Hubo un tiempo en el que un bosque como este cubría buena parte del sur de Europa. Las glaciaciones y los cambios climáticos acabaron haciendo desaparecer casi por completo aquel paisaje, pero algunos de esos bosques lograron sobrevivir en lugares muy concretos. Uno de sus últimos grandes refugios está en las Islas Canarias, donde la laurisilva sigue creciendo como lo hacía hace millones de años.
No es un bosque cualquiera. La laurisilva solo prospera allí donde coinciden unas condiciones muy específicas, con humedad constante, temperaturas suaves y la influencia de los vientos alisios, responsables del conocido mar de nubes. Esa combinación convierte estos parajes en auténticos oasis de biodiversidad, además de desempeñar un papel esencial en la captación de agua y la conservación de los ecosistemas insulares.
