La presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol, ha protagonizado este miércoles una emotiva intervención que nada tiene que ver con el tono predominante que llevamos bastante tiempo viendo en la Cámara Baja.
Lo que se ha vivido hoy en el Congreso dista mucho de insultos y reproches políticos. En concreto, ha abierto sus puertas para que cerca de un centenar de niños saharauis que pertenecen al programa Vacaciones en Paz entraran en el interior del hemiciclo y ocuparan durante unos minutos los asientos de los diputados.
Varios han sido los representantes políticos que les han acompañado. Entre ellos, la ministra de Sanidad, Mónica García, que ha explicado en un tuit que la mañana de este jueves ha sido “emocionante” con “los niños y niñas saharauis que pasan el verano en nuestro país con Vacaciones en Paz”. “Gracias a las familias y asociaciones que abren las puertas de su casa a estos niños y niñas que tienen derecho a crecer y vivir en un Sáhara libre”, ha defendido.
El emotivo discurso de Armengol
Pero quien ha dejado uno de los discursos más emotivos ha sido Francina Armengol. Aprovechando el acto y rompiendo con lo que suele hacer cada vez que interviene públicamente, ha decidido hablar por primera vez de su vida privada.
“Perdonad, yo no hablo nunca de mi vida privada, pero hoy creo que es importante hacerlo, para que entendamos bien lo que significa esas alianzas y ese tejido que hemos construido entre todas y todos y que es absolutamente imposible de romper”, ha explicado.
La presidenta del Congreso de los Diputados ha detallado que ella fue “familia acogedora, como vosotros” con dos niños, “un niño y una niña, de ocho años”. “Luego estuve en el programa Madrasa. Mis hijos ahora tienen 24 años. Mi hija nos acompaña hoy porque su sobrino está con una familia maravillosa de Madrid”, ha contado.
Antes de que los presentes se arrancaran en aplausos, Armengol ha bromeado con que su hija “ahora se va a cabrear conmigo”, porque quería destacar que “se graduó la semana pasada de Odontología”. “Y está con compañeros celebrándolo”, ha dicho, entre risas. Pero se ha terminado poniendo un poco más seria al final de la intervención. “Ambos, tienen sus familias maravillosas biológicas en el campo de refugiados de Tinduf. Y yo, como muchos de vosotros, he visitado esos campos de refugiados y sé que no es un espacio para vivir”, ha añadido.
“Sé que no es un espacio digno. Sé que allí se pasa muy mal y sé que es justo que el pueblo saharaui asuma la dignidad y la libertad que lleva luchando durante muchísimos años, como reconoce las Naciones Unidas”, ha terminado, justo antes de que los presentes se arrancaran en aplausos.
