The Independent
Periódico La Jornada
Jueves 16 de julio de 2026, p. 3
Instantes después de que se confirmó el duelo entre Inglaterra y Argentina en el Mundial 2026, quedó claro que cada selección vivía el partido desde una perspectiva distinta.
La diferencia fue evidente. Mientras el técnico argentino, Lionel Scaloni, insistía en que “esto es un partido de futbol, y nada más”, en el vestuario sus jugadores cantaban sobre ganar “por las Malvinas”.
Algo similar ocurre con Muchachos, la canción que acompañó a la Albiceleste durante el Mundial de 2022. En una de sus estrofas recuerda a “los pibes de Malvinas, que jamás olvidaré”.
“Se puede sentir”, dijo Javier Zanetti en el documental de Diego Cholo Simeone sobre el duelo de octavos de final entre ambas selecciones en Francia 1998. El Cholo añadió que un Inglaterra-Argentina “no tiene nada que ver con el futbol, pero tiene algo diferente”.
Se trata de uno de los grandes clásicos de la Copa del Mundo, un partido con pocos comparables. Tal vez Brasil-Italia, por su tradición y su peso histórico, o Brasil-Argentina, aunque ese enfrentamiento es mucho más frecuente. Incluso Inglaterra-Alemania no genera la misma expectativa, ya que también puede darse en la Eurocopa.
El legado
Si bien el origen de esta rivalidad está marcado por la historia, los propios partidos también construyeron su legado.
El duelo de cuartos de final del Mundial de 1986, dispu-tado en el estadio Azteca, sigue siendo para muchos el partido más emblemático en la historia de la Copa del Mundo.
Diego Huerta, ejecutivo del futbol argentino que formó parte de la dirigencia de Racing durante el título de liga de 2019, describe aquel encuentro como “el partido más importante de mi vida, incluso por encima de las finales de la Copa del Mundo”. “Si Diego Maradona hubiera marcado esos goles contra Bélgica, no habría sido lo mismo”, afirma.
Las referencias a la guerra de las Malvinas de 1982 parecen ser hoy más frecuentes que en 1998. En parte, esto responde al impacto de las redes sociales y al auge de los nacionalismos, en un contexto de giro hacia la derecha en distintos países, incluido el gobierno del presidente argentino, Javier Milei.
Tampoco pasa desapercibido que las islas hayan vuelto al centro del debate político al mismo tiempo que se prevé intensificar la exploración petrolera en la zona.
Para muchos futbolistas argentinos, sin embargo, este partido siempre ha tenido una carga mucho más profunda. Maradona explicó esa sensación en su libro Tocado por Dios, publicado en 1986.
“Fue una guerra en la que chicos de 17 años salieron a pelear con zapatillas Flecha, disparando perdigones contra los ingleses, que decidían cuántos jóvenes argentinos morirían y cuántos sobrevivirían… Los padres se lo contaron a sus hijos, y esos hijos se lo contarán a los suyos”, escribió.
Hoy, esos hijos son quienes están en la cancha, con el recuerdo de los 649 argentinos muertos y los mil 82 heridos durante la guerra, la mayoría de ellos con escasa preparación militar.
▲ Lionel Messi volvió a cargar con los albicelestes y escribió otra épica en la historia del futbol argentino y latinoamericano.Foto Ap
Maradona recordó el impacto que sufrió la selección argentina que disputó el Mundial de 1982 al llegar a España y ver por primera vez imágenes sin censura de la guerra. “Era un montón de piernas y brazos”, escribió.
Al mismo tiempo, cuestionó a los “militares hijos de puta”, a quienes consideró “tan culpables” como Inglaterra por lo ocurrido. Aun así, reconoció que el partido de 1986 estaba marcado por un deseo de “venganza”, como lo describió el relator Víctor Hugo Morales.
“Lo único que quería era honrar la memoria de los muertos”, dijo Maradona. “Me emocioné muchísimo y pensé que la Mano de Dios me había ayudado a marcar. Sentí que Dios también estaba pensando en todos esos chicos masacrados en Malvinas y que, por eso, ese gol había sido posible”, escribió.
Con el paso del tiempo, la propia naturaleza de aquel gol con la mano terminó por intensificar aún más la rivalidad, ya que dio a Inglaterra un motivo adicional de resentimiento.
Paradójicamente, Maradona sostenía que Argentina admiraba a Inglaterra por considerar que sus futbolistas eran “más nobles y honestos en la cancha”. Incluso describió el encuentro de 1986 como “un partido de caballeros”, en el que, “después de una patada, los ingleses te tendían la mano para ayudarte a levantar”.
Sombra colonial
En ese contexto, las declaraciones de Alf Ramsey, quien calificó a los argentinos de “animales” tras el partido de 1966, resultaron especialmente ofensivas. En su libro World Cups, Mark Biram sostiene que esas palabras proyectaron “una larga sombra colonial sobre un momento que ya estaba cargado de significado político”.
Por su parte, Inglaterra también enfrentó una selección argentina mucho más combativa, influida por el regreso del país a la escena internacional después de años de aislamiento futbolístico. Para los argentinos, el duelo con Inglaterra era el partido que llevaban mucho tiempo esperando.
Parte de ese espíritu competitivo volvió a aparecer en el Mundial de Francia 1998, cuando Diego Simeone provocó a David Beckham en octavos de final. El inglés reaccionó y fue expulsado.
“Los argentinos siempre fueron buenos para eso”, dice Beckham en el documental de Simeone, en referencia a la jugada que derivó en su expulsión y en la que, según él, también le tiraron del cabello. El Cholo sólo sonríe.
Cuatro años después, la historia dio un giro en el partido de la fase de grupos del Mundial de 2002. Inglaterra ganó gracias a un penal convertido por Beckham, sancionado tras una falta sobre Michael Owen que en Argentina fue considerada una simulación. Los medios argentinos reaccionaron con ironía y felicitaron a los ingleses por haber “aprendido por fin”.
Y ahora, por fin, ambas selecciones volvieron a cruzarse en un Mundial, esta vez por un lugar en la final en juego, el cual fue para una Argentina liderada por el que muchos consideran el mejor de la historia: Lionel Messi.
