▲ En la práctica de ayer se pudo observar a un equipo cargado de confianza.Foto Víctor Camacho
Alberto Aceves
Periódico La Jornada
Domingo 5 de julio de 2026, p. 2
En los alrededores del estadio Azteca, los aficionados que caminan con la camiseta de México se preparan para lo que definen como “una final” ante Inglaterra. Tienen la ilusión intacta, blindada por una primera ronda perfecta y el arco invicto para saltar la barrera del quinto partido.
Hasta ahora, la memoria colectiva se apoya en 1970 y 1986, las dos ocasiones en que el país fue anfitrión de la Copa del Mundo, para imaginar los cuartos de final. Esta vez, sin embargo, la confianza es distinta. “Hay emociones encontradas, pero creo que lo mejor está por venir. Este domingo va a ser un gran día”, asegura el seleccionador nacional Javier Aguirre, a pocas horas de definir el pase contra los ingleses en la instancia de los 16 mejores.
El cierre de su preparación transcurre bajo una tensión extraña. Por un lado, la amenaza de tormentas eléctricas sobre la Ciudad de México obligó a discutir un posible cambio de horario, de las seis de la tarde a las 12 del día, por el que Aguirre expresó su molestia al no ser considerado por la FIFA.
Además, horas antes de las versiones que circularon desde Londres, el ingreso al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Steve Will Do It, un influencer y apostador estadunidense que pretendía regalar relojes de lujo a los jugadores –piezas que finalmente fueron devueltas– generaron un barullo que el cuerpo técnico intenta desarmar.
“Lo tomo con mucha naturalidad”, responde el Vasco. “Lo más importante es que los dos casos se resolvieron y no afectaron en la preparación del equipo. Todos están con ganas de hacer un gran partido. No sé si sea el más importante, pero éste seguro entrará en la historia del futbol mexicano. Tenemos que hacer un juego perfecto”.
Hace apenas tres meses, el distanciamiento entre la afición y el representativo nacional parecía un hecho consumado. En la reapertura del Azteca, miles de personas silbaron a los jugadores al empatar sin goles ante Portugal.
Pero un Mundial lo cambia todo. La conexión regresó con el puntaje perfecto en la fase de grupos (victorias sobre Sudáfrica, Corea del Sur y República Checa) y una pregunta que se transformó en un mantra: ¿Y si sí?
La frase, que hoy se lee en banderas y camisetas, nació de un video viral de hace años y fue rescatada por el ex futbolista Efraín Juárez cuando dirigía a los Pumas de la UNAM. Una multitud la replicó el miércoles alrededor del Ángel de la Independencia, luego del triunfo en dieciseisavos de final sobre Ecuador.
Sin embargo, allí donde todo debía ser festejo, el gobierno capitalino informó que cuatro personas fallecieron; tres por asfixia y una por una crisis convulsiva que derivó en un paro cardiorrespiratorio.
“Queremos enviar un mensaje de apoyo a los familiares de los fallecidos”, señala Guillermo Ochoa, el portero de los seis Mundiales, al finalizar el entrenamiento. “Es una pena que durante los festejos suceda esto. Que sea un llamado de atención para todos”.
Ante Inglaterra –segundo equipo más valioso del mundo (mil 360 millones de euros), según el sitio especializado Transfermarkt– será el último partido de esta Copa del Mundo en suelo mexicano. Después, el negocio y el torneo se mudarán a Estados Unidos.
Para contener la expectativa, 7 mil 500 policías custodiarán el Azteca, rebautizado por las exigencias de la FIFA como estadio Ciudad de México. Allí, el país buscará la respuesta a su propia pregunta.
“Me sumo al mensaje de Memo”, apunta Aguirre. “No es algo que le agrade a nadie, pero tampoco quiero aprovechar esta tribuna del futbol para hablar de cosas que no me competen”.
En junio del año pasado, el propio técnico mexicano evitó referirse a la situación de los migrantes mexicanos ante las políticas del gobierno de Donald Trump: “No soy portavoz de los mexicanos, sino el entrenador de la selección”, dijo a los medios de comunicación.
Hemos demostrado que sí se puede: Raúl Jiménez
Por décadas, el Tricolor cargó con el apodo de ratones verdes por asustarse en partidos y torneos internacionales, especialmente contra potencias del futbol. El mote nació de una humillación en Londres, un 8-0 inapelable contra Inglaterra, el 10 de mayo de 1961.
“Tenemos enfrente a un rival histórico, pero hemos demostrado que sí se puede”, responde el delantero del Wolverhampton, Raúl Jiménez. “Es el partido de nuestras vidas. La gente en el Azteca va a jugar un papel muy importante. Hay que confiar en los procesos”.
Los antecedentes no favorecen al Tricolor: seis victorias inglesas, un empate y apenas dos triunfos locales. Pero ahora, en este Mundial de formato ampliado a 48 selecciones, el equipo está entre los 16 mejores y Aguirre se niega a la sumisión.
“Si no creyera que le puedo ganar a Inglaterra, hasta se los diría”, confiesa, con esa mezcla de franqueza y colmillo que lo define. “Pero confío en mi equipo y el que cometa menos errores es el que va a ganar. Las tres ocasiones que estuve al frente de la selección intenté plasmar estos conceptos que hoy tengo. El grupo sabe dónde está”.
