El ritmo de un aeropuerto depende de tareas que casi no se ven, pero que influyen en cada salida y cada llegada. El trabajo de cargar y ordenar equipaje entra en ese grupo, porque cada maleta debe moverse a tiempo y en el orden correcto para que un vuelo no se retrase.
En esa cadena, levantar peso, repetir movimientos y aguantar turnos largos se convierte en parte del día a día. Esa exigencia física no es un detalle menor, ya que cada turno obliga a mover cientos de bultos en espacios ajustados y bajo presión de tiempo. Por eso, cuando una pieza falla en ese proceso, el horario completo empieza a tambalearse.
Japan Airlines inicia pruebas con robots en Haneda
Japan Airlines ha empezado a probar robots humanoides en el aeropuerto de Haneda para asumir parte de esas tareas físicas, según CNBC y BBC. La compañía busca aliviar la carga de trabajo en operaciones de tierra como el manejo de equipaje o la limpieza de cabinas. El plan incluye un periodo de pruebas de dos años y una posible expansión si los resultados son positivos. El objetivo es claro: reducir la dependencia de trabajadores humanos en tareas repetitivas y exigentes.
El aumento del turismo ha elevado la presión sobre los aeropuertos japoneses. Más de siete millones de visitantes llegaron al país en los dos primeros meses de 2026, tras un récord de 42,7 millones el año anterior. Ese crecimiento coincide con una caída de la población en edad de trabajar, lo que complica cubrir puestos en operaciones básicas. Las aerolíneas necesitan mantener el ritmo de vuelos, pero cuentan con menos personal disponible para hacerlo.
En ese contexto, Japan Airlines ha iniciado pruebas en Haneda con robots diseñados para tareas de apoyo. El proyecto se desarrolla junto a GMO AI & Robotics y contempla una implantación progresiva. Las máquinas se utilizan para mover carga en pista y realizar trabajos que requieren esfuerzo físico continuado. La empresa estudia su viabilidad mediante pruebas técnicas y análisis de riesgos antes de ampliar su uso.
Los primeros ensayos muestran robots empujando contenedores sobre cintas transportadoras y ejecutando movimientos básicos junto a aviones en servicio. En una demostración recogida por CNBC, un modelo fabricado por la empresa china Unitree movía carga y respondía a gestos simples. También se prevé su uso en limpieza de cabinas, una tarea que exige repetición continuada de movimientos en espacios reducidos. Estas funciones apuntan a cubrir áreas donde el desgaste físico resulta más alto.
Japón afrontará una fuerte caída de población activa en décadas
El problema de fondo va más allá del sector aéreo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos calcula que la población activa en Japón caerá un 31% entre 2023 y 2060. Al mismo tiempo, el país mantiene una política migratoria restrictiva que limita la entrada de trabajadores extranjeros que puedan hacer este tipo de trabajos. Marc Einstein, director de investigación en Counterpoint Research, prevé que el gobierno impulse el uso de robots para compensar esa falta de mano de obra.
El avance tecnológico también empuja ese cambio. Barclays calcula que el sector de la inteligencia artificial aplicada a máquinas físicas podría pasar de entre 2.000 y 3.000 millones de dólares actuales a cerca de 1,4 billones en 2035.
Ese crecimiento responde al desarrollo de sistemas capaces de ejecutar tareas en entornos reales, desde logística hasta transporte. Las mejoras en movilidad y software permiten a los robots asumir funciones que hace pocos años no podían realizar.
Los robots aún necesitan supervisión para tareas delicadas
Desde el punto de vista operativo, las empresas destacan el efecto directo sobre los trabajadores. Yoshiteru Suzuki, presidente de JAL Ground Service, afirmó a Kyodo que “usar robots para tareas físicas reducirá la carga sobre los empleados y aportará beneficios claros”.
Tomohiro Uchida, presidente de GMO AI & Robotics, explicó que “aunque los aeropuertos parecen automatizados, muchas operaciones dependen aún del trabajo humano y sufren escasez de personal”. Ambos coinciden en que la automatización puede aliviar parte del problema, pero no sustituirlo por completo.
Aun así, los límites actuales siguen marcando el alcance real de estas máquinas. Los robots todavía tienen dificultades para realizar movimientos precisos y tareas delicadas, y su programación no alcanza el nivel necesario para operar sin supervisión.
Einstein resumió esa situación reconociendo que“estos robots no son muy inteligentes todavía”. Por eso, su despliegue requiere apoyo humano y no elimina la necesidad de personal en tareas críticas como la seguridad.
