▲ El partido entre ambos representativos trasciende lo deportivo y refleja también las fracturas sociales de ambas naciones. Como ejemplo está el racismo ejercido contra las estrellas españolas Lamine Yamal (izquierda) y Nico Williams.Foto Afp
Ángel Vargas
Periódico La Jornada
Viernes 10 de julio de 2026, p. 3
Los cuartos de final de la Copa del Mundo 2026 no sólo romperán un equilibrio de 40 años en la historia de los mundiales entre España y Bélgica, sino que ponen en relieve aspectos que trascienden la cancha y reflejan las fracturas sociales de ambas naciones.
El Estadio de Los Ángeles será hoy el escenario donde ambas escuadras desempatarán una serie que se remonta al Mundial de México 1986, en un duelo en el que subyacen aspectos políticos tan relevantes como los deportivos.
España llega inmersa en un intenso debate sobre identidad y diversidad. Figuras como Lamine Yamal, de raíces marroquíes y ecuatoguineanas, y Nico Williams, de padres ghaneses, se han convertido en estandartes de una sociedad multicultural que utiliza el futbol como bandera contra el racismo.
En un reportaje en laSexta, un importante canal de televisión en España, publicado en julio de 2024, la periodista Gloria Mena documentó cómo ambos jugadores han sido blanco de actitudes que recuerdan el racismo y los prejuicios que enfrentan los hijos de migrantes, incluso cuando representan a su país en el más alto nivel.
Citó de ejemplos cuando Manuel Gaviria, portavoz en el Parlamento de Andalucía, del partido de extrema derecha Vox, intentó minimizar el decisivo gol marcado por Yamal en la semifinal de la Eurocopa 2024: “si no lo hubiera marcado él, lo habría marcado otro”, así como los ataques racistas enfrentados por Williams, no obstante de haber nacido en Pamplona, debido a su ascendencia africana.
En Bélgica, en tanto, el país está profundamente dividido entre flamencos (habla neerlandesa) y valones (habla francesa), una fractura documentada por académicos de instituciones como la Universiteit Antwerpen y la Universidad Católica de Lovaina.
Único “pegamento”
En ese contexto, los Diablos Rojos, su selección nacional de balompié, son el único “pegamento” que une a la nación, el territorio donde ambos grupos se abrazan y cantan el mismo himno, cada uno en su idioma, según los expertos.
Aparte del futbol, el chocolate, la cerveza y el rey, Jeroen Scheerder, profesor de política deportiva y sociología del deporte tiene dificultad en “enumerar otros aspectos de la vida con los que la gente se identifique para sentirse belga”, según confesó a la periodista Sonja Rijnen, de la organización de noticias Politico Europe. Lo llama “los 90 minutos de nacionalismo”.
“El equipo es una de las pocas cosas que trasciende las barreras lingüísticas (…) No se puede participar como atleta flamenco, valón o bruselense. Tenemos esos tres gobiernos, pero no se puede representar a ninguno de ellos con una sola camiseta”, afirmó a ese mismo medio Jef Brouwers, quien trabajó de sicólogo bajo las órdenes del exseleccionador belga Roberto Martínez entre 2015 y 2018, y precisó que la comunicación entre los jugadores es en inglés.
Ya en términos deportivos, este duelo tiene un peso histórico. Ambas selecciones se han enfrentado antes un par de ocasiones en los Mundiales. En la primera, en México 86, los Diablos Rojos eliminaron en cuartos de final a la Furia Roja, mediante tanda de penales. Los ibéricos se cobraron la afrenta en Italia 90, con un triunfo de 2-1, aunque en la fase de grupos, por lo que hoy puede ser la ocasión de la verdadera revancha.
España, vigente campeona de Europa y una de las candidatas al título, llega a este tercer cotejo mundialista entre ambas escuadras con un paso perfecto: sin derrotas y con 609 minutos sin recibir gol, superando el récord del arquero italiano Walter Zenga en Italia 90.
Por su parte, Bélgica, considerada uno de los caballos negros del torneo, ha tenido un paso más irregular, pero ha demostrado una gran capacidad de reacción que la colocan como un rival temible.
Avanzó a esta fase tras remontar a Senegal 3-2 y golear 4-1 al anfitrión Estados Unidos en un choque donde la polémica estuvo presente, luego de que la FIFA levantó la suspensión por tarjeta roja del atacante estadunidense Folarin Balogun, tras aparentes presiones del presidente Donald Trump.
Este hecho fue respondido en la cancha por los jugadores europeos, quienes al concluir el cotejo celebraron haciendo una parodia del característico baile que hace ese mandatario en sus mítines con la conocida canción YMCA.
La moneda está en el aire para ambos representativos, y el ganador enfrentará en semifinales a Francia, que ayer derrotó a Marruecos.
