“Pues resulta que soy una máquina… y no lo sabía”, un escritor de la plataforma Substack se queja que su trabajo ha sido calificado como texto escrito por una inteligencia artificial. Es la ironía de esta era tecnológica, las máquinas aprenden a escribir como los humanos, al mismo tiempo que las personas tratan de no sonar como una máquina.
Jose Antonio es autor de relatos de ciencia ficción en la red social centrada en boletines escritos por aficionados y profesionales. No es el primero en sufrir este análisis erróneo de su obra.
Hace años se acusó a la difunta novelista británica Jane Austen de usar la IA para escribir sus famosas novelas. Otros autores clásicos como Dostoievski o Mary Shelley recibieron el mismo diagnóstico.
Herramientas como ZeroGPT o Originality, parecen haber mejorado su percepción de lo que es una obra original de una artificial. Este periódico ha puesto a prueba varios textos clásicos y no han sido clasificados de haber sido redactados por la IA. También se ha hecho la prueba con artículos propios que había sido redactados sin ayuda de la IA, pero el resultado no ha sido tan halagüeño.
En el caso de los autores más famosos y fallecidos, la broma está clara. Pero para los creadores actuales, ser confundidos con la IA puede ser un problema. Actualmente, existe una tendencia cultural defiende el rechazo absoluto hacia esta tecnología a la hora de crear ya sea texto, música u obras pictóricas. Lo artesanal más puro se defiende frente a lo artificial.

Representación de conexión entre humano e IA.
Omicrono
“Para mi la IA igualará en forma como escribe un humano, pero lo que importa es tener algo que decir, contarlo desde tu experiencia”, afirma Natalia Papiol, asesora de IA aplicada para empresas. ¿Cómo pueden los escritores conservar esa originalidad que les diferencia de una tecnología que se está entrenando para ser mejor que los humanos más excelentes?
No sonar como un robot
Las faltas de ortografía y gramática o los textos caóticos son la herramienta de algunos para desmarcarse de los textos protocolarios que ofrecen los LLM. Incluso, hay quienes evitan usar las mayúsculas, pero para los que deben o quieren mantener la escritura aprobada por la RAE, es necesario recurrir a otros trucos.
“La IA tiene una personalidad propia: insípida. No suele hacer afirmaciones contundentes ni usar un lenguaje emotivo, lo que puede hacer que su tono general resulte plano”, indican en Originality.ai
Según explica ZeroGPT en su página web, el detector analiza los textos en busca de “patrones de tokens, frecuencia de aparición de eventos, entropía y características de clasificadores de conjunto entrenados con datos mixtos”.
Esta plataforma también reconoce que un texto escrito por un humano puede recibir la calificación de artificial. “Un texto demasiado pulido, formulista o de baja entropía puede asemejarse a la inteligencia artificial”, indican, un estilo neutro como el que hasta ahora se ha defendido en prensa para mostrar imparcialidad.
Los comentarios a la publicación de Jose Antonio denotan que la preocupación por sonar como una IA se extiende entre más escritores. Así, Natalia Papiol, especialista en adtech e IA aplicada, ha compartido también a través de Substack una serie de 20 trucos para sonar menos como una máquina. Por ejemplo, usar las comas más que los guiones.

Una persona escribiendo a ChatGPT
Omicrono
“Todo partió por el cansancio que me producía estar leyendo tantos artículos similares, que no me enganchaban para nada”, explica en una entrevista a EL ESPAÑOL-Omicrono. Es importante, según explica, evitar frases muy desgastadas como “permíteme ser honesto contigo” o el uso de palabras como navegar o transformador para darle un aire más épico a la narración. “Incluye detalles concretos, fuentes y estructuras oracionales variadas”, aconseja también el detector de IA, ZeroGPT.
Cuenta Papiol que cuando más interacción recibe por sus publicaciones es cuando cuenta un caso real y personal. Para esta profesional, la IA puede ser una herramienta con la que optimizar ciertos procesos como contrastar u organizar las ideas.
Igualmente, ZeroGPT recomienda reforzar “la autenticidad de su voz con datos concretos, citas, ejemplos y ritmos sintácticos variados; revise los fragmentos resaltados”. Parece que no ser aburrido o perfecto es la clave.
Humanizando la IA
La dificultad ya no está solo en cómo redacta un escritor de carne y hueso, si no en que la IA es cada vez más capaz de imitar voces humanas, diferentes estilos de escritura.
Parte del esfuerzo de entrenamiento de los grandes modelos de lenguaje natural se ha enfocado en que los chatbots pudieran adaptarse a diferentes estilos de escritura, desde textos jurídicos a escritura fantástica, pero también imitando el estilo propio de autores conocidos.
En marzo de este año, la periodista Julia Angwin presentó una demanda colectiva contra los propietarios de Grammarly, alegando que la empresa se apropió sin permiso de su identidad y la de otros escritores para desarrollar su herramienta de IA “Expert Review”, que ofrece proporcionar comentarios editoriales con la voz de diversos autores, vivos y fallecidos.
Grammarly acabó eliminando esta sección tras la demanda. Aún así, cuando la IA intenta hacerse pasar por los humanos, no siempre consigue imitar la excelencia de la raza humana, más bien peca de pomposidad. “Sus sugerencias de edición eran tan malas que podían arruinar mi reputación”, denuncia Julia Argwin en The New York Times tras demandar a Grammarly por robarle la voz.
Entre las páginas de detectores de IA han surgido nuevas herramientas que permiten “humanizar” los textos que son considerados muy artificiales. En este periódico hemos hecho la prueba y el resultado lo pueden juzgar ustedes a continuación.

Texto generado por IA a la izquierda y texto “humanizado” por la IA a la derecha
Omicrono
Para que un detector no califique este reportaje como artificial, lo cerraremos con una cita de cómo la ciencia ficción ya dejó pistas del futuro distópico que le tocará vivir a la humanidad.
Isaac Asimov adviritió de esta ironía que viven quienes se dedican a escribir en su relato “Evidencia”, dentro de la novela “Yo, Robot”, donde un político con una personalidad un tanto asocial y excéptrica es acusado de ser un robot humanoide y debe someterse a una prueba médica para demostrar su humanidad.
