Merry Macmasters
Periódico La Jornada
Martes 1º de septiembre de 2026, p. 7
Las abejas siempre han sido una constante en la vida del cuidador de estos insectos productores de miel, Tito Polito Reyes (Rancho San Joaquín, Catemaco, Veracruz). Su presencia sirve para sacudir la memoria y desencadenar los recuerdos en Una colmena en casa, primer largometraje de Ernesto Meléndez Bravo (Oaxaca, 1996), quien creció en Ciudad Ixtepec.
Este drama de ficción de 90 minutos, que se encuentra en etapa de escritura, aunque todas las escenas ya fueron filmadas, fue uno de los 19 proyectos seleccionados de la octava convocatoria del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (ECAMC), organizada por el Instituto Mexicano del Cine.
Las abejas nunca abandonaron a Polito Reyes desde que fueron el primer contacto real que tuvo con la naturaleza y por medio de ellas entendió su papel en la vida, así como el de los seres humanos.
Después de “observarlas y escucharlas, estar con ellas y para ellas. Esto es real. Por eso todo se basa en este cuidador como persona. Cuando era joven Tito se sentaba frente a las colmenas y anotaba en libretas en qué temporada las abejas tenían hambre, en cuál hay mucha comida, en cuál hay poca, cuándo son salvajes y violentas, y cuándo no”, expresa el realizador.
Meléndez Bravo tiene una formación profesional de ingeniero agrónomo y actor. Conoció a Polito Reyes cuando era parte de un equipo con el que trabajó en Las Tuxtlas, Veracruz. “Entre todos estos compañeros me sorprendió mucho los principios que maneja Tito. Su idea de la vida, la naturaleza y su ética como un sujeto de campo que quiere, quiso, prefirió y buscó las condiciones para no abandonar el campo ni a su familia. No todos los campesinos de América Latina tienen este privilegio, pero también esta responsabilidad”.
Proyecto de largo aliento
El cineasta empezó a escribir a partir de lo que platicaba con Polito Reyes, ya que compartían muchas ideas en común. En un principio se trató de documentar la vida del cuidador de abejas. Sin embargo, en los cuatro años que lleva el proyecto la historia se transmutó hacia una película que intentara convocar al espectador de los pueblos porque “no siempre estamos tan familiarizados con el cine de arte o contemplativo. Vemos cintas de acción”.
En esa necesidad de “también untarle la espalda al ego cinematográfico de uno porque quisiera en cierto momento hacer una pieza experimental, artística, sin embargo, dije: ‘no, quiero que esta película también tenga colores, acción, cosas entretenidas, fantasía, distintos matices’ y así se volvió un largometraje docu-ficción”.
▲ Fotogramas de Una colmena en casa, primer largometraje de Ernesto Meléndez Bravo seleccionado por el Imcine en su octava convocatoria del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes.
La vida de este cuidador de abejas será fracturada al ser víctima de la desaparición forzada, que lo lleva a experimentar una serie de eventos “desafortunados”. “Después de ser sustraído lo llevan a un campo de siembra del crimen organizado. Hay momentos de su juventud que serán como pedazos de recuerdos que lo van a acompañar durante este periodo tan difícil. Por ejemplo, de repente le permiten bajar a la tienda más cercana para comprar kilos de harina y sal, alimento de los trabajadores. En una de esas ocasiones ve a un niño que le ofrece miel y recuerda sus días cuando era joven y la vendía con su hermano. Otro de los recuerdos puede ser parte de esta cotidianidad con su esposa, o cuando va a pescar con su padre o sus hijos a la playa. Todas estas cosas son las que le dan calma y le permiten sobrevivir”.
En esta docu-ficción, “el compa Tito está bien, sano, pero es importante para nosotros basarnos en los testimonios existentes sobre los campesinos que han sido extraídos y vivieron esas experiencias”.
Respecto al título, Meléndez Bravo señala que en un inicio iba a ser “Razones para tener una colmena en casa”, en referencia a los motivos por los que el campesino “decide y puede quedarse en su casa, no inmigrar y abandonar a la familia ni a la tradición oral o al campo, y seguir sembrando”.
En cuanto a su actividad como ingeniero agrónomo, actor y ahora realizador, indica escribir poesía y ensayo desde los 14 años: “soy originario de un pueblo binnixá zapoteca. Desde muy pequeño caminé las comunidades de la mano de mi padre, un sociólogo rural. Estas raíces y bases me hicieron estudiar agronomía, una carrera técnica para ejercer en algún momento que necesitara ingresos, aunque nunca abandoné mi camino de la búsqueda de mi ser en el arte. Estudié cinco semestres en la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana. Salí de la carrera porque ya tenía que ejercer mi ingeniería técnica”.
No estudió dirección, pero dice haberse formado en los rodajes al participar como actor en varios largometrajes y series de diferentes plataformas. Como sus referencias mexicanas cita a Guillermo del Toro, director que ha mezclado la fantasía con los temas sociales e históricos.
