▲ La FIFA y sus dirigentes eligen viajar en vuelo comercial o privado, según lo que sea más eficaz y económico.Foto Afp
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Periódico La Jornada
Lunes 22 de junio de 2026, p. 6
Lausana. Recorriendo en jet privado las enormes distancias de la Copa Mundial 2026, el patrón de la FIFA, Gianni Infantino, pone una vez más en relieve la indiferencia de la institución que rige el futbol mundial hacia cualquier medida de austeridad climática.
México, Guadalajara, Los Ángeles, San Francisco, Vancouver, Seattle, Kansas City, Houston: el italosuizo apareció ya en las gradas al menos en 10 ocasiones en siete días, a menudo acompañado de su consejero de balompié, Youri Djorkaeff.
Indisociable a su concepción del poder, su omnipresencia no es algo nuevo; tampoco su recurrente uso a vuelos privados de Qatar Airways: en septiembre de 2024, según el medio de investigación Josimar, Infantino recorrió 600 mil kilómetros a bordo de ese aparato durante los tres años precedentes.
Pero la desmedida del torneo organizado por primera vez entre Estados Unidos, Canadá y México con 48 selecciones, aumentó de 64 a 104 el número de partidos, multiplicando el impacto del uso del jet.
“Una sola hora en ese avión emite casi lo que emite de media una persona en un año entero”, calculaba esta semana Greenly, empresa francesa especializada en la evaluación de la huella de carbono.
Si Infantino encadena dos ciudades por día hasta el final de los octavos de final, y si asistiera a los ocho últimos partidos, “estaríamos hablando de una horquilla defendible de entre 300 y 500 toneladas de dióxido de carbono sólo por su avión” durante el torneo, es decir, “la huella anual de aproximadamente 35 a 55 franceses”, según la misma fuente.
Por su parte, la FIFA explica que sus dirigentes eligen viajar en vuelo comercial o privado “según lo que sea más eficaz y económico” y que, en cualquier caso, la organización “paga los costos de viaje”.
Problema sistémico
Pero el caso personal de Infantino “refleja perfectamente el problema sistémico” de este torneo y, más ampliamente, de la dirección tomada por el organismo rector del futbol mundial, subraya a la Afp David Gogishvili, geógrafo de la Universidad de Lausana.
Al jugarse en 16 estadios “dispersos a lo largo de un continente”, la organización del futbol “ha creado un modelo estructuralmente dependiente del transporte aéreo”, el mayor emisor de dióxido de carbono, resume.
“Poner a sus dirigentes cada día en vuelos privados no envía exactamente el mensaje” de una toma de conciencia climática, apunta en Instagram John Hocevar, de Greenpeace Estados Unido, cuando este Mundial ilustra precisamente los estragos del calor extremo “tanto para los jugadores como para los aficionados”.
Lejos de ser una opción pasajera, la dispersión geográfica se repetirá el año que viene durante el Mundial femenino en Brasil, preferido en 2024 por la FIFA a una candidatura 100 por ciento accesible en tren entre Bélgica, Países Bajos y Alemania.
Y adquirirá un aspecto aún más extremo con el centenario del Mundial masculino, en 2030, organizado entre Marruecos, Portugal y España, con tres partidos en Sudamérica y la perspectiva, aún no confirmada, de pasar a 64 selecciones.
El Mundial 2022 llevó a Qatar mil 846 jets privados, señaló a finales de 2024 la revista británica Nature, es decir, más que el Supertazón, el Festival de Cannes, el Foro Económico de Davos y la COP 28 juntos.
