine mudo estaban hechas para ser proyectados con un benshi, las obras más icónicas eran del genero jidaigeki (filmes de época de samuráis), y las más famosas son Orochi, del director Buntaro Futagawa, y Kuramatengu, de Teppei Yamaguchi. La primera data de 1925 y la segunda de 1928.”
En la actualidad, los benshis continúan siendo parte de la cultura cinéfila nipona. En las grandes ciudades es accesible. Akiko explica que ahora hay entre 20 a 30 narradores, la mayoría concentrados en Tokio, pero también en Osaka, Kioto, Hiroshima, Fukuoka y otras.
“En las últimas décadas, el katsuben ha cobrado más presencia y la gente lo identifica más. Para nosotros, mantener viva la tradición es valorar y promover el sentido humano, esta disciplina es una interacción real con la gente y las funciones se sincronizan con el ánimo del público. La importancia del katsuben es que es algo original y humano, que cuestiona y resiste a ideologías tecnológicas diferentes como la inteligencia artificial”.
Ambas esperan que durante este ciclo puedan provocar emociones y transmitir el mensaje humanitario de Ozu: “Queremos que el público se interese por la cultura y las formas en las que la gente vivía en la década de 1930 en Japón. La imagen usualmente es la del militarismo, pero también existía gente sencilla que buscaba sobrevivir en un contexto de incertidumbre y crisis no tan diferente al de ahora. Y como evidencia están estas películas del cine mudo”.
La retrospectiva de Yasujiro Ozu será proyectada en la Cineteca Nacional de México.
